sábado, 22 de mayo de 2021

Belleza nocturna

Apareció después de dos meses, con un mensaje directo y concreto sobre lo que quería hacer. Me salió una risa sin querer, y al instante se me vinieron nuestros recuerdos. Buenos y malos. Lo que me llama la atención es que, aún habiendo pasado por situaciones poco agradables, cuando aparece es como si nada de eso tuviera peso.

Lo tiene, créanme. No soy igual desde aquella madrugada bajo la lluvia, soy mejor, pero aparece con su caradurez y automáticamente empieza el baile. Casi por instinto, la seducción toma control y nos vemos sometidos a un ida y vuelta de deseo que no cumplimos, sólo nos aferramos a la fantasía.
Creo que nos une la idea de tenernos, más que tenernos en sí. El imaginar tocarnos, y prometer que sucederá pronto, porque sabemos que no lo vamos a cumplir.
Me gusta llamarlo "El hermoso". Mis amigas ya lo identifican, no tiene sentido aprendernos el nombre. Si llega El hermoso, mis sentidos se reflejan en un carnaval carioca. La habitación presiente que, aún hablando diez minutos o una hora, su presencia hará eco.
Me tira videollamada y me alisto. Le veo la cara y sonrío. No lo extraño, pero me gusta que aparezca. Podría hasta pedirle que venga una vez al mes a renovarme la pasión. Soy socia vitalicia de esa boca.
Termina la llamada y me quedo mirando el techo, perpleja. Qué noche inesperada. Hace dos horas estaba llorando, ahora tengo su cara y sus caprichos acostados a mi lado. Hoy no cierro los ojos sola. Duermo con su impertinencia y los recuerdos que pocos conocen y nadie debe nombrar.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Un regreso de despedida

Me muero de frío y me acuerdo que la última vez que estuve así, fue cuando estuve en ropa interior apagando la luz para acostarme rápido al lado tuyo y taparnos con la frazada. Tu cuerpo cumplía la función de estufa, y el mío de abrojo.

De a poco entraba en buena temperatura, pero aun así no me separaba de vos. Tenías ese calor corporal que se sentía como estar en casa.
No sabía cómo abrazarte para abrazarte más. Aprovechaba la oscuridad y sonreía. Quizás, si me veías, me hubieses preguntado por qué lo hacía. Y yo no tenía el valor de decirte que estaba feliz.
Entre sueños, me acomodaba y buscaba otra posición para dormir, y vos siempre ibas a mi lado y me rodeabas con tu brazo.

Dormido, me dabas un beso en la frente y seguías roncando.
Hoy lo pienso y no soportaría a nadie que me ronque en el oído a las tres de la mañana. El tuyo era un regalo.
Mi sonrisa a oscuras, el calor, tu ronquido. Señales de que habías vuelto a casa.

Amargo deja vú

En cada beso que me das te pido, mentalmente, que no me mires así cuando terminemos. Esquivo el contacto visual, hago chistes como si fuéramos hermanos, te escapo.

Te reíste por lo que dije y cometí el grave error de verte a la cara. Me estabas mirando así.
Me asusta, me da pánico. Me veo reflejada en vos, y los veo reflejados en mi. Hoy estoy en el lugar de todo aquel que me rompió el corazón, y vos estás en el rol que siempre ocupé: ser quien da amor.
Me aterra estar tan cerca de convertirme en aquello que tanto sufrí, y no lo mereces.
Hay algo en vos que me gusta, pero no termino de entender por qué me quedo. Exactamente lo mismo que les pasaba a ellos conmigo, y yo no comprendía.
Por favor no me mires como si fuera lo que estabas esperando. No me sonrías con ternura, no me corresponde. No te puedo lastimar, me tengo miedo.
Desconozco este personaje en el que me veo caminando, y no quiero que seas el daño colateral.
Cada beso tuyo, cada caricia, cada segundo de atención que prestas en la intimidad... Todo eso es un don. Y sé que lo merezco, pero hoy no. No soy quien te imaginas. No te hagas esto.
No seas quien fui yo reiteradas veces. No te vayas a dormir preguntándote por qué no sos suficiente. No derrames ni una lágrima por mi. No cuestiones tus formas ni tu personalidad.
Porque te juro que esta vez, es en serio: no sos vos... Soy yo.

Evito ir

Todavía no sé si es buena o mala suerte, pero en los sueños aún te cruzo. Anoche viniste a uno de ellos. Recuerdo vernos en el baño de lo que parecía ser un boliche, y discutíamos por los problemas que tuvimos de verdad.

En los sueños pasan cosas que en la vida cotidiana son imposibles, como por ejemplo: volar, tener un dedo de más en cada mano, o no sentir dolor.
¿Sabes qué imposibilidad me hizo entender que lo que veía ahí no era real? En el sueño me respondías. De verdad, lo hacías. Te confrontaba por todo el mal que me hiciste, y me dabas respuestas concretas sobre tus motivos.
Algunos los daba por sentado, otros me reventaban de bronca, pero por lo menos estabas teniendo el coraje de decírmelo frente a frente.

Podría decir que es mala suerte cruzarte en ese plano, porque ya no quiero verte, pero qué lindo se siente tener la chance de presenciar tu actuación de hombre.
Me faltó mucho eso en esta dimensión. Cuántos mensajes habré enviado, para que no los contestes por veinte días y luego aparezcas diciendo "perdón, colgué".
En mi sueño me decías lo peor pero sin agredirme: "no me importa(s)".
Es lo que sé, pero nunca te animaste a decir en voz alta.
Ahora tengo miedo de dormirme. No quiero cruzarte de nuevo ahí. No quiero ver cómo elegís ser un hombre, sólo para romperme el corazón. No quiero darme cuenta que tal situación nunca existió.
No quiero tener más decepciones, ya me diste muchas vos.


Si en los sueños ocurre lo imposible, prefiero entretenerme con el olvido antes que volver a padecerte.