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domingo, 24 de julio de 2016

Callate y sentí

Si me detengo a pensar en los momentos donde más sentí, puedo asegurar que el noventa porciento involucran silencios. Éstos estaban acompañados de abrazos o miradas. Besos en la frente o mimos. Ésas son las cosas que más transmiten a mi criterio ya que son espontáneas, no hay nada más sincero que el acto espontáneo. Una charla tiene un pensamiento previo ya que cualquier conversación quiere llegar a un fin, lograr un objetivo premeditado. En cambio las acciones que nombré recién no siempre tienen definido un por qué, simplemente son ganas. Ganas de abrazar, mirar, besar en la frente y mimar.
Abrazar porque sentís que el pecho te explota si no lo haces. Mirar porque la paz que te produce encontrarse en esa mirada tan profunda no se compara con nada, y podes mirar por segundos nada más pero éstos parecerán eternos. Besar en la frente porque sentís que callas un poco lo que tanto está aturdiendo la cabeza del otro. Mimar para que el otro sienta que de éste lado hay sostén y bastante firme.
Todos estos "por qué" los entiendo después de cada momento, porque en el instante que están por ocurrir no pienso, sólo lo hago.
Brindo porque nunca cambie de opinión con respecto a lo sanadores que son los actos espontáneos basados únicamente en amor y cariño. En ganas de cuidar al otro. Brindo por cada momento que accioné de esta manera y también por los que recibí.
Porque a veces no se trata de intentar ordenar al otro con todas las palabras que crees que lo pueden hacer, sino desordenarse juntos pero con estos condimentos que hacen el momento más pacífico. Sensación de poder proteger que no se compara con nada.
Actuar más y hablar menos. Sentir más y pensar menos. De eso se trata.

lunes, 13 de junio de 2016

No se dio... Y así está bien.

Tal le dice a cual lo que siente y éste responde que no es recíproco. ¿Por qué atinan a enojarse y luego denigrar al otro con amigos? No es garca por no quererte ni va a vivir infeliz como vos aseguras. "(?) persona no te merece. No sabe valorar nada de lo que hiciste"... Qué frase tan errónea. Algunos valoran, otros no. Eso es cierto. Aún así, ¿por qué no entender que lo valoró, pero aún así no le genera lo que vos esperabas? Quizás sí es cierto que tus acciones fueron la manifestación de todo tu amor sin más vuelta de rosca, pero hay que reconocer la existencia de la posibilidad de que la felicidad que le generabas (a tu criterio) no le resultó "tan" así, no lo llenó. Es otro. Siente y opina distinto. Hay que aceptar el hecho de que no siempre lo que uno siente por otra persona va a ser mutuo y aprender a vivir con ello porque si bien en el momento parece catastrófico para algunos, con el pasar del tiempo verán que hay más personas en el mundo. Expresate, pero evita el enojo si la respuesta que recibís no es la que esperabas.

domingo, 22 de mayo de 2016

El adiós a un príncipe

Debido a mi falta de vivencia en la totalidad de la trayectoria de Diego Alberto Milito en Racing, me permito hablar sobre la última etapa (la cual me permití vivir) y lo que me generó. Por supuesto sabía lo mucho que se lo quería en el club, ya que había formado parte del último plantel campeón en este equipo albi-celeste, pero no lo sentía a fondo aún.
Partido tras partido se encargó de demostrar presencia, y de a poco fue unificando al grupo que, a mi criterio, era una de las principales características de un plantel CAMPEÓN. Victorias, derrotas, empates, pero siempre él. 
Bajo el manto de un Racing Positivo, la ilusión de los hinchas crecía poco a poco y mi amor por este hombre iba creciendo cada vez más.
El equipo enfrenta a su clásico y luego de ese partido, sentí lo que creo que siente la gran mayoría de los hinchas de la Academia desde que Diego pertenece al club, que es orgullo. Quizás a algunos les resulte raro mi sentir luego del resultado de aquel partido, ya que Racing había sufrido una derrota en un 2-1, pero con gol de Milito. Aunque ese partido (y puedo asegurar que no sólo a hinchas de Racing) resultó decepcionante en cuanto a efectividad del árbitro, ese gol de Diego marcó mucho.
Dejó en evidencia no sólo su amor al club, sino su lado "hincha" ya que gritó su gol a la hinchada del equipo contrario. Digan lo que quieran, se deba o no, nos representó a todos. 
Dicho esto, Diego Alberto Milito no dejó de representar a cada hincha de la Academia ni un segundo a lo largo de su carrera, y creo que el hecho de decir esto habiéndolo vivido dos años sintiendo que es equivalente al sentimiento del que acompañó a este señor su trayectoria entera, lo dice todo.
En el día de ayer, veintiuno de mayo de dos mil dieciséis, nos tocó despedir a esta bestia. Un jugador con sentido de pertenencia, con tanto amor por la camiseta que se atrevió a decir que "no siente que nos haya dado tanto como nosotros a él". Un jugador que volvió con la mentalidad exacta y positiva, con el recordatorio constante de que siempre podemos dar más, que somos el PRIMER GRANDE y no hay que dejar de demostrarlo ni hasta en los minutos adicionales de cualquier partido.
El que esté leyendo esto y piense sólo en victorias, permitanme destacar que están equivocados. Hemos sufrido malos partidos inclusive con el plantel que sacó a Racing campeón en 2014, pero aún así, ya sea una derrota la que se sufra, dejaron/deben dejar todo y más por la camiseta, por los colores, por la grandeza del club y su hinchada, que tanto se caracteriza por su pasión constante. Eso Milito siempre lo tuvo presente y lo notamos.
Fue duro despedirlo, con lágrimas en los ojos y las manos entumecidas de tanto aplaudir. Pero ¿era para menos? El momento fue único tanto para él como para cada hincha de Racing, y cuando digo esto lo hago de forma literal ya que, por ejemplo, mi prima Valentina de seis años se puso a llorar por su partida. SEIS AÑOS. 
La grandeza de este hombre es tal que inundó de orgullo hasta los corazones más pequeños.
Le tengo fe, respeto, amor y orgullo para toda la vida al hombre que le devolvió a Racing esa esencia de campeón y gusto de ambición por siempre superarse a sí mismo.
Referente en todo sentido, futbolística y personalmente.
¡Felicidades, príncipe! Por tus logros, tu mística, tu buen desempeño. Y por supuesto, ¡por ser papá de nuevo!
Gracias eternas, Diego Alberto. Por siempre, nuestro 22 más querido.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Ficticio, relativo y falacia

De a poco fui entendiendo que lo ideal es ficticio, lo perfecto es relativo y el hecho de que "con esfuerzo todo sale como lo planeaste" es una falacia. Explico por partes mi conclusión al momento: lo ideal es eso que imaginamos a futuro, ya sea laboral o personal, económico o psicológico con el fin de sentirnos bien. Digo que es ficticio porque esa vida que tanto imaginamos no se cumple al pie de la letra, y si damos mucha vuelta de rosca al asunto, terminamos confundiendo realidad con expectativa. Luego pasamos a decir que esa vida sería "perfecta"... ¿Por qué? Si lo perfecto es relativo, para alguien un clavel puede ser perfecto, cuando para mi puede llegar a ser lindo pero la perfección la posee la rosa. Lo perfecto lo definimos como algo sin defectos ni problemas, reluciente y al cien por ciento porque eso es lo que varios programas de televisión e inclusive cuentos de fantasía nos hicieron creer. Como también el hecho de que una familia perfecta siempre cena junta, a carcajadas y sin ningún problema. ¿Les cuento cómo veo yo la perfección en una familia? Aceptamos todo tipo de problema porque nos mantenemos juntos. Lidiamos con nuestros problemas porque sabemos bien en el fondo que la solución (aunque cueste alcanzarla) nos va a llevar a buen puerto. Dejamos de lado nuestra bronca del día con tal de escuchar la de los hermanos o los papás y poder sacarles una sonrisa. ¡Ahí está dicho! Amar tanto a esta gente que verlos sonreír hace que vos también lo hagas y te despejes por un rato. Por ahí viene la mano sobre la perfección en lo que a mi respecta. Por último, ¿el esfuerzo vale la pena? ¡Por supuesto! Pero no está bien decirte que va a salir todo como querés porque sea cual fuere el plan que tenes en mente, no sólo depende de vos para que se concrete. Siempre hay consecuencias (algunas buenas y otras malas). Te vas a encontrar con imprevistos en cualquier aspecto de la vida, y eso efectivamente cambia tus planes. Aceptar la realidad no quiere decir negatividad ni tener proyectos o imaginaciones sobre tu vida a futuro te hace necio. Los objetivos se concretan, no siempre mediante la forma que planeamos ni como lo esperamos. Si esta parte la asumís y aún así te consideras perseverante, dejame decirte que sos de los míos... Y como la gran frase dice: ¡Persevera y triunfarás! P.D.: Quizás te suene un poco contradictoria mi conclusión, a veces me cuesta darme a entender. De todas maneras, cada uno con su manual elige sus dichos y hechos.

lunes, 25 de abril de 2016

Sentir nos hace únicos

Ella me pidió perdón por quebrarse adelante mío. Me repetía una y otra vez "perdón" y yo no entendía por qué. Siempre me dejaba buscando un "por qué" aquella situación. Siente que nada de lo que hace es suficiente, cuando es todo lo contrario. ¿Cuándo vamos a entender que nuestra mente es nuestra enemiga? Esa que nunca te reconoce todos tus esfuerzos, no te hace ver lo que conseguiste sino lo que te falta. Puede atormentar de maneras inexplicables y aún así somos necios y pensamos que lo mejor ante tomar una decisión es pensar con la cabeza.
Ella estaba enojada consigo misma, frustrada. ¿Por qué? Es lo que me sigo preguntando.
Sonreía mucho, jugaba, cantaba, y disfrutaba a pleno... pero algo pasaba que le hacía  recordar los momentos oscuros por los que ya había pasado. En cada "casi" llanto se contenía. Al inundarse, me pedía perdón nuevamente.
Cansada de escuchar sus disculpas insólitas e incoherentes, le respondí "Llorar no es un crimen ni un pecado. Llorar es sentir" y entonces sonrió.
"Si no lloras, te inundas" leí una vez. Llorar tiene el mismo peso emocional que una risa. Hemos llorado por diversión y hemos reído para no llorar. Todo lo natural que signifique sentir, JAMAS puede ser mal visto.

martes, 29 de marzo de 2016

Amame bien. Amame intenso.

Porque prefiero mil veces escuchar que me amas día por día a que me prometas que me vas a amar siempre sabiendo que es imposible de cumplir. Porque me conformo con frases sinceras, y no ciertas cosas que "por obligación" tenés que decir. No quiero escuchar nunca que me vas a amar para siempre, ni quiero escuchar que jamás me vas a soltar la mano, porque lamentablemente sé que ambas no se pueden cumplir. Lo único que me haría sentir completa es ver tus ganas de seguir conmigo día a día, y que el cariño que me demuestres sea tanto que yo no tenga ni la menor duda de lo mucho que me amas.
Porque no le veo sentido a promesas para una eternidad si nadie es eterno. Porque quiero sentir que el amor que me tengas parezca eterno, y me lo demuestres en el tiempo que se nos permita.
Para mi es mucho más simple entender que no importa la cantidad, sino la calidad. Que si me sos sincero, tu cariño hacia mi ya estaría expuesto. Sea bueno o malo eso que necesitas decir, sin dudas lo quiero oír. Hasta que alguno de los dos deje de sentir eso que alguna vez nos unió, disfrutémonos. No dejemos de recordar una y otra vez lo que nos hicimos sentir esa primera vez que hablamos. Tu primera risa y mis primeros cachetes colorados. Tu primer mimo en mi pelo y mi primer sensación de paz generada por vos.
Mi intriga por vos, tu aire de galán. Que si nos olvidamos de nuestros principios, nos
vamos a encontrar desolados.
Voy a sufrir cambios y eso lo aseguro, pero no te puedo atar a mi para que mires contra lo que lucho. Si deseas ser mi compinche para protegerme y ayudarme, sin dudas voy a dejarte, pero no pienses ni por un segundo en seguir conmigo por lástima, porque eso lo siento y no me va a llenar el alma. Amame intensamente, sin pensar cuánto puede llegar a durar. Abrazame bien fuerte, mucho más si pensas que está cerca el final. Y cuando sientas que estamos por tocar fondo, no me sueltes, ayudame a recordar nuestros principios y el amor que nos tenemos, que es motivo suficiente para resurgir de cualquier disturbio.

martes, 23 de febrero de 2016

¡Equilibrate!

Muchos interpretan el Yin y el Yang de la siguiente manera: lo negro representa todo lo malo, y lo blanco todo lo bueno. Como todos sabemos, la mitad negra lleva un punto blanco en ella y la mitad blanca un punto negro. Al expresarlo verbalmente, explican que siempre en lo malo hay algo bueno y en lo bueno algo malo. Me gusta pensar de la misma manera. En cada aspecto de nuestra vida hay "un poquito de" para equilibrar.
"No estés muy feliz cuando estés feliz, ni muy triste cuando estés triste" leí una vez. Más acertado imposible. Siempre pasa que en un momento de mucha pero mucha felicidad, algo mínimo nos puede traer una inestabilidad inesperada y muy peligrosa para nuestro estado de ánimo. ¿Por qué? Lo explico con el siguiente ejemplo: A subió una escalera con 100 escalones. Ni bien llega a la cima, inmediatamente tropieza y cae uno por uno. A veces se intenta reincorporar y sube un par de escalones de los que se había caído, pero si bien disfrutó estar en la cima, no duró mucho.
Si hablamos sobre éste ejemplo, me gusta entenderlo de la siguiente manera: Hay alturas y alturas. A algunos les da vértigo ir tan alto, otros se aburren al estar tan abajo y otros se conforman con el medio. En el medio está el equilibrio. La vista del paisaje es la misma, y como resutado obtenes no estar tan alto ni sufrir la caída con más intensidad y por más tiempo. A encuentra en el medio el mismo placer de la vista panorámica pero con más seguridad que si estuviera en la cima.