lunes, 15 de agosto de 2016

¡Liberate!

¿A cuántos nos asusta la calma? Somos varios, creo yo. Algunos lo aceptan, otros no porque no les resulta lógico, porque claro... ¿a quién no le gusta la paz?
A mi. Al menos no en exceso. Es escuchar una canción que me baje a gran velocidad mis revoluciones, que me ayude a pensar un poco más claro y en el momento en que están por venir, cambio inmediatamente de música o me pongo a hacer algo.
Camino por la calle en un día soleado o un lindo feo día (lluvioso y lleno de parsimonia) y siento felicidad, tanta que siento que están por venir y me agarra ansiedad.
A quiénes me refiero deben preguntarse y la respuesta es: lágrimas.
Los que son como yo, se quieren demasiado como para verse mal. Si sé que puedo estar mejor, ¿por qué lloraría?
¡Para descargar! Como dije una vez, llorar es sentir. Cómo podemos siquiera pensar en privarnos de eso. Nos dan ganas de llorar en momentos de pura paz porque tenemos demasiados asuntos guardados bajo la alfombra y ya no se pueden ocultar más. Necesitan ser eliminados, resueltos. Ese mismo poder de decisión para aguantarse el nudo en la garganta debería aparecer a la hora de resolver inconvenientes.
La próxima vez que estés en privado o público y tengas un nudo de angustia, desatalo. ¿Qué? ¿Te da vergüenza? ¿Sentís que no podrías mostrarte vulnerable porque eso te haría quedar débil ante el resto? Por favor... Todo el mundo sufre de angustia, incluso ataques de risa en público que por timidez, reprimen. No les da vergüenza empujar y no pedir disculpas pero sí demostrar sentimientos. Hay que ser más justo con uno mismo y dejar que las emociones surjan sin ningún tipo de restricción.
Disfruta tu momento de tranquilidad y si éste te genera ganas de llorar, hacelo. ¿De reír? Hacelo.
¡Liberate de tus propios encierros!

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