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miércoles, 22 de julio de 2020

Bien querido

20-06-2020

Qué lindo que era decirte amor. Lo extraño, sí. Tu nombre te identifica pero ay, decirte amor... Era personificar un sentir. Todo eso que muestran en las películas llenas de idealizaciones, donde todo sale bien y no paras de reír. Todo eso que vemos en la vida real, las fallas y los aciertos que hacen de nuestros días un motivo para proyectar. El lugar de calma y locura en su medida justa. Decirte amor, era mi forma de hacer tangible mis anhelos.
Decirte amor, era saber que todo lo lindo y sano estaba en vos.
Tu nombre es hermoso, fui fan de decirlo mil veces, pero qué lindo te quedaba el "amor". Y sin comillas cambia la oración, pero también te quedaba lindo.
Nos quedaba re lindo amarnos.
Fuimos directo a lo serio y nos faltó jugar un poco al noviazgo.
Quizás podemos arrancar el partido ahora, ya puse ambos joystick.
Qué se yo, te extrañé mucho como para no reencontrarte.
Aún te extraño.
Te queda lindo quererme.
Me queda lindo quererte.
Nos queda lindo reírnos.
¿No ves que te queda lindo el amor?

sábado, 6 de junio de 2020

Legos

Ufff podemos jugar a muchas cosas, eh. Si querés jugamos a las coincidencias. Vos me decís que te gusta la pizza, yo te digo que a mi también y empiezo a flashear que estamos destinados a ser.
Si querés jugamos a las idealizaciones. Me mandas una selfie desayunando y te digo que no existe nadie más lindo que vos.
También podemos jugar al yo me acuerdo.
Vos me contas algo que te haya gustado de chico, y yo muevo todo mi calendario para conseguirlo y regalártelo.
Y como toque final, antes de ir a dormir podemos jugar un rato a imaginarnos. Estamos en cuarentena, pero yo te armo el diálogo como si estuviéramos bajo el mismo techo. Hasta te pido que me prestes una remera para dormir, e indudablemente nos vamos a imaginar tapándonos hasta la nuca y cuchareando. Todo bien cursi.
Te propongo estos juegos, hasta que te los creas.
Hasta que sea el famoso "era joda y quedó".
Que haya coincidencias hasta en las diferencias. Que las idealizaciones pasen a ser un "te elijo". Que acordarme de algo que te marcó no sea para impresionarte, sino porque me importa cómo estás.
Y, por último, que realmente me prestes tu remera para dormir, y podamos acostarnos juntos pensando "al fin".

sábado, 9 de mayo de 2020

Cinco minutos más

No te despiertes que me voy. Quedate un rato más en la cama. Si querés no hablamos, nos podemos hacer los dormidos, pero si te despertas me voy a tener que ir.
No me quiero ir. Me tengo que ir por tu bien, pero no lo quiero hacer.
Sí, la situación nos la complicó el doble y pensamos ser caos hace 6 horas. En ese bardo de palabras y confesiones, nos vimos. Nos tocó el ego y la fantasía no habernos mostrado un toque más enteros, medio que quisimos tirar el tablero, pero ahí estuvimos.
Hace tiempo escribí "no hay acto más sincero que el espontáneo". En este caso, nuestro impulso fue contarnos las malas y las peores antes de saber nuestros nombres. ¿Quién puede decir si estuvo bien o mal?
Yo pensé que te lastimé al escuchar, vos pensaste que me lastimaste al hablar. Y viceversa.
Ahí nació la culpa, pero no por el otro. La culpa que sentimos por vernos rotos, más que por mostrarnos de ese modo.
La culpa de sentirnos incapaces de apagar esta radio que desde hace meses nos pasa publicidad de angustias y tristezas.
Ahí también nació otra perspectiva. Ni yo sentí mal verte vulnerable, ni vos conmigo. De todas formas, había culpa.
¿Cómo explicarte que no fue terremoto el supuesto sismo?
Acá me visita la incertidumbre, agarrada de la mano con mis ganas.
Si lloré fue por no poder abrazarte.
En el abrazo estaba todo. Era lo que más necesitaba cada uno y ninguno se atrevió a pedir... Hasta que me tuve que ir. Casi al unísono lo solicitamos. Un abrazo fuerte, que no quería oler a despedida. Te quiero, te quiero.
Y así como te quiero, dibujo formas de seguir presente.
Pagaste la entrada porque el trailer te gustó, y ahora tenés miedo de ver la película.
Vení, entra conmigo al cine. Traje los pochoclos.

lunes, 30 de marzo de 2020

Algún chat: despedime en un consejo.


- 23 de mayo 2019 -

Quizás me dolió en el momento, pero porque no entendía qué había pasado, pero uno crece y entiende que todo pasa por algo. A veces no es el momento, a veces no tiene que pasar.
Yo sé que no hubo malas intenciones de tu parte, eso se percibe al toque y me di cuenta. Pero que después de tanto tiempo reconozcas tu equivocación me pone contenta.
Estoy mambeada por lo afectados que estamos en cuanto a las relaciones afectivas ya sean amorosas, amistosas o familiares y lo alejados que estamos, cómo le damos bola a las boludeces en lugar de buscarnos en paz.
Entonces cosas como ésta me alegran.

Si querés hacer todo eso que me contás para tu vida, hacelo. Hay que lograr que el miedo sea constructivo y que no paralice. Sobre todo, para alguien que tiene una esencia tan abierta y emocional. Salga como salga, vas a volver cambiado, y está en vos que ese cambio sea constructivo.
La zona de confort suele tener eso, no te querés ir; pero no pensas que, si te vas, al volver va a seguir estando ahí, sin cambios, el que va a cambiar sos vos y vas a hacer de esa zona algo totalmente distinto.
Animate a más, siempre donde te sientas con ganas, hay chances. De lo que sea.
Te deseo lo mejor, que te sientas bien con vos mismo en cualquier aspecto y decisión que tomes. Y en lo que te equivoques, que sea aprendizaje. Y disfruta de las pequeñas cosas, que suelen ser las que más nos hacen sentir.

martes, 7 de enero de 2020

Anotame la doble

Y... Medio que me estoy enojando.
Le estoy dando besos en el cachete a la persona equivocada. Le relato mi día a día a unos oídos que no son los que yo quisiera. Me rodean en un abrazo unos brazos quizás sinceros, pero tu magia nadie la tiene.
Me miran con ternura, con ganas de más y yo sólo miro el reloj para saber cuánto falta para verte.
Pido perdón a los ojos no correspondidos, por tener la vista perdida. Enfocada, en realidad. No es que no me atraiga su calor, es que ya sé qué mirada quiero que me acompañe todos los días.
Busco compañía y nunca la encuentro, porque ninguna es la tuya.
Yo sé que el resto para mi es un pasatiempo. Hay que pasar el tiempo hasta que nos toque. Sí, vos y yo vamos a pasar.

¿Y cómo explicas un presentimiento?
Porque siempre que lo intento, me miran como si estuviera mal del bocho.

Me estoy enojando, sí. Porque estamos tardando más de lo que suponía.
No es que estemos llegando tarde a ningún lado, pero cada día que pasa es un día más imaginando y menos viviendo.
¿No te aburrió proyectar y no concretar? Porque a mi sí.
Imagino tantas cosas que, al abrir los ojos y no verte al lado mío, me parte el pecho.
Imaginé años de vivencias riéndome al lado tuyo, y no llegamos (aún) a mirarnos a los ojos desbordando de amor.

Walter Ong (filósofo que mira al ser humano como ser tecnológico) planteaba que la escritura logró plasmar en la realidad, un concepto que sólo existía en la mente.
¿No tenés ganas de saber qué escritura es la que nos traiga a la realidad? Porque en mi mente ya existimos, y si la escritura es abrir la puerta a esa vida, te tengo listo un libro con gustito a secuela.
Si escribir significa que seamos un hecho, ya preparé mis muñecas durante años.

Me perdí muchos abrazos por miedo, tantos que si te tengo en frente mío no te suelto más.

Muchos dicen que, donde querés contar eso bueno que te pasó en el día, ahí es. Acá es, pero no por eso. No te quiero contar sólo las buenas. Te contaría las malas, las raras, lo que soñé anoche y lo que quiero vivir mañana.
Quiero la pura realidad al lado tuyo, y que el cuento lo dibujemos nosotros.

Ahora me enojé. Vos y yo vamos a suceder.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Andaba en otra, al parecer en la misma que vos.

- 19/09/19 -


Iba a empezar a escribir este texto como empiezo los demás, planteando hipótesis sobre cómo  nos tomamos las relaciones. Casi todos mis escritos son de amor y desamor, yo juro que intenté escribir sobre otras cosas pero hay algo del tema que me tiene cautiva y parece ser que, con el pasar de los años, incrementa esa ambición por conocer de qué se trata. Nadie sabe ni sabrá de qué se trata. Sólo sienten algo en el pecho que no pueden explicar.

El amor después del amor.
Convencida de no volver a enamorarme, no porque no quisiera, sino porque estaba segura de que no iba a poder. La última relación que tuve había sido la más intensa de todas y el querer después de un amor así de fuerte cambia completamente. No sabría decirles si para mejor o peor, pero definitivamente cambia.

Dos años tardé en superar esa despedida. Me atormenté preguntándole a la nada misma (o al todo) qué había pasado, por qué "no fui suficiente", qué me había faltado... No quería saber más nada.
Supe que algo había cambiado luego de que, casi pasados los dos años, acepté el amor que le tenía y acepté, también, que nunca iba a dejar de quererlo.
Aceptar me trajo a la superación sin querer y fue ese mismo momento donde sentí paz, me sentí liberada porque ya no había ningún sentimiento negativo que me retrajera de disfrutar todas las cosas que me pasaban.
Tuve miedo de estar mintiéndome otra vez y a los pocos días volver a caer en el juego de las mil preguntas al destino, pero no pasó más y esa historia, por fin, pudo tener un cierre digno. Y ese cierre se lo dí yo, como tanto anhelé.

Uno nunca sabe qué va a ser de la vida de uno mismo dentro de dos años. O dos meses. Dos días o dos horas. Todo es impredecible.

Embelesada en toda esa distracción me pasaste vos.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Que parezca un accidente

Pero mira qué maldito. Coincidiendo conmigo hasta cuando ni sabía tu apellido.

Tenías la gorra tan baja que no te había podido ver bien la cara, de hecho creo que ni había notado tu presencia hasta que te escuché. Te cagaste de risa de la misma idiotez que yo y me di vuelta para ver quién eras.

"Debe ser un creído" Pensé, y ni bola. Pero todos los días tirabas una carcajada nueva. Mira qué maldito.

No pretendas que me acuerde qué día fue que hablamos por primera vez, todavía estoy fingiendo el papel de desinteresada.
Si querés te relato la primera vez que salimos. Bah, no salimos. Me invitaste a cenar a tu casa para hacer una tarea de grupo para un taller. Y el grupo éramos nosotros dos. "Le iba a decir a..." Mentira. Ninguno le iba a decir a nadie más. Nos queríamos solos. Queríamos saber qué carajo tenía el otro que nos llamaba la atención.
Quizás me empezaste a generar esas ganas de hacerme la desinteresada cuando me llamaste una hora antes de vernos para preguntarme con qué salsa quería comer los fideos. Uno finge desinterés cuando la otra persona le mueve el piso y tiene miedo de meterse en un quilombo, mucho más si acaba de salir de uno bien grande.
Yo estaba en el trabajo, pero aún así atendí el teléfono. Hay muchas cosas raras en esta secuencia. Por ejemplo, nosotros hablando por teléfono. O vos cocinando.
Te hiciste el ofendido porque pedí que tomemos una cerveza que según vos era "una cagada", y yo corté el teléfono riéndome y diciendo "qué tarado".
El "qué tarado" más pícaro que dije en ese último tiempo. Ese largo tiempo.
Fui con la inocencia intacta, hasta que pasé dos horas charlando con vos. Medio copete por esa cerveza, que era una cagada, pero me duplicó las risas. No paraste de hablar, ni de hacerme reír.
"Miramos un capítulo de Friends?" Tiré. Qué se yo, ya estábamos abrazados en la cama.

Ambos nos queríamos para algo casual. Pero pasó algo insólito, y es que no me podía aburrir. Creo que vos tampoco.
La segunda vuelta estabas mal de la panza, y te llevé unas galletitas Milka. Era como darle un whisky a un alcohólico en recuperación, pero vos me abrazaste igual, así que ya había ganado.
Me hiciste reír tanto que lloré. Nos tentamos mucho de risa esa tarde. Seguíamos sin entender qué pasaba, pero nos encantaba pasar el rato juntos.

Nos sentamos juntos a reírnos de cada palabra que se decía en la clase, probablemente fastidiamos a medio curso, pero a quién le importa. Éramos dos nenes de ocho años riéndose porque el profesor dijo "gas".

El tercer round fue un rescate en plena fiesta, yo pasada de copas y vos todo un señor. Vos podías estar con la que quieras, yo también, pero quisimos vernos. Así, improvisadamente. Como todo lo que nos venía pasando hasta ahora.
Me volviste a hacer reír, nos volvimos a abrazar.

Empecé a tener miedo, y ante la primer cosa que no me gustó, decidí alejarme. Por las cosas que habíamos hablado, no parecía que iba a terminar en algo bueno esto que nos pasaba, pero aún así no lo sentía de esa manera cuando nos veíamos.
Me distancié, volviste a ser indiferente para mi, hasta que nos volvimos a ver.

Pero mira qué maldito. Otra vez soltaste esa carcajada. La que es imposible hacerle frente y terminas riéndote a la par.

Viniste a parar en el mismo boliche que yo, en plenas vacaciones con mi amiga. Mira qué maldito. Coincidiendo conmigo hasta sin hablar.
Mi inconsciente no quiso cruzarse con el tuyo esa noche, escuchar esa risa de nuevo me iba a llevar a lo que creía que ya estaba solucionado.

Mira qué maldito, que me relataste lo que podríamos haber sido una vez que supiste (supusiste) que no me ibas a volver a ver.
Mira qué maldito, que lograste moverme el piso hasta sin tenerte cerca.
Mira qué maldito, que mandaste las rosas rojas más bellas e hiciste que llegaran a mi por una de las personas que más amo en el mundo.

Pero ojo, maldito, que así como te visité casi de milagro y en contra de cualquier pronóstico nuestro, puedo ser igual de maldita que vos y coincidir con tu vida hasta cuando menos lo esperemos.
No sé cómo ni cuándo, pero en una risa nos vamos a volver a encontrar.