Noche fría en Buenos Aires, cinco grados de sensación térmica y te olvidaste los guantes. Juntas las manos e intentas de darle calor con un soplido y después las haces acariciarse para que se mantenga un poco más ese placentero momento entre tanto viento. Sacas el celular y los auriculares mientras vas caminando por las calles que parecen compartir tu soledad, y en el intento de desenredar lo que pronto iba a estar en tus oídos haces un movimiento brusco y te golpeas la mano contra una reja. Golpe seco, en un dedo... Es raro. Te doblas del dolor y no entendes el por qué. Fue un golpe leve, has recibido peores.
Cuando el cuerpo está frío, los golpes duelen el doble. Lo mismo pasa con el alma.
Ya habías decidido dejar de querer, estabas prendido fuego en amor y aún así quedaste sólo, ¿para qué volver a encender esa mecha?
Sin embargo, desde entonces cada golpe que te dio la vida te dolió un poco más. Y más. Y más.
Pensaste que eras inmune a esas reacciones, no entendes por qué duelen tanto si ya está, sos frío como entendías que la vida te decía que fueras.
Y ahí comprendiste. Fuiste un infierno en el acto de amar, pero tenías ese calor que amortiguaba los golpes, esos que dolían pero no tanto. Ahora sólo estas vos, vulnerable sin nada que te proteja, ni siquiera el incendio que es amarte a vos mismo. Amarse a uno mismo.
Quisieron ofrecerte volver a entrar sin matafuegos y te fuiste en silencio con patines de hielo en mano.
Ya dolió más de lo que debería, ya entendiste el juego y sus reglas.
En los ojos la complicidad, en la sonrisa el miedo. Esta vez no lo controlas.
¿Ardemos?
Y quizás el día menos esperado... ¡en una risa nos volvamos a encontrar!
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martes, 20 de junio de 2017
jueves, 9 de marzo de 2017
Se esconde tras mis ojos
Quizás fue enterarme todo de golpe a pesar de las leves sospechas que me venían acompañando. Quizás no, quizás fue reconocer lo que hace tanto sabía y día a día negaba.
Me reventó por cualquier parte posible el cariño que te tengo/tuve, me reventó que no te explotara el pecho como a mi cada vez que nos decíamos "chau" si en su momento era definitivo.
Me enloqueció cómo me conquistaste, haciendo que cada técnica pareciera habitual cuando en realidad era temporal, era sólo hasta que caiga. Me enloqueció que me hicieras sentir tan tuya sabiendo que nunca me agarraste.
Me entristeció que hoy me corras el pelo de la cara acompañándolo con un mimo en la misma (que es eso que haces cada vez que te das cuenta que sí... me queres, que a pesar de mis locuras y mi histeria puedo llegar a ser una loca linda, que la pasas bien conmigo... pero no, no va a haber más que eso) y al día siguiente hagas público que asuntos pendientes del pasado te siguen doliendo, te siguen pinchando ahí, donde creíste que se había vuelto insensible. Ahí, en el corazón. Me entristeció no poder vencer fantasmas pasados para que vuelvas a creer, a confiar.
Me enojó despedirme tantas veces y saber que íbamos a tener segundo round. Tercer round. Vigésimo round. Me enojó que vos también lo sepas, y que por eso no tomaras en serio mis dolores, el amor que requería despedirme de vos porque tal vez era lo mejor pero no para mi. Tal vez era lo mejor para mi también, pero eso no era lo que transmitían mis ojitos tristes al despedirme una vez más.
Me enrojeció que me piropees cuando menos lo esperaba. Me enrojeció que te dieras cuenta lo tanto que te quería mucho antes de que yo lo hiciera.
Fue disparejo el cariño. Fue dispareja la relación. También fueron disparejos nuestros objetivos a futuro.
Lo único parejo entre nosotros fue la sonrisa que se escapaba ni bien nos mirábamos a los ojos.
Me reventó por cualquier parte posible el cariño que te tengo/tuve, me reventó que no te explotara el pecho como a mi cada vez que nos decíamos "chau" si en su momento era definitivo.
Me enloqueció cómo me conquistaste, haciendo que cada técnica pareciera habitual cuando en realidad era temporal, era sólo hasta que caiga. Me enloqueció que me hicieras sentir tan tuya sabiendo que nunca me agarraste.
Me entristeció que hoy me corras el pelo de la cara acompañándolo con un mimo en la misma (que es eso que haces cada vez que te das cuenta que sí... me queres, que a pesar de mis locuras y mi histeria puedo llegar a ser una loca linda, que la pasas bien conmigo... pero no, no va a haber más que eso) y al día siguiente hagas público que asuntos pendientes del pasado te siguen doliendo, te siguen pinchando ahí, donde creíste que se había vuelto insensible. Ahí, en el corazón. Me entristeció no poder vencer fantasmas pasados para que vuelvas a creer, a confiar.
Me enojó despedirme tantas veces y saber que íbamos a tener segundo round. Tercer round. Vigésimo round. Me enojó que vos también lo sepas, y que por eso no tomaras en serio mis dolores, el amor que requería despedirme de vos porque tal vez era lo mejor pero no para mi. Tal vez era lo mejor para mi también, pero eso no era lo que transmitían mis ojitos tristes al despedirme una vez más.
Me enrojeció que me piropees cuando menos lo esperaba. Me enrojeció que te dieras cuenta lo tanto que te quería mucho antes de que yo lo hiciera.
Fue disparejo el cariño. Fue dispareja la relación. También fueron disparejos nuestros objetivos a futuro.
Lo único parejo entre nosotros fue la sonrisa que se escapaba ni bien nos mirábamos a los ojos.
martes, 31 de enero de 2017
Aceptas que ya no te quiere como antes, o vos no queres como antes. Que lo que los unía decidió dar el ausente. Y lo más feo es no saber por qué se están distanciando, sólo saben que juntos en este momento no avanzan. Se quieren juntos pero creen que es mejor ir por separado, van separados y creen que es mejor estar juntos y así sucesivamente.
Cualquiera en tu intento de volver a probar con aquella persona te diría "figurita repetida no completa el álbum", pero a veces no se trata de completarlo, sino que resulte ser tu figurita preferida. Esa que ya pusiste en el álbum pero te sigue tocando y cada vez te gusta más, entonces la pegas en lugares donde las veas más a menudo para ponerte feliz.
Hay que abrir más la cabeza a la chance de que no siempre la ida y vuelta es por falta de amor, sino por falta de madurez o comprensión y ajustes para poder enganchar mejor. Puede ser la persona pero no el momento, podes esperar o te pueden estar esperando.
Todo a su tiempo. Un principio. Una relación. Una separación. Un camino para dos que se convierte en uno. Un camino para uno que se convierte en dos.
En cualquier circunstancia te vas a creer incapaz, hasta que llega. O se acepta la diferencia de cariño o se disfruta una misma sintonía y se apuesta por el premio que ambos saben que merecen.
Crecer.
Cualquiera en tu intento de volver a probar con aquella persona te diría "figurita repetida no completa el álbum", pero a veces no se trata de completarlo, sino que resulte ser tu figurita preferida. Esa que ya pusiste en el álbum pero te sigue tocando y cada vez te gusta más, entonces la pegas en lugares donde las veas más a menudo para ponerte feliz.
Hay que abrir más la cabeza a la chance de que no siempre la ida y vuelta es por falta de amor, sino por falta de madurez o comprensión y ajustes para poder enganchar mejor. Puede ser la persona pero no el momento, podes esperar o te pueden estar esperando.
Todo a su tiempo. Un principio. Una relación. Una separación. Un camino para dos que se convierte en uno. Un camino para uno que se convierte en dos.
En cualquier circunstancia te vas a creer incapaz, hasta que llega. O se acepta la diferencia de cariño o se disfruta una misma sintonía y se apuesta por el premio que ambos saben que merecen.
Crecer.
jueves, 29 de diciembre de 2016
Más allá del dicho
A veces está bueno no tomarnos las cosas de manera tan literal. Como por ejemplo cuando tu pareja te insiste en sacarse una foto, no es de molesto, es querer tener un recuerdo. Quizás, si la circunstancia de la foto lo permite, poder compartir ese instante a seres queridos, orgullosos de decir "mira a quién tenemos al lado".
Están tan aterrados a lo que el amor conlleva, que cualquier tipo de demostración tiene que estar atada a un determinado tiempo de relación. Bah... de eso que tienen ahí, no de relación porque eso ya suena "muy serio".
Varias personas suelen ver a la mujer como propensa al enamoramiento, y al hombre sólo una persona que con sexo ya está bien, tranquilo. Tal vez feliz. Este tipo de generalización llegó a tal punto que si vemos al hombre demostrando más que la mujer no paramos de hablar de eso, "no se puede creer".
Todo este cuento estaría dejando de ser fábula, porque está pasando realmente. La mayoría de las mujeres se sorprende si ellos demuestran, que nos pidan una foto es grande, que nos presenten a los amigos es gigante y ya querer presentarnos a la familia es impensado.
La mayoría de los hombres tiene un pasado que los lastimó, y al no querer que pase de nuevo, se privan de demostrar ciertas cosas. De todas maneras, les encanta recibir gestos de cariño.
Estamos a una altura del partido en la que, en una manera rara y todavía casi imposible de explicar, nos encontramos en un punto medio. Todos queremos lo mismo, algunos se animan, otros no. Unos quieren que el otro apueste todo para ver si encuentra esa seguridad que la anterior relación desvirtuó, otros apuestan ya que lograr que la otra persona se anime gracias a su esfuerzo demuestra muchísimo cariño y coraje. Éste es muy importante en cualquier "algo" que dos personas puedan llegar a tener.
Sáquense más fotos, presenten, "hablen de" con sonrisa de oreja a oreja y brillo en los ojos.
Querer no los hace débiles. No sos iluso por caer en esa red... perdete, enredate, en todo ese quilombo la vas a pasar bien, ¿y lo mejor? La risa va a ser compartida.
Están tan aterrados a lo que el amor conlleva, que cualquier tipo de demostración tiene que estar atada a un determinado tiempo de relación. Bah... de eso que tienen ahí, no de relación porque eso ya suena "muy serio".
Varias personas suelen ver a la mujer como propensa al enamoramiento, y al hombre sólo una persona que con sexo ya está bien, tranquilo. Tal vez feliz. Este tipo de generalización llegó a tal punto que si vemos al hombre demostrando más que la mujer no paramos de hablar de eso, "no se puede creer".
Todo este cuento estaría dejando de ser fábula, porque está pasando realmente. La mayoría de las mujeres se sorprende si ellos demuestran, que nos pidan una foto es grande, que nos presenten a los amigos es gigante y ya querer presentarnos a la familia es impensado.
La mayoría de los hombres tiene un pasado que los lastimó, y al no querer que pase de nuevo, se privan de demostrar ciertas cosas. De todas maneras, les encanta recibir gestos de cariño.
Estamos a una altura del partido en la que, en una manera rara y todavía casi imposible de explicar, nos encontramos en un punto medio. Todos queremos lo mismo, algunos se animan, otros no. Unos quieren que el otro apueste todo para ver si encuentra esa seguridad que la anterior relación desvirtuó, otros apuestan ya que lograr que la otra persona se anime gracias a su esfuerzo demuestra muchísimo cariño y coraje. Éste es muy importante en cualquier "algo" que dos personas puedan llegar a tener.
Sáquense más fotos, presenten, "hablen de" con sonrisa de oreja a oreja y brillo en los ojos.
Querer no los hace débiles. No sos iluso por caer en esa red... perdete, enredate, en todo ese quilombo la vas a pasar bien, ¿y lo mejor? La risa va a ser compartida.
jueves, 10 de noviembre de 2016
Amor, según la actualidad
Acá nos tienen. Midiendo la atención en "me gusta", calculando la importancia dependiendo de los minutos en los que tardan en contestarnos un mensaje privado en Facebook, Twitter, Instagram o un simple Whatsapp. Asegurando una molestia que el otro puede llegar a sentir porque los tildes pasaron de ser grises a azules y su "en línea" pasó a ser un registro de su última conexión. Y ahí te asustas, porque ¿qué está haciendo que no contesta? Ya está, se enojó. Y te pones a repasar todo lo que pasó a ver qué pudo haberle molestado. Toda esta crisis puede durar dos minutos, el tiempo que tardó la otra persona en, tal vez, ir a buscarse una taza de café. Porque somos enfermos, adictos a la tecnología. Me incluyo.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Mi último respiro
Quise conocer. Quizás nuevas costumbres, nuevas experiencias... otras mentes y distintos puntos de vista. Compartir una cerveza y quizás fumar marihuana. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Me invaden los proyectos que tengo a futuro, siento que puedo llegar muy lejos en todo lo que me apasiona.
En el día de hoy te puedo contar que tomé mates con mi vieja, discutí con mi viejo por salir en pollera a la calle a las nueve de la noche. "Está peligroso" Me decía. Lo ignoré. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Amo la parsimonia de las noches, sean nubladas o divinamente despejadas. Es ese momento en el que la rutina frena y sólo hay momentos para compartir. Risas que esperan ser alcanzadas por muchos de nosotros en grandes juntadas. Y por grandes me refiero a esas que de tanto reír te duele la panza. Es un lindo dolor. Dije que iba acompañada de un amigo así no se preocupaban, pero la realidad es que me fui caminando sola gozando de la radio vía auriculares. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
En esta hermosa noche conocí a un chico, tiene veintidós años. Me lleva cinco años, pero mejor... los chicos de mi edad suelen ser inmaduros, yo quiero un hombre. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Ahí, esa misma persona la cual quise conocer, con la cual quise compartir una cerveza y comentarle mis proyectos. A quién aturdí con mi relato sobre la discusión con mi papá y hablaba sobre lo preciosa que estaba la noche para caminar en vez de estar encerrados en un boliche... Ahí lo decidió. Nunca voy a saber el por qué ni tampoco lo voy a poder entender, pero la decisión ya estaba tomada. Sin previo aviso, fue testigo de mi último respiro. Éste acompañado de lágrimas a punto de salir, de un grito ahogado en busca de ayuda y de moretones saliendo a la luz de la luna. "Que no haya sangre" piensa él. No se arrepiente. Me apretó muy fuerte cuando me resistí a que me tocara. Golpe en el ojo derecho. "Para, ¿qué te pasa?" le digo asustada ya presintiendo sus intenciones. Sus ojos fueron invadidos por malicia y aseguro que también tenía un aire enfermizo. Él estaba enfermo y lo podías notar a cuadras de distancia, pero yo en mi inocencia adolescente no lo percibí. "Gritas y termina peor" me respondía él. Forcejeando con ese chico al cual sólo quise hablarle y con quien quise caminar un rato en la noche que tanto me había gustado. La primer sonrisa que me había dirigido puedo jurar que era pura, ahora no sé en qué me metí. Yo era virgen, a él no le importó. Tenía muchos planes por delante, momentos que me estaban esperando pero a él seguía sin importarle.
Me mató. No sabe qué hacer conmigo ni cómo limpiarse. Quiere sacarse "este tema" de encima, para volver con sus amigos al boliche quizás, o ir en busca de otra mujer. Sí, diecisiete años pero soy mujer.
Decide llevarme a un arrollo y tirarme ahí, pero antes intenta enjuagarme un poco para que no sospechen en lo más mínimo. Hay miles de casos en la televisión que terminan inconclusos, ¿por qué éste iba a ser la excepción?
Pasó un mes. Dos. Tres meses. Extraño a mi familia y sé que ellos me extrañan por igual. Quiero volver a tomar mates con mamá, y discutir con papá sobre lo que sea. Me extraño. Me extraño soñando, planificando, durmiendo, hablando, RESPIRANDO.
¿Qué podría haber sido si seguía mi vida? ¿Hubiera tenido familia? ¿El amor de mi vida estaba cerca mío? ¿Cómo terminaba esa serie que tanto me apasionaba? ¿A dónde fueron a parar las palabras que tragué por miedo a arriesgarme? ¿Y las canciones que escribí?
Extraño esperar ansiosa los domingos para ir a la cancha, extraño escribir. Cantar, bailar.
Lo lindo que era estar en el pogo en pleno recital, lo interesante que era conocer gente nueva.
No me habían logrado transmitir el miedo sobre lo que estaba pasando, lamentablemente, en nuestro día a día.
No lo entendí hasta que decidieron por mí. Decidieron que mi último respiro tenía que ser así.
¿Por qué no se me concedió que fuera ya de vieja, durmiendo en mi cama?
Sucesos así ocurren todos los días. De distintas formas, a cualquier horario. ¿Mañana? No sé qué va a ser de mi mañana, si voy a tener suerte otro día más o qué. Sólo me quiero aferrar al pensamiento de que todo el horror en el que vivimos tiene que llevar a algún lado. Despertaron marchas en pleno centro, encendieron voces que por miedo callaban, duplicaron las ganas de vivir y pelear por nuestros derechos. Hoy grito "Ni una menos" por aquellas mujeres que tuvieron un último respiro por decisión ajena y aterradora. Hoy grito por quienes pasaron por situaciones alevosas y todavía no se animaron a hablar. Quiero ser su voz, la que encuentre fuerza hoy por hoy.
Que se haga justicia por cada sueño apagado, cada vida arrebatada, cada mujer ausente en familias desesperadas. Justicia.
Sé que hay muchas historias por vivir y ninguna merece un final abrupto y escalofriante.
Ni una menos.
Me invaden los proyectos que tengo a futuro, siento que puedo llegar muy lejos en todo lo que me apasiona.
En el día de hoy te puedo contar que tomé mates con mi vieja, discutí con mi viejo por salir en pollera a la calle a las nueve de la noche. "Está peligroso" Me decía. Lo ignoré. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Amo la parsimonia de las noches, sean nubladas o divinamente despejadas. Es ese momento en el que la rutina frena y sólo hay momentos para compartir. Risas que esperan ser alcanzadas por muchos de nosotros en grandes juntadas. Y por grandes me refiero a esas que de tanto reír te duele la panza. Es un lindo dolor. Dije que iba acompañada de un amigo así no se preocupaban, pero la realidad es que me fui caminando sola gozando de la radio vía auriculares. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
En esta hermosa noche conocí a un chico, tiene veintidós años. Me lleva cinco años, pero mejor... los chicos de mi edad suelen ser inmaduros, yo quiero un hombre. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Ahí, esa misma persona la cual quise conocer, con la cual quise compartir una cerveza y comentarle mis proyectos. A quién aturdí con mi relato sobre la discusión con mi papá y hablaba sobre lo preciosa que estaba la noche para caminar en vez de estar encerrados en un boliche... Ahí lo decidió. Nunca voy a saber el por qué ni tampoco lo voy a poder entender, pero la decisión ya estaba tomada. Sin previo aviso, fue testigo de mi último respiro. Éste acompañado de lágrimas a punto de salir, de un grito ahogado en busca de ayuda y de moretones saliendo a la luz de la luna. "Que no haya sangre" piensa él. No se arrepiente. Me apretó muy fuerte cuando me resistí a que me tocara. Golpe en el ojo derecho. "Para, ¿qué te pasa?" le digo asustada ya presintiendo sus intenciones. Sus ojos fueron invadidos por malicia y aseguro que también tenía un aire enfermizo. Él estaba enfermo y lo podías notar a cuadras de distancia, pero yo en mi inocencia adolescente no lo percibí. "Gritas y termina peor" me respondía él. Forcejeando con ese chico al cual sólo quise hablarle y con quien quise caminar un rato en la noche que tanto me había gustado. La primer sonrisa que me había dirigido puedo jurar que era pura, ahora no sé en qué me metí. Yo era virgen, a él no le importó. Tenía muchos planes por delante, momentos que me estaban esperando pero a él seguía sin importarle.
Me mató. No sabe qué hacer conmigo ni cómo limpiarse. Quiere sacarse "este tema" de encima, para volver con sus amigos al boliche quizás, o ir en busca de otra mujer. Sí, diecisiete años pero soy mujer.
Decide llevarme a un arrollo y tirarme ahí, pero antes intenta enjuagarme un poco para que no sospechen en lo más mínimo. Hay miles de casos en la televisión que terminan inconclusos, ¿por qué éste iba a ser la excepción?
Pasó un mes. Dos. Tres meses. Extraño a mi familia y sé que ellos me extrañan por igual. Quiero volver a tomar mates con mamá, y discutir con papá sobre lo que sea. Me extraño. Me extraño soñando, planificando, durmiendo, hablando, RESPIRANDO.
¿Qué podría haber sido si seguía mi vida? ¿Hubiera tenido familia? ¿El amor de mi vida estaba cerca mío? ¿Cómo terminaba esa serie que tanto me apasionaba? ¿A dónde fueron a parar las palabras que tragué por miedo a arriesgarme? ¿Y las canciones que escribí?
Extraño esperar ansiosa los domingos para ir a la cancha, extraño escribir. Cantar, bailar.
Lo lindo que era estar en el pogo en pleno recital, lo interesante que era conocer gente nueva.
No me habían logrado transmitir el miedo sobre lo que estaba pasando, lamentablemente, en nuestro día a día.
No lo entendí hasta que decidieron por mí. Decidieron que mi último respiro tenía que ser así.
¿Por qué no se me concedió que fuera ya de vieja, durmiendo en mi cama?
Sucesos así ocurren todos los días. De distintas formas, a cualquier horario. ¿Mañana? No sé qué va a ser de mi mañana, si voy a tener suerte otro día más o qué. Sólo me quiero aferrar al pensamiento de que todo el horror en el que vivimos tiene que llevar a algún lado. Despertaron marchas en pleno centro, encendieron voces que por miedo callaban, duplicaron las ganas de vivir y pelear por nuestros derechos. Hoy grito "Ni una menos" por aquellas mujeres que tuvieron un último respiro por decisión ajena y aterradora. Hoy grito por quienes pasaron por situaciones alevosas y todavía no se animaron a hablar. Quiero ser su voz, la que encuentre fuerza hoy por hoy.
Que se haga justicia por cada sueño apagado, cada vida arrebatada, cada mujer ausente en familias desesperadas. Justicia.
Sé que hay muchas historias por vivir y ninguna merece un final abrupto y escalofriante.
Ni una menos.
sábado, 27 de agosto de 2016
Decido no salir, pero me cantan punto de encuentro y horario por si me arrepiento. Porque ya me conocen, me contradigo hasta el cansancio.
¿Cómo mantenes una decisión elaborada por la cabeza si el pecho te explota después? El equilibrio más difícil de encontrar es ese, definir ciertas situaciones en las que bocho y corazón se mantengan serenos porque así tenía que ser.
No hay que darle tiempo al tiempo si lo que te pasa... pasa ahora. Si la contradicción toma las riendas de tu día a día, ¿de dónde sacas la habilidad para planear cosas a futuro? Hoy te fascina la lluvia, mañana te deprime. Querés todo de golpe, si llega así te sentís presionado y caminas en dirección contraria. Si no tenes nada te aburre, buscas innovación pero lo nuevo te asusta porque si sale mal ¿qué haces?
¿Cómo mantenes una decisión elaborada por la cabeza si el pecho te explota después? El equilibrio más difícil de encontrar es ese, definir ciertas situaciones en las que bocho y corazón se mantengan serenos porque así tenía que ser.
No hay que darle tiempo al tiempo si lo que te pasa... pasa ahora. Si la contradicción toma las riendas de tu día a día, ¿de dónde sacas la habilidad para planear cosas a futuro? Hoy te fascina la lluvia, mañana te deprime. Querés todo de golpe, si llega así te sentís presionado y caminas en dirección contraria. Si no tenes nada te aburre, buscas innovación pero lo nuevo te asusta porque si sale mal ¿qué haces?
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