domingo, 22 de mayo de 2016

El adiós a un príncipe

Debido a mi falta de vivencia en la totalidad de la trayectoria de Diego Alberto Milito en Racing, me permito hablar sobre la última etapa (la cual me permití vivir) y lo que me generó. Por supuesto sabía lo mucho que se lo quería en el club, ya que había formado parte del último plantel campeón en este equipo albi-celeste, pero no lo sentía a fondo aún.
Partido tras partido se encargó de demostrar presencia, y de a poco fue unificando al grupo que, a mi criterio, era una de las principales características de un plantel CAMPEÓN. Victorias, derrotas, empates, pero siempre él. 
Bajo el manto de un Racing Positivo, la ilusión de los hinchas crecía poco a poco y mi amor por este hombre iba creciendo cada vez más.
El equipo enfrenta a su clásico y luego de ese partido, sentí lo que creo que siente la gran mayoría de los hinchas de la Academia desde que Diego pertenece al club, que es orgullo. Quizás a algunos les resulte raro mi sentir luego del resultado de aquel partido, ya que Racing había sufrido una derrota en un 2-1, pero con gol de Milito. Aunque ese partido (y puedo asegurar que no sólo a hinchas de Racing) resultó decepcionante en cuanto a efectividad del árbitro, ese gol de Diego marcó mucho.
Dejó en evidencia no sólo su amor al club, sino su lado "hincha" ya que gritó su gol a la hinchada del equipo contrario. Digan lo que quieran, se deba o no, nos representó a todos. 
Dicho esto, Diego Alberto Milito no dejó de representar a cada hincha de la Academia ni un segundo a lo largo de su carrera, y creo que el hecho de decir esto habiéndolo vivido dos años sintiendo que es equivalente al sentimiento del que acompañó a este señor su trayectoria entera, lo dice todo.
En el día de ayer, veintiuno de mayo de dos mil dieciséis, nos tocó despedir a esta bestia. Un jugador con sentido de pertenencia, con tanto amor por la camiseta que se atrevió a decir que "no siente que nos haya dado tanto como nosotros a él". Un jugador que volvió con la mentalidad exacta y positiva, con el recordatorio constante de que siempre podemos dar más, que somos el PRIMER GRANDE y no hay que dejar de demostrarlo ni hasta en los minutos adicionales de cualquier partido.
El que esté leyendo esto y piense sólo en victorias, permitanme destacar que están equivocados. Hemos sufrido malos partidos inclusive con el plantel que sacó a Racing campeón en 2014, pero aún así, ya sea una derrota la que se sufra, dejaron/deben dejar todo y más por la camiseta, por los colores, por la grandeza del club y su hinchada, que tanto se caracteriza por su pasión constante. Eso Milito siempre lo tuvo presente y lo notamos.
Fue duro despedirlo, con lágrimas en los ojos y las manos entumecidas de tanto aplaudir. Pero ¿era para menos? El momento fue único tanto para él como para cada hincha de Racing, y cuando digo esto lo hago de forma literal ya que, por ejemplo, mi prima Valentina de seis años se puso a llorar por su partida. SEIS AÑOS. 
La grandeza de este hombre es tal que inundó de orgullo hasta los corazones más pequeños.
Le tengo fe, respeto, amor y orgullo para toda la vida al hombre que le devolvió a Racing esa esencia de campeón y gusto de ambición por siempre superarse a sí mismo.
Referente en todo sentido, futbolística y personalmente.
¡Felicidades, príncipe! Por tus logros, tu mística, tu buen desempeño. Y por supuesto, ¡por ser papá de nuevo!
Gracias eternas, Diego Alberto. Por siempre, nuestro 22 más querido.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Ficticio, relativo y falacia

De a poco fui entendiendo que lo ideal es ficticio, lo perfecto es relativo y el hecho de que "con esfuerzo todo sale como lo planeaste" es una falacia. Explico por partes mi conclusión al momento: lo ideal es eso que imaginamos a futuro, ya sea laboral o personal, económico o psicológico con el fin de sentirnos bien. Digo que es ficticio porque esa vida que tanto imaginamos no se cumple al pie de la letra, y si damos mucha vuelta de rosca al asunto, terminamos confundiendo realidad con expectativa. Luego pasamos a decir que esa vida sería "perfecta"... ¿Por qué? Si lo perfecto es relativo, para alguien un clavel puede ser perfecto, cuando para mi puede llegar a ser lindo pero la perfección la posee la rosa. Lo perfecto lo definimos como algo sin defectos ni problemas, reluciente y al cien por ciento porque eso es lo que varios programas de televisión e inclusive cuentos de fantasía nos hicieron creer. Como también el hecho de que una familia perfecta siempre cena junta, a carcajadas y sin ningún problema. ¿Les cuento cómo veo yo la perfección en una familia? Aceptamos todo tipo de problema porque nos mantenemos juntos. Lidiamos con nuestros problemas porque sabemos bien en el fondo que la solución (aunque cueste alcanzarla) nos va a llevar a buen puerto. Dejamos de lado nuestra bronca del día con tal de escuchar la de los hermanos o los papás y poder sacarles una sonrisa. ¡Ahí está dicho! Amar tanto a esta gente que verlos sonreír hace que vos también lo hagas y te despejes por un rato. Por ahí viene la mano sobre la perfección en lo que a mi respecta. Por último, ¿el esfuerzo vale la pena? ¡Por supuesto! Pero no está bien decirte que va a salir todo como querés porque sea cual fuere el plan que tenes en mente, no sólo depende de vos para que se concrete. Siempre hay consecuencias (algunas buenas y otras malas). Te vas a encontrar con imprevistos en cualquier aspecto de la vida, y eso efectivamente cambia tus planes. Aceptar la realidad no quiere decir negatividad ni tener proyectos o imaginaciones sobre tu vida a futuro te hace necio. Los objetivos se concretan, no siempre mediante la forma que planeamos ni como lo esperamos. Si esta parte la asumís y aún así te consideras perseverante, dejame decirte que sos de los míos... Y como la gran frase dice: ¡Persevera y triunfarás! P.D.: Quizás te suene un poco contradictoria mi conclusión, a veces me cuesta darme a entender. De todas maneras, cada uno con su manual elige sus dichos y hechos.