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lunes, 14 de agosto de 2017

Era el otro

Salgo de mi clase de danza cansada, con las piernas pidiendo descanso y mi cabeza repasando las coreografías para practicarlas en casa. Voy a la parada del colectivo y veo que vienen dos de la misma línea. El primero está más cerca que el segundo, seducen las ganas de llegar más rápido y me detienen mis ganas de descansar en el viaje. Grandes chances de que el segundo venga con asientos disponibles, pero no quisiera perderme cualquiera de los dos por tardar en decidir. Subirme al segundo es arriesgarme a perder el primero y quedarme con la duda si va a venir mejor o peor que el que acabo de perder. No estoy para eso. Mejor me subo al primero, quizás viajaré parada y con incomodidades, pero al menos llego más rápido (si el tránsito y el automóvil lo permiten). A los pocos minutos pasa el segundo colectivo por el costado y veo que estaba vacío con varios asientos disponibles. Me enojo conmigo misma por no haberme arriesgado, estoy cansada y me perdí la chance de descansar en el viaje sólo por el miedo a no saber lo que venía. Resultó ser que esa incertidumbre venía de la mano con relajo y disfrute.
Nos perdemos oportunidades sólo por ser desconocidas, sin tener en cuenta que lo conocido no siempre termina siendo bueno.
El instinto (si es bien distinguido del miedo y/o paranoia) puede ser tu gran amigo.
Confiá.

jueves, 6 de julio de 2017

Sigo yo

De repente te ves buscandote y no te encontras. No entendes qué pasa si siempre estuviste ahí. Gritas, golpeas cosas para llamar la atención y aún así nadie responde. La frustración te ciega y lloras de la bronca que conlleva no poder darte una mano en eso que tanto te preocupa. Recurris a la introspección, a la memoria.
"Quiero dedicarme a lo que me gusta, después si no tengo éxito aplico a trabajos de otro rubro." Intentabas explicarle a tu familia, mientras que ellos insistían en que tenías que empezar el terciario y ocuparte en una carrera que tenga salida laboral, de no ser así en unos años tendrías problemas económicos.
Aceptaste su petición y ahí comenzaste a caminar un círculo de vida que no te pertenecía, sin darte cuenta que dejabas en el camino ciertos detalles.
Ahora te focalizas en cumplir con la rutina, sólo acudís a las risas si tenes tiempo.
"No quiero involucrarme en una relación, a penas tengo tiempo para mi." 
Tratabas de explicarle a tu compañero/a que tenías al lado para que no haya malentendidos. Observas cómo llora, no querés decepcionar al igual que no quisiste decepcionar a tu familia. Accedes.
Dejaste de saber qué te gusta, sólo tratas de que nadie se decepcione de vos.
Un día te necesitas, tanto la circunstancia como vos piden que aparezcas para poder resolverte.
En vez de alguien pasaste a ser los deseos de tu familia, tu carrera, tu estado civil.
No pensaste que iba a ser tan brusco el cambio si satisfacías al resto, hasta que empezaste a sentirte vacío.
Te diste cuenta que no podes sentir que estas lleno si faltas vos, que sos tu eje.
Sólo vos podes resolver todo lo que se te cruce en el camino, después vas a encontrar (o reencontrarte) con quienes tengas que caminar a la par.
¿No te extrañas?

martes, 20 de junio de 2017

Jugador

Noche fría en Buenos Aires, cinco grados de sensación térmica y te olvidaste los guantes. Juntas las manos e intentas de darle calor con un soplido y después las haces acariciarse para que se mantenga un poco más ese placentero momento entre tanto viento. Sacas el celular y los auriculares mientras vas caminando por las calles que parecen compartir tu soledad, y en el intento de desenredar lo que pronto iba a estar en tus oídos haces un movimiento brusco y te golpeas la mano contra una reja. Golpe seco, en un dedo... Es raro. Te doblas del dolor y no entendes el por qué. Fue un golpe leve, has recibido peores.
Cuando el cuerpo está frío, los golpes duelen el doble. Lo mismo pasa con el alma.
Ya habías decidido dejar de querer, estabas prendido fuego en amor y aún así quedaste sólo, ¿para qué volver a encender esa mecha?
Sin embargo, desde entonces cada golpe que te dio la vida te dolió un poco más. Y más. Y más.
Pensaste que eras inmune a esas reacciones, no entendes por qué duelen tanto si ya está, sos frío como entendías que la vida te decía que fueras.
Y ahí comprendiste. Fuiste un infierno en el acto de amar, pero tenías ese calor que amortiguaba los golpes, esos que dolían pero no tanto. Ahora sólo estas vos, vulnerable sin nada que te proteja, ni siquiera el incendio que es amarte a vos mismo. Amarse a uno mismo.
Quisieron ofrecerte volver a entrar sin matafuegos y te fuiste en silencio con patines de hielo en mano.
Ya dolió más de lo que debería, ya entendiste el juego y sus reglas.
En los ojos la complicidad, en la sonrisa el miedo. Esta vez no lo controlas.
¿Ardemos?

jueves, 9 de marzo de 2017

Se esconde tras mis ojos

Quizás fue enterarme todo de golpe a pesar de las leves sospechas que me venían acompañando. Quizás no, quizás fue reconocer lo que hace tanto sabía y día a día negaba.
Me reventó por cualquier parte posible el cariño que te tengo/tuve, me reventó que no te explotara el pecho como a mi cada vez que nos decíamos "chau" si en su momento era definitivo.
Me enloqueció cómo me conquistaste, haciendo que cada técnica pareciera habitual cuando en realidad era temporal, era sólo hasta que caiga. Me enloqueció que me hicieras sentir tan tuya sabiendo que nunca me agarraste.
Me entristeció que hoy me corras el pelo de la cara acompañándolo con un mimo en la misma (que es eso que haces cada vez que te das cuenta que sí... me queres, que a pesar de mis locuras y mi histeria puedo llegar a ser una loca linda, que la pasas bien conmigo... pero no, no va a haber más que eso) y al día siguiente hagas público que asuntos pendientes del pasado te siguen doliendo, te siguen pinchando ahí, donde creíste que se había vuelto insensible. Ahí, en el corazón. Me entristeció no poder vencer fantasmas pasados para que vuelvas a creer, a confiar.
Me enojó despedirme tantas veces y saber que íbamos a tener segundo round. Tercer round. Vigésimo round. Me enojó que vos también lo sepas, y que por eso no tomaras en serio mis dolores, el amor que requería despedirme de vos porque tal vez era lo mejor pero no para mi. Tal vez era lo mejor para mi también, pero eso no era lo que transmitían mis ojitos tristes al despedirme una vez más.
Me enrojeció que me piropees cuando menos lo esperaba. Me enrojeció que te dieras cuenta lo tanto que te quería mucho antes de que yo lo hiciera.
Fue disparejo el cariño. Fue dispareja la relación. También fueron disparejos nuestros objetivos a futuro.
Lo único parejo entre nosotros fue la sonrisa que se escapaba ni bien nos mirábamos a los ojos.

martes, 31 de enero de 2017

Aceptas que ya no te quiere como antes, o vos no queres como antes. Que lo que los unía decidió dar el ausente. Y lo más feo es no saber por qué se están distanciando, sólo saben que juntos en este momento no avanzan. Se quieren juntos pero creen que es mejor ir por separado, van separados y creen que es mejor estar juntos y así sucesivamente.
Cualquiera en tu intento de volver a probar con aquella persona te diría "figurita repetida no completa el álbum", pero a veces no se trata de completarlo, sino que resulte ser tu figurita preferida. Esa que ya pusiste en el álbum pero te sigue tocando y cada vez te gusta más, entonces la pegas en lugares donde las veas más a menudo para ponerte feliz.
Hay que abrir más la cabeza a la chance de que no siempre la ida y vuelta es por falta de amor, sino por falta de madurez o comprensión y ajustes para poder enganchar mejor. Puede ser la persona pero no el momento, podes esperar o te pueden estar esperando.
Todo a su tiempo. Un principio. Una relación. Una separación. Un camino para dos que se convierte en uno. Un camino para uno que se convierte en dos.
En cualquier circunstancia te vas a creer incapaz, hasta que llega. O se acepta la diferencia de cariño o se disfruta una misma sintonía y se apuesta por el premio que ambos saben que merecen.
Crecer.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Más allá del dicho

A veces está bueno no tomarnos las cosas de manera tan literal. Como por ejemplo cuando tu pareja te insiste en sacarse una foto, no es de molesto, es querer tener un recuerdo. Quizás, si la circunstancia de la foto lo permite, poder compartir ese instante a seres queridos, orgullosos de decir "mira a quién tenemos al lado".
Están tan aterrados a lo que el amor conlleva, que cualquier tipo de demostración tiene que estar atada a un determinado tiempo de relación. Bah... de eso que tienen ahí, no de relación porque eso ya suena "muy serio".
Varias personas suelen ver a la mujer como propensa al enamoramiento, y al hombre sólo una persona que con sexo ya está bien, tranquilo. Tal vez feliz. Este tipo de generalización llegó a tal punto que si vemos al hombre demostrando más que la mujer no paramos de hablar de eso, "no se puede creer".
Todo este cuento estaría dejando de ser fábula, porque está pasando realmente. La mayoría de las mujeres se sorprende si ellos demuestran, que nos pidan una foto es grande, que nos presenten a los amigos es gigante y ya querer presentarnos a la familia es impensado.
La mayoría de los hombres tiene un pasado que los lastimó, y al no querer que pase de nuevo, se privan de demostrar ciertas cosas. De todas maneras, les encanta recibir gestos de cariño.
Estamos a una altura del partido en la que, en una manera rara y todavía casi imposible de explicar, nos encontramos en un punto medio. Todos queremos lo mismo, algunos se animan, otros no. Unos quieren que el otro apueste todo para ver si encuentra esa seguridad que la anterior relación desvirtuó, otros apuestan ya que lograr que la otra persona se anime gracias a su esfuerzo demuestra muchísimo cariño y coraje. Éste es muy importante en cualquier "algo" que dos personas puedan llegar a tener.
Sáquense más fotos, presenten, "hablen de" con sonrisa de oreja a oreja y brillo en los ojos.
Querer no los hace débiles. No sos iluso por caer en esa red... perdete, enredate, en todo ese quilombo la vas a pasar bien, ¿y lo mejor? La risa va a ser compartida.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Amor, según la actualidad

Acá nos tienen. Midiendo la atención en "me gusta", calculando la importancia dependiendo de los minutos en los que tardan en contestarnos un mensaje privado en Facebook, Twitter, Instagram o un simple Whatsapp. Asegurando una molestia que el otro puede llegar a sentir porque los tildes pasaron de ser grises a azules y su "en línea" pasó a ser un registro de su última conexión. Y ahí te asustas, porque ¿qué está haciendo que no contesta? Ya está, se enojó. Y te pones a repasar todo lo que pasó a ver qué pudo haberle molestado. Toda esta crisis puede durar dos minutos, el tiempo que tardó la otra persona en, tal vez, ir a buscarse una taza de café. Porque somos enfermos, adictos a la tecnología. Me incluyo.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.