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domingo, 1 de agosto de 2021

No me expliques, mostrame

La palabra tiene un poder en nosotros que aún no vislumbramos. Podría relatarte las cosas que haría por vos, lo grande que sos como persona, podría detallarte cada cosa linda que merecés y cómo me encargaría de que te llegue cada una de ellas. Tanto peso tiene mi habla, que aún sin hacer todo lo que mencioné, vos estarías feliz igual.

Abriría una puerta a todo lo que podría hacer por vos y para conseguir tu plenitud, y me creerías, incluso si yo no supiera tu apellido.

Llegaría un momento en el cual te sentirías vacío, porque no hice nada de lo que dije, pero te volvería a enumerar todo lo que podría hacer, y vos confiarías.
Si lees esto e invertís los personajes, entenderías lo que atravieso.
Palabras justas por montón, promesas sin base con aire a solución, miradas y caricias para sanar el corazón y ni un hecho que respalde el gran supuesto amor.
Manifiesto que conozco el paseo de memoria, y me anticipo a las oraciones del otro. Me van a jurar un cariño que no van a poder sostener, pero siempre los escucho igual, con la esperanza de que alguno reviente mi pronóstico, y me muestre algo distinto.
Querer es cuidar, al menos en mi idioma. Es evitar lágrimas a toda costa, traer paz después de tanta guerra y ocuparse de construir un refugio donde cada vulnerabilidad sea escuchada y abrazada.
Se siente bien creer en lo que escuchamos, pero el viaje sería más intenso si lo comprobáramos también con nuestros ojos. Quieren ver para que el corazón sienta.
Demostrar lo que sentís va a hablar por vos. No tendrías que decirme que me querés. Yo ya lo sabría.
¿Te animás a lo tangible o permanecés en fantasías incompletas?

sábado, 22 de mayo de 2021

Belleza nocturna

Apareció después de dos meses, con un mensaje directo y concreto sobre lo que quería hacer. Me salió una risa sin querer, y al instante se me vinieron nuestros recuerdos. Buenos y malos. Lo que me llama la atención es que, aún habiendo pasado por situaciones poco agradables, cuando aparece es como si nada de eso tuviera peso.

Lo tiene, créanme. No soy igual desde aquella madrugada bajo la lluvia, soy mejor, pero aparece con su caradurez y automáticamente empieza el baile. Casi por instinto, la seducción toma control y nos vemos sometidos a un ida y vuelta de deseo que no cumplimos, sólo nos aferramos a la fantasía.
Creo que nos une la idea de tenernos, más que tenernos en sí. El imaginar tocarnos, y prometer que sucederá pronto, porque sabemos que no lo vamos a cumplir.
Me gusta llamarlo "El hermoso". Mis amigas ya lo identifican, no tiene sentido aprendernos el nombre. Si llega El hermoso, mis sentidos se reflejan en un carnaval carioca. La habitación presiente que, aún hablando diez minutos o una hora, su presencia hará eco.
Me tira videollamada y me alisto. Le veo la cara y sonrío. No lo extraño, pero me gusta que aparezca. Podría hasta pedirle que venga una vez al mes a renovarme la pasión. Soy socia vitalicia de esa boca.
Termina la llamada y me quedo mirando el techo, perpleja. Qué noche inesperada. Hace dos horas estaba llorando, ahora tengo su cara y sus caprichos acostados a mi lado. Hoy no cierro los ojos sola. Duermo con su impertinencia y los recuerdos que pocos conocen y nadie debe nombrar.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Un regreso de despedida

Me muero de frío y me acuerdo que la última vez que estuve así, fue cuando estuve en ropa interior apagando la luz para acostarme rápido al lado tuyo y taparnos con la frazada. Tu cuerpo cumplía la función de estufa, y el mío de abrojo.

De a poco entraba en buena temperatura, pero aun así no me separaba de vos. Tenías ese calor corporal que se sentía como estar en casa.
No sabía cómo abrazarte para abrazarte más. Aprovechaba la oscuridad y sonreía. Quizás, si me veías, me hubieses preguntado por qué lo hacía. Y yo no tenía el valor de decirte que estaba feliz.
Entre sueños, me acomodaba y buscaba otra posición para dormir, y vos siempre ibas a mi lado y me rodeabas con tu brazo.

Dormido, me dabas un beso en la frente y seguías roncando.
Hoy lo pienso y no soportaría a nadie que me ronque en el oído a las tres de la mañana. El tuyo era un regalo.
Mi sonrisa a oscuras, el calor, tu ronquido. Señales de que habías vuelto a casa.

Amargo deja vú

En cada beso que me das te pido, mentalmente, que no me mires así cuando terminemos. Esquivo el contacto visual, hago chistes como si fuéramos hermanos, te escapo.

Te reíste por lo que dije y cometí el grave error de verte a la cara. Me estabas mirando así.
Me asusta, me da pánico. Me veo reflejada en vos, y los veo reflejados en mi. Hoy estoy en el lugar de todo aquel que me rompió el corazón, y vos estás en el rol que siempre ocupé: ser quien da amor.
Me aterra estar tan cerca de convertirme en aquello que tanto sufrí, y no lo mereces.
Hay algo en vos que me gusta, pero no termino de entender por qué me quedo. Exactamente lo mismo que les pasaba a ellos conmigo, y yo no comprendía.
Por favor no me mires como si fuera lo que estabas esperando. No me sonrías con ternura, no me corresponde. No te puedo lastimar, me tengo miedo.
Desconozco este personaje en el que me veo caminando, y no quiero que seas el daño colateral.
Cada beso tuyo, cada caricia, cada segundo de atención que prestas en la intimidad... Todo eso es un don. Y sé que lo merezco, pero hoy no. No soy quien te imaginas. No te hagas esto.
No seas quien fui yo reiteradas veces. No te vayas a dormir preguntándote por qué no sos suficiente. No derrames ni una lágrima por mi. No cuestiones tus formas ni tu personalidad.
Porque te juro que esta vez, es en serio: no sos vos... Soy yo.

Evito ir

Todavía no sé si es buena o mala suerte, pero en los sueños aún te cruzo. Anoche viniste a uno de ellos. Recuerdo vernos en el baño de lo que parecía ser un boliche, y discutíamos por los problemas que tuvimos de verdad.

En los sueños pasan cosas que en la vida cotidiana son imposibles, como por ejemplo: volar, tener un dedo de más en cada mano, o no sentir dolor.
¿Sabes qué imposibilidad me hizo entender que lo que veía ahí no era real? En el sueño me respondías. De verdad, lo hacías. Te confrontaba por todo el mal que me hiciste, y me dabas respuestas concretas sobre tus motivos.
Algunos los daba por sentado, otros me reventaban de bronca, pero por lo menos estabas teniendo el coraje de decírmelo frente a frente.

Podría decir que es mala suerte cruzarte en ese plano, porque ya no quiero verte, pero qué lindo se siente tener la chance de presenciar tu actuación de hombre.
Me faltó mucho eso en esta dimensión. Cuántos mensajes habré enviado, para que no los contestes por veinte días y luego aparezcas diciendo "perdón, colgué".
En mi sueño me decías lo peor pero sin agredirme: "no me importa(s)".
Es lo que sé, pero nunca te animaste a decir en voz alta.
Ahora tengo miedo de dormirme. No quiero cruzarte de nuevo ahí. No quiero ver cómo elegís ser un hombre, sólo para romperme el corazón. No quiero darme cuenta que tal situación nunca existió.
No quiero tener más decepciones, ya me diste muchas vos.


Si en los sueños ocurre lo imposible, prefiero entretenerme con el olvido antes que volver a padecerte.

miércoles, 20 de enero de 2021

Su beso, mi favorito.

Mi beso favorito tiene nombre y apellido, lugar y circunstancia. Tiene una particularidad, algo que lo destaca entre el resto, y es su capacidad de erizarme la piel siempre que lo recuerdo.

No fue un momento ese beso, fue el principio.

Ese beso es suyo, sólo él lo sabe dar. Lo tiene en sus labios como reserva, listo para repartirlo.

Me besó en la boca y me desorientó. La vista se me nubló y sólo atiné a buscar otro.

Me dejó repetir varias veces, hasta que se alejó. Lo volví a buscar, pero me miraba de lejos con sonrisa soberbia, lo cual me hacía delirar aún más. Él sabe el beso que posee. Y sabe también, el efecto que causa.

En un cuarto oscuro, luego de tanto deseo, nuestros labios se encontraron sin necesidad de buscarse. Estaban imantados, era cuestión de tiempo hasta que se den lo que necesitaban. Ese beso.

La lujuria nos saludó con calidez y esta vez, el beso conoció mi cuerpo.

Recorrió mi cuello, poniendo mis pelos de punta. Pasó por delante y por detrás, casi saludando. Cada parte de mi que visitaba, me hacía perder el foco.

Me paré frente a él, y me dejó su beso en mi pecho. Me marcó. Literal y metafóricamente.

Una marca violeta, producto de sus labios y dientes, que pedían con demencia comerme entera.

"Marco territorio" me dijo.

Nuestros cuerpos se fundieron en uno y yo sólo pensaba en repetir. No quería que dejemos de tenernos. 


Pasaron los días, y aquella marca violeta empezó a desvanecerse. Ahora es, apenas, una pequeña mancha marrón. Un moretón recuperándose.

No sé qué tipo de pensamiento retorcido es éste, pero no quiero que se vaya.

Es tu marca en mi piel.

Es testigo de una noche de pasión.

Es un beso tuyo que decidió quedarse en mí, y ahora aparenta irse. 


Tenés que renovar la marca. Vení y reclamá lo que es de tu propiedad. Dejá tu identidad en la mía. Que no quede un día sin que mi piel tenga la seña de un beso tuyo. Sea cual fuere la circunstancia, quiero que mi cuerpo tenga tu huella. 


Nunca permití que me dejen manchas, me sentía sucia. Dejaba que me den besos, pero no quería que queden rastros.

Ahora me pregunto, ¿cómo no voy a querer llevar la cicatriz de mi beso favorito?

viernes, 25 de diciembre de 2020

Pérdida

Me da ansiedad.

Tuve ataques, leves y fuertes, por muchos motivos. No podría enumerarlos, no me atrevería, pero de vos sí puedo hablar.
No sé cómo lo haces.
Día a día me demostraste que no quedaba nada, que ya nos teníamos que ir. Que dejar.
Con un dolor que me partía el pecho, te hice caso. Te dejé, todos los días. El lunes me olvidé los piropos que me decías. El martes repetí todo el día cada cosa que hiciste que me dolió. El miércoles no recordé tu perfume. El jueves olvidé el calor de tu pecho. El viernes tomé cerveza y me obligué a ni siquiera ver tus fotos en Instagram. El sábado y el vino me hicieron llorar porque ya no te conocía. El domingo la resaca no fue sólo por alcohol.

Al tiempo, verte por fotos ya no me angustiaba, te sentía desconocido. Me sentía ajena a nosotros, ya no recordaba lo que era amarte. Tenía una sensación extraña, como si le mostraras la foto de un conocido a alguien que perdió la memoria, y sabe que el de la imagen es un ser querido, pero no puede ni pronunciar su nombre.
Con ese gusto amargo a amnesia, seguí mis días.

Nos vimos otra vez, y estuve en modo avión hasta que volví a mi casa.
Estuvimos juntos, nos reímos de las mismas pendejadas de siempre.
Me viste jugar con el agua, te dí ternura, sonreíste y me pegaste a tu pecho mientras me sostenías acurrucada. Me diste besos en la frente, me hacías mimos. Buscaste mis besos después de mucho tiempo.
Pensé "qué hermoso momento... Si siguiera enamorada".

Nos fuimos a dormir, te trataba casi como a un amigo. Me acomodo de costado, lejos de tu cuerpo. "Vení a dormir acá" me dijiste. Con vergüenza, acepté. Tardé unos minutos, pero volví a la posición que tanto disfruté cuando te amaba: mi cabeza en tu pecho, mi brazo rodeando tu panza y mi pierna sobre la tuya.
Sí, por si no quedaba claro, mi lugar favorito era tu pecho.
La música fue justa. Me fui quedando dormida. Mi último pensamiento fue "qué linda imagen".
Me despertaba cada dos horas y seguíamos pegados, como la primer noche que dormimos juntos.

Nos fuimos rápido, apuré yo, pero antes te pedí sacarte una foto: estabas acurrucado en mis piernas mientras te hacía mimos en el pelo. La tengo todavía. Me mueve todavía.

Un beso de despedida. Chau.

Le cuento a mi amiga, le digo que no me sentía como antes. Mientras le relato la noche, empiezo a entender que te ví. Y poco a poco recupero la memoria. Y me da ansiedad. Te quiero ver de nuevo, necesito abrazarte de nuevo. Esta vez prestándote atención.
Me pongo a llorar, se me acelera el corazón.
Le pediría un abrazo a alguien, pero ninguno sería el tuyo.

No sé cómo haces, porque yo te había hecho caso. Te dejé todos los días, pero te veo y te recupero. No sé que tengo sed de vos, hasta que te tengo en frente.

Hay algo muy diferente entre nosotros, y eso no hay que negarlo. No es un cambio positivo, de hecho me entristece.
Pero logras que me dé taquicardia de sólo pensar que no te voy a abrazar más.

Siempre volvemos a nosotros. De maneras raras y no convencionales.
Sólo te pido que calmes mi ansiedad, viéndome una vez más.