jueves, 30 de noviembre de 2017

Hazme sentir y te diré quién eres (parte 2)

Mi confianza en vos era plena, aunque yo no me sentía (en amor) completa.
No sabes cuánto amor me costó dejarte ir, pero yo confiaba en que ibas a venir. Me equivoqué, otra vez, el pasaje decía "sólo ida" en su revés.
Y si lloro no lo tomes personal, sólo no entiendo cómo quisiste accionar.
Espero seas feliz, ex amor, yo también lo soy.
Son algunas noches las que me hacen pensar en vos.
Me entristece recordarte de esta manera, lo que antes era idolatrarte ahora se convierte en espera.
Esperar una respuesta al por qué encontrar un motivo me cuesta, para volver a pensarte con amor.
Elegiste seguir con amnesia e interpretar al tipo alegre, sin pensar que lastimarias a esta tipa en breve.
No es la distancia lo que me duele, corazón, es la arrogancia con la que presumís el olvido de este amor.
Sos un recuerdo, todavía no sé si triste o bueno, te diría que depende de vos... Pero decidiste decirme "más no juego".
Duele recordarte con más bronca que nostalgia, yo sé que en el fondo lo sabes, vos y yo fuimos magia.

Hazme sentir y te diré quien eres (parte 1)

Te desconocí cuando jugaste al extraño, y antes de tirar las cartas me cantaste olvido, eso que tantas veces te dije que le tenía miedo.
No creo en eternidades físicas, pero si sentimentales.
Me decías "no puedo ser feliz?" cuando era lo que más me importaba, que te permitieras serlo. Me acusabas de culpable por pensar más en tu felicidad que en la mía, y tenías razón, pero a esas locuras te lleva el amor.
Enojada sigo y dudo mucho poder perdonar, ¿cómo dejar pasar la noche en la que me enseñaste a dejarte de amar?

lunes, 14 de agosto de 2017

Era el otro

Salgo de mi clase de danza cansada, con las piernas pidiendo descanso y mi cabeza repasando las coreografías para practicarlas en casa. Voy a la parada del colectivo y veo que vienen dos de la misma línea. El primero está más cerca que el segundo, seducen las ganas de llegar más rápido y me detienen mis ganas de descansar en el viaje. Grandes chances de que el segundo venga con asientos disponibles, pero no quisiera perderme cualquiera de los dos por tardar en decidir. Subirme al segundo es arriesgarme a perder el primero y quedarme con la duda si va a venir mejor o peor que el que acabo de perder. No estoy para eso. Mejor me subo al primero, quizás viajaré parada y con incomodidades, pero al menos llego más rápido (si el tránsito y el automóvil lo permiten). A los pocos minutos pasa el segundo colectivo por el costado y veo que estaba vacío con varios asientos disponibles. Me enojo conmigo misma por no haberme arriesgado, estoy cansada y me perdí la chance de descansar en el viaje sólo por el miedo a no saber lo que venía. Resultó ser que esa incertidumbre venía de la mano con relajo y disfrute.
Nos perdemos oportunidades sólo por ser desconocidas, sin tener en cuenta que lo conocido no siempre termina siendo bueno.
El instinto (si es bien distinguido del miedo y/o paranoia) puede ser tu gran amigo.
Confiá.

jueves, 6 de julio de 2017

Sigo yo

De repente te ves buscandote y no te encontras. No entendes qué pasa si siempre estuviste ahí. Gritas, golpeas cosas para llamar la atención y aún así nadie responde. La frustración te ciega y lloras de la bronca que conlleva no poder darte una mano en eso que tanto te preocupa. Recurris a la introspección, a la memoria.
"Quiero dedicarme a lo que me gusta, después si no tengo éxito aplico a trabajos de otro rubro." Intentabas explicarle a tu familia, mientras que ellos insistían en que tenías que empezar el terciario y ocuparte en una carrera que tenga salida laboral, de no ser así en unos años tendrías problemas económicos.
Aceptaste su petición y ahí comenzaste a caminar un círculo de vida que no te pertenecía, sin darte cuenta que dejabas en el camino ciertos detalles.
Ahora te focalizas en cumplir con la rutina, sólo acudís a las risas si tenes tiempo.
"No quiero involucrarme en una relación, a penas tengo tiempo para mi." 
Tratabas de explicarle a tu compañero/a que tenías al lado para que no haya malentendidos. Observas cómo llora, no querés decepcionar al igual que no quisiste decepcionar a tu familia. Accedes.
Dejaste de saber qué te gusta, sólo tratas de que nadie se decepcione de vos.
Un día te necesitas, tanto la circunstancia como vos piden que aparezcas para poder resolverte.
En vez de alguien pasaste a ser los deseos de tu familia, tu carrera, tu estado civil.
No pensaste que iba a ser tan brusco el cambio si satisfacías al resto, hasta que empezaste a sentirte vacío.
Te diste cuenta que no podes sentir que estas lleno si faltas vos, que sos tu eje.
Sólo vos podes resolver todo lo que se te cruce en el camino, después vas a encontrar (o reencontrarte) con quienes tengas que caminar a la par.
¿No te extrañas?

martes, 20 de junio de 2017

Jugador

Noche fría en Buenos Aires, cinco grados de sensación térmica y te olvidaste los guantes. Juntas las manos e intentas de darle calor con un soplido y después las haces acariciarse para que se mantenga un poco más ese placentero momento entre tanto viento. Sacas el celular y los auriculares mientras vas caminando por las calles que parecen compartir tu soledad, y en el intento de desenredar lo que pronto iba a estar en tus oídos haces un movimiento brusco y te golpeas la mano contra una reja. Golpe seco, en un dedo... Es raro. Te doblas del dolor y no entendes el por qué. Fue un golpe leve, has recibido peores.
Cuando el cuerpo está frío, los golpes duelen el doble. Lo mismo pasa con el alma.
Ya habías decidido dejar de querer, estabas prendido fuego en amor y aún así quedaste sólo, ¿para qué volver a encender esa mecha?
Sin embargo, desde entonces cada golpe que te dio la vida te dolió un poco más. Y más. Y más.
Pensaste que eras inmune a esas reacciones, no entendes por qué duelen tanto si ya está, sos frío como entendías que la vida te decía que fueras.
Y ahí comprendiste. Fuiste un infierno en el acto de amar, pero tenías ese calor que amortiguaba los golpes, esos que dolían pero no tanto. Ahora sólo estas vos, vulnerable sin nada que te proteja, ni siquiera el incendio que es amarte a vos mismo. Amarse a uno mismo.
Quisieron ofrecerte volver a entrar sin matafuegos y te fuiste en silencio con patines de hielo en mano.
Ya dolió más de lo que debería, ya entendiste el juego y sus reglas.
En los ojos la complicidad, en la sonrisa el miedo. Esta vez no lo controlas.
¿Ardemos?

jueves, 9 de marzo de 2017

Se esconde tras mis ojos

Quizás fue enterarme todo de golpe a pesar de las leves sospechas que me venían acompañando. Quizás no, quizás fue reconocer lo que hace tanto sabía y día a día negaba.
Me reventó por cualquier parte posible el cariño que te tengo/tuve, me reventó que no te explotara el pecho como a mi cada vez que nos decíamos "chau" si en su momento era definitivo.
Me enloqueció cómo me conquistaste, haciendo que cada técnica pareciera habitual cuando en realidad era temporal, era sólo hasta que caiga. Me enloqueció que me hicieras sentir tan tuya sabiendo que nunca me agarraste.
Me entristeció que hoy me corras el pelo de la cara acompañándolo con un mimo en la misma (que es eso que haces cada vez que te das cuenta que sí... me queres, que a pesar de mis locuras y mi histeria puedo llegar a ser una loca linda, que la pasas bien conmigo... pero no, no va a haber más que eso) y al día siguiente hagas público que asuntos pendientes del pasado te siguen doliendo, te siguen pinchando ahí, donde creíste que se había vuelto insensible. Ahí, en el corazón. Me entristeció no poder vencer fantasmas pasados para que vuelvas a creer, a confiar.
Me enojó despedirme tantas veces y saber que íbamos a tener segundo round. Tercer round. Vigésimo round. Me enojó que vos también lo sepas, y que por eso no tomaras en serio mis dolores, el amor que requería despedirme de vos porque tal vez era lo mejor pero no para mi. Tal vez era lo mejor para mi también, pero eso no era lo que transmitían mis ojitos tristes al despedirme una vez más.
Me enrojeció que me piropees cuando menos lo esperaba. Me enrojeció que te dieras cuenta lo tanto que te quería mucho antes de que yo lo hiciera.
Fue disparejo el cariño. Fue dispareja la relación. También fueron disparejos nuestros objetivos a futuro.
Lo único parejo entre nosotros fue la sonrisa que se escapaba ni bien nos mirábamos a los ojos.

martes, 31 de enero de 2017

Aceptas que ya no te quiere como antes, o vos no queres como antes. Que lo que los unía decidió dar el ausente. Y lo más feo es no saber por qué se están distanciando, sólo saben que juntos en este momento no avanzan. Se quieren juntos pero creen que es mejor ir por separado, van separados y creen que es mejor estar juntos y así sucesivamente.
Cualquiera en tu intento de volver a probar con aquella persona te diría "figurita repetida no completa el álbum", pero a veces no se trata de completarlo, sino que resulte ser tu figurita preferida. Esa que ya pusiste en el álbum pero te sigue tocando y cada vez te gusta más, entonces la pegas en lugares donde las veas más a menudo para ponerte feliz.
Hay que abrir más la cabeza a la chance de que no siempre la ida y vuelta es por falta de amor, sino por falta de madurez o comprensión y ajustes para poder enganchar mejor. Puede ser la persona pero no el momento, podes esperar o te pueden estar esperando.
Todo a su tiempo. Un principio. Una relación. Una separación. Un camino para dos que se convierte en uno. Un camino para uno que se convierte en dos.
En cualquier circunstancia te vas a creer incapaz, hasta que llega. O se acepta la diferencia de cariño o se disfruta una misma sintonía y se apuesta por el premio que ambos saben que merecen.
Crecer.