martes, 6 de febrero de 2024

-Adelanto del cuento "Kilómetros"-

"Pasaron meses y me siento a releer lo que me hiciste sentir. Es curioso porque no puedo recordar ni un cinco por ciento de todo lo que dolía. Sabía que no lo iba a guardar en mi memoria. Funciono así desde que empecé a experimentar este tipo de relaciones. Yo insisto, persisto, evito desistir porque cuando la amnesia me invita a salir me resulta inevitable decirle que no. Y es que ella llega siempre puntual, nunca da falsos avisos. Si llega, tiene un por qué. No la cuestiono, sólo me alisto y emprendemos una nueva aventura. Pierdo la memoria cuando llega el verdadero momento de irse. Cuando lo externo entiende cosas que aún mi razón no percibe, y dejo que mi instinto tome las riendas.

Si me detengo a pensar, tengo una leve sensación de verme rogándote, convencida de que si no cedías, no habría vuelta atrás. No me escuchaste. Pensaste que era una de las tantas veces que amagué con mi huida. Ya no importaba qué tan fuerte fuera mi grito, yo ya no hacía las paces con tu audición. El curioso caso del sordo que sin escucharme, tenía el poder de herirme. Uno supondría que quien pierde un sentido estaría haciendo hasta lo imposible para recuperarlo, pero vos seguiste como si nunca hubieses tenido esa capacidad. No te preocupaba no oír, querías dejar en claro que el sonido que yo hiciera sería absurdo.

Me deshizo, destruyó cada mundo que formaba parte de mi importancia, y yo aún me rehúso a compartir mis escritos sobre ese corazón roto para que no se sienta mal. Tengo empatía por un alma que muestra estar más corrupta que la mía, mucho más. No empatizo con la persona que usó su tiempo en la tierra para lastimar a otras. Empatizo con el ser que no comprendió cuál era su verdadera meta en esta vida. Yo podré haberlo sufrido, pero él sangra y no lo percibe."

Sin pronunciarte

-mayo 2022-

Es la primera vez que te escribo, y tal vez me animo porque sé que no me vas a leer. No tengo muchos ánimos de repasar nuestra relación, ni cada momento que pasamos, al menos no por ahora. Sigo haciendo el duelo, aunque a veces imagine que en otro plano nos salió bien. Lo que sí me gustaría es que charlemos sobre aquello que callamos tanto tiempo.

No es sencillo dejarse querer, incluso actualmente tengo problemas con ese asunto. Me está costando mucho escribirte esto, porque no tengo tanto para decir. O tal vez sí, pero no vale de nada. Ni vos ni yo seguimos acá, nos fuimos a otro plano. Se cumplieron los diez años de habernos conocido y empezó la despedida sin que nos diéramos cuenta. Quizás por eso quise hacer esto, porque ya no estás. Le escribo al que fuiste y a la que fui. A los que fuimos y no pudimos ser. Voy a jugar a que sos mi diario íntimo. Me da la tranquilidad de que puedo contar lo que pienso y no me van a juzgar más.

Querido Danny: Pasaron muchas cosas. ¿Te acordás que cuando éramos chicos nos gustamos? Cuando pienso en eso me río. No porque haya pasado lo que imaginábamos, sino porque ante tanta carga negativa, vos siempre tenías un chiste. Siempre tuve la risa fácil con vos (o teníamos el mismo sentido del humor). En aquel entonces quise priorizar el bienestar de una amiga, y callé lo que sentía por vos, pero pasó algo mágico. ¿Te acordás que nos gustaba mucho decir que todo pasaba por algo? Esa obra de teatro fue la llave que necesitábamos para contarle nuestro secreto al mundo. Las profesoras nos dijeron que el autor era Alejandro Casona, pero nunca les confesamos que nosotros la escribimos. O eso creí siempre, porque me sorprendía que cada palabra que dijera mi personaje, era lo que yo sentía por vos. ¿Cuál es el límite de la coincidencia? En el escenario yo tenía la libertad de mostrarte lo que me generabas, y la certeza de que vos sentías lo mismo. ¿Qué tan simple hubiese sido la historia si nuestra vida se desarrollaba en un escenario? Nos entendíamos tan bien ahí arriba. Cada espectador de esa noche nos felicitó por actuar tan bien. ¡Los estafamos, Danny! Pagaron su entrada para ver actuaciones, y sólo les mostramos realidad.

Cuando el teatro nos llevó a actuar en Calle Corrientes mientras publicitábamos nuestro nuevo proyecto, funcionó aún mejor. No existía el escenario, nos rodeaba gente común y corriente, y la magia siguió. Creció. Me pongo arisca muy rápido, pero en esa época era un lujo que pasemos siete horas juntos todos los días. Cuánto me hacías reír... ¡Casi me hago pis encima frente a nuestro director!

Decidiste dirigir y producir tu propia obra de teatro, y cuando te escuché leer el último acto me emocioné. ¿Cómo tanto talento puede entrar en una misma persona? Compartimos clases de comedia musical, y cuando terminé mi escena, fuiste el único que se paró para aplaudirme. 

Te fui a ver cantar el mismo día que Racing jugaba el clásico. ¡El clásico! Y estuve ahí porque sabía lo importante que era para vos, eran tus primeros pasos con un micrófono y una melodía de fondo. Racing ganó 3-1, yo gané mucho más. Estabas tan inspirado que lograste que un tango me atravesara completamente. Cuando te miraba cantar o actuar, sonreía. Sin pensar en la escena, sólo admiraba lo que estabas haciendo. Te creía. Dejabas de ser Danny, tomabas el rol de cada personaje de una forma muy profesional, y en cada minuto afirmaba que era tu fan número uno.

Ay Danny, cuánto cambiaría el ser humano si se anticipase a los hechos, pero cuánto perdería. Aprendí tanto con vos. Fuiste la persona con la que más risas compartí. La que quería ver todo el tiempo. Si veía a los demás y a vos no, tu ausencia me aturdía. Lamento que el costo del aprendizaje haya sido nuestra relación. Lamento que dicho sacrificio nos tapara los ojos a la hora de tomar la decisión.

Si hoy puedo ver las cosas con más claridad, es porque necesité tener una venda todo este tiempo. Me despertó el resto de los sentidos. Tengo la piel más dura y los sentimientos más blandos. Tengo mayor convicción y menor dependencia. ¿Cómo podíamos funcionar si no nos queríamos ni a nosotros mismos? Me acuerdo cada palabra que dijiste esa noche de febrero, y las abrazo. Confío en ellas, aunque el miedo de que mientas intente boicotearme. El amor que no se ventila, suele ser el más sincero. Y yo te adoré, en silencio, pero lo hice. Te acompañé y te abracé cuantas veces quise y me permitiste, porque verte crecer fue tan especial.

Prometo escribirte pronto, aún hay mucho por contarte. Ya te fuiste, pero Grease sigue.

Con amor y con humor.

Tu fan N°1.

Sandy.