Ella me pidió perdón por quebrarse adelante mío. Me repetía una y otra vez "perdón" y yo no entendía por qué. Siempre me dejaba buscando un "por qué" aquella situación. Siente que nada de lo que hace es suficiente, cuando es todo lo contrario. ¿Cuándo vamos a entender que nuestra mente es nuestra enemiga? Esa que nunca te reconoce todos tus esfuerzos, no te hace ver lo que conseguiste sino lo que te falta. Puede atormentar de maneras inexplicables y aún así somos necios y pensamos que lo mejor ante tomar una decisión es pensar con la cabeza.
Ella estaba enojada consigo misma, frustrada. ¿Por qué? Es lo que me sigo preguntando.
Sonreía mucho, jugaba, cantaba, y disfrutaba a pleno... pero algo pasaba que le hacía recordar los momentos oscuros por los que ya había pasado. En cada "casi" llanto se contenía. Al inundarse, me pedía perdón nuevamente.
Cansada de escuchar sus disculpas insólitas e incoherentes, le respondí "Llorar no es un crimen ni un pecado. Llorar es sentir" y entonces sonrió.
"Si no lloras, te inundas" leí una vez. Llorar tiene el mismo peso emocional que una risa. Hemos llorado por diversión y hemos reído para no llorar. Todo lo natural que signifique sentir, JAMAS puede ser mal visto.