domingo, 1 de agosto de 2021

No me expliques, mostrame

La palabra tiene un poder en nosotros que aún no vislumbramos. Podría relatarte las cosas que haría por vos, lo grande que sos como persona, podría detallarte cada cosa linda que merecés y cómo me encargaría de que te llegue cada una de ellas. Tanto peso tiene mi habla, que aún sin hacer todo lo que mencioné, vos estarías feliz igual.

Abriría una puerta a todo lo que podría hacer por vos y para conseguir tu plenitud, y me creerías, incluso si yo no supiera tu apellido.

Llegaría un momento en el cual te sentirías vacío, porque no hice nada de lo que dije, pero te volvería a enumerar todo lo que podría hacer, y vos confiarías.
Si lees esto e invertís los personajes, entenderías lo que atravieso.
Palabras justas por montón, promesas sin base con aire a solución, miradas y caricias para sanar el corazón y ni un hecho que respalde el gran supuesto amor.
Manifiesto que conozco el paseo de memoria, y me anticipo a las oraciones del otro. Me van a jurar un cariño que no van a poder sostener, pero siempre los escucho igual, con la esperanza de que alguno reviente mi pronóstico, y me muestre algo distinto.
Querer es cuidar, al menos en mi idioma. Es evitar lágrimas a toda costa, traer paz después de tanta guerra y ocuparse de construir un refugio donde cada vulnerabilidad sea escuchada y abrazada.
Se siente bien creer en lo que escuchamos, pero el viaje sería más intenso si lo comprobáramos también con nuestros ojos. Quieren ver para que el corazón sienta.
Demostrar lo que sentís va a hablar por vos. No tendrías que decirme que me querés. Yo ya lo sabría.
¿Te animás a lo tangible o permanecés en fantasías incompletas?