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miércoles, 19 de octubre de 2016

Mi último respiro

Quise conocer. Quizás nuevas costumbres, nuevas experiencias... otras mentes y distintos puntos de vista. Compartir una cerveza y quizás fumar marihuana. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Me invaden los proyectos que tengo a futuro, siento que puedo llegar muy lejos en todo lo que me apasiona.
En el día de hoy te puedo contar que tomé mates con mi vieja, discutí con mi viejo por salir en pollera a la calle a las nueve de la noche. "Está peligroso" Me decía. Lo ignoré. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Amo la parsimonia de las noches, sean nubladas o divinamente despejadas. Es ese momento en el que la rutina frena y sólo hay momentos para compartir. Risas que esperan ser alcanzadas por muchos de nosotros en grandes juntadas. Y por grandes me refiero a esas que de tanto reír te duele la panza. Es un lindo dolor. Dije que iba acompañada de un amigo así no se preocupaban, pero la realidad es que me fui caminando sola gozando de la radio vía auriculares. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
En esta hermosa noche conocí a un chico, tiene veintidós años. Me lleva cinco años, pero mejor... los chicos de mi edad suelen ser inmaduros, yo quiero un hombre. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Ahí, esa misma persona la cual quise conocer, con la cual quise compartir una cerveza y comentarle mis proyectos. A quién aturdí con mi relato sobre la discusión con mi papá y hablaba sobre lo preciosa que estaba la noche para caminar en vez de estar encerrados en un boliche... Ahí lo decidió. Nunca voy a saber el por qué ni tampoco lo voy a poder entender, pero la decisión ya estaba tomada. Sin previo aviso, fue testigo de mi último respiro. Éste acompañado de lágrimas a punto de salir, de un grito ahogado en busca de ayuda y de moretones saliendo a la luz de la luna. "Que no haya sangre" piensa él. No se arrepiente. Me apretó muy fuerte cuando me resistí a que me tocara. Golpe en el ojo derecho. "Para, ¿qué te pasa?" le digo asustada ya presintiendo sus intenciones. Sus ojos fueron invadidos por malicia y aseguro que también tenía un aire enfermizo. Él estaba enfermo y lo podías notar a cuadras de distancia, pero yo en mi inocencia adolescente no lo percibí. "Gritas y termina peor" me respondía él. Forcejeando con ese chico al cual sólo quise hablarle y con quien quise caminar un rato en la noche que tanto me había gustado. La primer sonrisa que me había dirigido puedo jurar que era pura, ahora no sé en qué me metí. Yo era virgen, a él no le importó. Tenía muchos planes por delante, momentos que me estaban esperando pero a él seguía sin importarle.
Me mató. No sabe qué hacer conmigo ni cómo limpiarse. Quiere sacarse "este tema" de encima, para volver con sus amigos al boliche quizás, o ir en busca de otra mujer. Sí, diecisiete años pero soy mujer.
Decide llevarme a un arrollo y tirarme ahí, pero antes intenta enjuagarme un poco para que no sospechen en lo más mínimo. Hay miles de casos en la televisión que terminan inconclusos, ¿por qué éste iba a ser la excepción?
Pasó un mes. Dos. Tres meses. Extraño a mi familia y sé que ellos me extrañan por igual. Quiero volver a tomar mates con mamá, y discutir con papá sobre lo que sea. Me extraño. Me extraño soñando, planificando, durmiendo, hablando, RESPIRANDO.
¿Qué podría haber sido si seguía mi vida? ¿Hubiera tenido familia? ¿El amor de mi vida estaba cerca mío? ¿Cómo terminaba esa serie que tanto me apasionaba? ¿A dónde fueron a parar las palabras que tragué por miedo a arriesgarme? ¿Y las canciones que escribí?
Extraño esperar ansiosa los domingos para ir a la cancha, extraño escribir. Cantar, bailar.
Lo lindo que era estar en el pogo en pleno recital, lo interesante que era conocer gente nueva.
No me habían logrado transmitir el miedo sobre lo que estaba pasando, lamentablemente, en nuestro día a día.
No lo entendí hasta que decidieron por mí. Decidieron que mi último respiro tenía que ser así.
¿Por qué no se me concedió que fuera ya de vieja, durmiendo en mi cama?

Sucesos así ocurren todos los días. De distintas formas, a cualquier horario. ¿Mañana? No sé qué va a ser de mi mañana, si voy a tener suerte otro día más o qué. Sólo me quiero aferrar al pensamiento de que todo el horror en el que vivimos tiene que llevar a algún lado. Despertaron marchas en pleno centro, encendieron voces que por miedo callaban, duplicaron las ganas de vivir y pelear por nuestros derechos. Hoy grito "Ni una menos" por aquellas mujeres que tuvieron un último respiro por decisión ajena y aterradora. Hoy grito por quienes pasaron por situaciones alevosas y todavía no se animaron a hablar. Quiero ser su voz, la que encuentre fuerza hoy por hoy.
Que se haga justicia por cada sueño apagado, cada vida arrebatada, cada mujer ausente en familias desesperadas. Justicia.
Sé que hay muchas historias por vivir y ninguna merece un final abrupto y escalofriante.
Ni una menos.

sábado, 27 de agosto de 2016

Decido no salir, pero me cantan punto de encuentro y horario por si me arrepiento. Porque ya me conocen, me contradigo hasta el cansancio.
¿Cómo mantenes una decisión elaborada por la cabeza si el pecho te explota después? El equilibrio más difícil de encontrar es ese, definir ciertas situaciones en las que bocho y corazón se mantengan serenos porque así tenía que ser.
No hay que darle tiempo al tiempo si lo que te pasa... pasa ahora. Si la contradicción toma las riendas de tu día a día, ¿de dónde sacas la habilidad para planear cosas a futuro? Hoy te fascina la lluvia, mañana te deprime. Querés todo de golpe, si llega así te sentís presionado y caminas en dirección contraria. Si no tenes nada te aburre, buscas innovación pero lo nuevo te asusta porque si sale mal ¿qué haces?

lunes, 15 de agosto de 2016

¡Liberate!

¿A cuántos nos asusta la calma? Somos varios, creo yo. Algunos lo aceptan, otros no porque no les resulta lógico, porque claro... ¿a quién no le gusta la paz?
A mi. Al menos no en exceso. Es escuchar una canción que me baje a gran velocidad mis revoluciones, que me ayude a pensar un poco más claro y en el momento en que están por venir, cambio inmediatamente de música o me pongo a hacer algo.
Camino por la calle en un día soleado o un lindo feo día (lluvioso y lleno de parsimonia) y siento felicidad, tanta que siento que están por venir y me agarra ansiedad.
A quiénes me refiero deben preguntarse y la respuesta es: lágrimas.
Los que son como yo, se quieren demasiado como para verse mal. Si sé que puedo estar mejor, ¿por qué lloraría?
¡Para descargar! Como dije una vez, llorar es sentir. Cómo podemos siquiera pensar en privarnos de eso. Nos dan ganas de llorar en momentos de pura paz porque tenemos demasiados asuntos guardados bajo la alfombra y ya no se pueden ocultar más. Necesitan ser eliminados, resueltos. Ese mismo poder de decisión para aguantarse el nudo en la garganta debería aparecer a la hora de resolver inconvenientes.
La próxima vez que estés en privado o público y tengas un nudo de angustia, desatalo. ¿Qué? ¿Te da vergüenza? ¿Sentís que no podrías mostrarte vulnerable porque eso te haría quedar débil ante el resto? Por favor... Todo el mundo sufre de angustia, incluso ataques de risa en público que por timidez, reprimen. No les da vergüenza empujar y no pedir disculpas pero sí demostrar sentimientos. Hay que ser más justo con uno mismo y dejar que las emociones surjan sin ningún tipo de restricción.
Disfruta tu momento de tranquilidad y si éste te genera ganas de llorar, hacelo. ¿De reír? Hacelo.
¡Liberate de tus propios encierros!

domingo, 24 de julio de 2016

Callate y sentí

Si me detengo a pensar en los momentos donde más sentí, puedo asegurar que el noventa porciento involucran silencios. Éstos estaban acompañados de abrazos o miradas. Besos en la frente o mimos. Ésas son las cosas que más transmiten a mi criterio ya que son espontáneas, no hay nada más sincero que el acto espontáneo. Una charla tiene un pensamiento previo ya que cualquier conversación quiere llegar a un fin, lograr un objetivo premeditado. En cambio las acciones que nombré recién no siempre tienen definido un por qué, simplemente son ganas. Ganas de abrazar, mirar, besar en la frente y mimar.
Abrazar porque sentís que el pecho te explota si no lo haces. Mirar porque la paz que te produce encontrarse en esa mirada tan profunda no se compara con nada, y podes mirar por segundos nada más pero éstos parecerán eternos. Besar en la frente porque sentís que callas un poco lo que tanto está aturdiendo la cabeza del otro. Mimar para que el otro sienta que de éste lado hay sostén y bastante firme.
Todos estos "por qué" los entiendo después de cada momento, porque en el instante que están por ocurrir no pienso, sólo lo hago.
Brindo porque nunca cambie de opinión con respecto a lo sanadores que son los actos espontáneos basados únicamente en amor y cariño. En ganas de cuidar al otro. Brindo por cada momento que accioné de esta manera y también por los que recibí.
Porque a veces no se trata de intentar ordenar al otro con todas las palabras que crees que lo pueden hacer, sino desordenarse juntos pero con estos condimentos que hacen el momento más pacífico. Sensación de poder proteger que no se compara con nada.
Actuar más y hablar menos. Sentir más y pensar menos. De eso se trata.

lunes, 13 de junio de 2016

No se dio... Y así está bien.

Tal le dice a cual lo que siente y éste responde que no es recíproco. ¿Por qué atinan a enojarse y luego denigrar al otro con amigos? No es garca por no quererte ni va a vivir infeliz como vos aseguras. "(?) persona no te merece. No sabe valorar nada de lo que hiciste"... Qué frase tan errónea. Algunos valoran, otros no. Eso es cierto. Aún así, ¿por qué no entender que lo valoró, pero aún así no le genera lo que vos esperabas? Quizás sí es cierto que tus acciones fueron la manifestación de todo tu amor sin más vuelta de rosca, pero hay que reconocer la existencia de la posibilidad de que la felicidad que le generabas (a tu criterio) no le resultó "tan" así, no lo llenó. Es otro. Siente y opina distinto. Hay que aceptar el hecho de que no siempre lo que uno siente por otra persona va a ser mutuo y aprender a vivir con ello porque si bien en el momento parece catastrófico para algunos, con el pasar del tiempo verán que hay más personas en el mundo. Expresate, pero evita el enojo si la respuesta que recibís no es la que esperabas.

domingo, 22 de mayo de 2016

El adiós a un príncipe

Debido a mi falta de vivencia en la totalidad de la trayectoria de Diego Alberto Milito en Racing, me permito hablar sobre la última etapa (la cual me permití vivir) y lo que me generó. Por supuesto sabía lo mucho que se lo quería en el club, ya que había formado parte del último plantel campeón en este equipo albi-celeste, pero no lo sentía a fondo aún.
Partido tras partido se encargó de demostrar presencia, y de a poco fue unificando al grupo que, a mi criterio, era una de las principales características de un plantel CAMPEÓN. Victorias, derrotas, empates, pero siempre él. 
Bajo el manto de un Racing Positivo, la ilusión de los hinchas crecía poco a poco y mi amor por este hombre iba creciendo cada vez más.
El equipo enfrenta a su clásico y luego de ese partido, sentí lo que creo que siente la gran mayoría de los hinchas de la Academia desde que Diego pertenece al club, que es orgullo. Quizás a algunos les resulte raro mi sentir luego del resultado de aquel partido, ya que Racing había sufrido una derrota en un 2-1, pero con gol de Milito. Aunque ese partido (y puedo asegurar que no sólo a hinchas de Racing) resultó decepcionante en cuanto a efectividad del árbitro, ese gol de Diego marcó mucho.
Dejó en evidencia no sólo su amor al club, sino su lado "hincha" ya que gritó su gol a la hinchada del equipo contrario. Digan lo que quieran, se deba o no, nos representó a todos. 
Dicho esto, Diego Alberto Milito no dejó de representar a cada hincha de la Academia ni un segundo a lo largo de su carrera, y creo que el hecho de decir esto habiéndolo vivido dos años sintiendo que es equivalente al sentimiento del que acompañó a este señor su trayectoria entera, lo dice todo.
En el día de ayer, veintiuno de mayo de dos mil dieciséis, nos tocó despedir a esta bestia. Un jugador con sentido de pertenencia, con tanto amor por la camiseta que se atrevió a decir que "no siente que nos haya dado tanto como nosotros a él". Un jugador que volvió con la mentalidad exacta y positiva, con el recordatorio constante de que siempre podemos dar más, que somos el PRIMER GRANDE y no hay que dejar de demostrarlo ni hasta en los minutos adicionales de cualquier partido.
El que esté leyendo esto y piense sólo en victorias, permitanme destacar que están equivocados. Hemos sufrido malos partidos inclusive con el plantel que sacó a Racing campeón en 2014, pero aún así, ya sea una derrota la que se sufra, dejaron/deben dejar todo y más por la camiseta, por los colores, por la grandeza del club y su hinchada, que tanto se caracteriza por su pasión constante. Eso Milito siempre lo tuvo presente y lo notamos.
Fue duro despedirlo, con lágrimas en los ojos y las manos entumecidas de tanto aplaudir. Pero ¿era para menos? El momento fue único tanto para él como para cada hincha de Racing, y cuando digo esto lo hago de forma literal ya que, por ejemplo, mi prima Valentina de seis años se puso a llorar por su partida. SEIS AÑOS. 
La grandeza de este hombre es tal que inundó de orgullo hasta los corazones más pequeños.
Le tengo fe, respeto, amor y orgullo para toda la vida al hombre que le devolvió a Racing esa esencia de campeón y gusto de ambición por siempre superarse a sí mismo.
Referente en todo sentido, futbolística y personalmente.
¡Felicidades, príncipe! Por tus logros, tu mística, tu buen desempeño. Y por supuesto, ¡por ser papá de nuevo!
Gracias eternas, Diego Alberto. Por siempre, nuestro 22 más querido.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Ficticio, relativo y falacia

De a poco fui entendiendo que lo ideal es ficticio, lo perfecto es relativo y el hecho de que "con esfuerzo todo sale como lo planeaste" es una falacia. Explico por partes mi conclusión al momento: lo ideal es eso que imaginamos a futuro, ya sea laboral o personal, económico o psicológico con el fin de sentirnos bien. Digo que es ficticio porque esa vida que tanto imaginamos no se cumple al pie de la letra, y si damos mucha vuelta de rosca al asunto, terminamos confundiendo realidad con expectativa. Luego pasamos a decir que esa vida sería "perfecta"... ¿Por qué? Si lo perfecto es relativo, para alguien un clavel puede ser perfecto, cuando para mi puede llegar a ser lindo pero la perfección la posee la rosa. Lo perfecto lo definimos como algo sin defectos ni problemas, reluciente y al cien por ciento porque eso es lo que varios programas de televisión e inclusive cuentos de fantasía nos hicieron creer. Como también el hecho de que una familia perfecta siempre cena junta, a carcajadas y sin ningún problema. ¿Les cuento cómo veo yo la perfección en una familia? Aceptamos todo tipo de problema porque nos mantenemos juntos. Lidiamos con nuestros problemas porque sabemos bien en el fondo que la solución (aunque cueste alcanzarla) nos va a llevar a buen puerto. Dejamos de lado nuestra bronca del día con tal de escuchar la de los hermanos o los papás y poder sacarles una sonrisa. ¡Ahí está dicho! Amar tanto a esta gente que verlos sonreír hace que vos también lo hagas y te despejes por un rato. Por ahí viene la mano sobre la perfección en lo que a mi respecta. Por último, ¿el esfuerzo vale la pena? ¡Por supuesto! Pero no está bien decirte que va a salir todo como querés porque sea cual fuere el plan que tenes en mente, no sólo depende de vos para que se concrete. Siempre hay consecuencias (algunas buenas y otras malas). Te vas a encontrar con imprevistos en cualquier aspecto de la vida, y eso efectivamente cambia tus planes. Aceptar la realidad no quiere decir negatividad ni tener proyectos o imaginaciones sobre tu vida a futuro te hace necio. Los objetivos se concretan, no siempre mediante la forma que planeamos ni como lo esperamos. Si esta parte la asumís y aún así te consideras perseverante, dejame decirte que sos de los míos... Y como la gran frase dice: ¡Persevera y triunfarás! P.D.: Quizás te suene un poco contradictoria mi conclusión, a veces me cuesta darme a entender. De todas maneras, cada uno con su manual elige sus dichos y hechos.