lunes, 27 de agosto de 2018

Y así fue

"Y confieso, muchas noches me fui a dormir preguntándome si nunca te dolió romperme el alma así. Pasan los días y sigo esperando que llames, que te disculpes y que sólo quieras verme feliz. Recordame eso bueno que en vos vi. Justifica el amor que tanto te tuve y ahora perdí."
Así suenan los escritos de un análisis sin retorno.
Es un proceso, una evolución. Entenderlo cuesta pero te endereza.
Cuando se ama así de fuerte uno piensa que nada es imposible, se cree héroe de su acompañante y hasta intenta borrarle esos laberintos en los que solos se metieron y solos deberán salir.
Es difícil distinguir en qué momento ese amor empieza a transformarse en dependencia, una triste y oscura dependencia en la cual te olvidas de vos mismo y haces lo que sea por mantenerla.
Empiezan a ser tóxicos, quizás sin intención, pero se les va de las manos.
Ya no aguanto estar con vos pero no me podes ni te puedo dejar. Tenemos que estar aunque nos duela, ¿cómo vamos a estar sólos? 
Acá estoy cómodo, ¿no ves? 
Acostate, toma algo, ya pongo una película. Mejor vayamos a dormir, si... Quedate, pero no me abraces, me haces sentir eso que no quiero. Esa culpa por seguir con algo que tendría que haber parado hace rato.
No saques fotos, sin recordatorio es más sencillo olvidar. 
¿No lo entendes? No quieras involucrarnos más, va a ser más duro el adiós. Si, te quiero (pero no quiero estar más con vos).
No puedo estar sin vos, no me dejes. Quedate a dormir otra vez, pero no me abraces, no quiero llorar soledad.
¿Por qué te querés ir? ¿No ves que así estamos bien? No me preguntes más por lo que siento, no nos lastimes.
Si querés nos damos un tiempo, pero no me dejes de hablar, solo no puedo estar.
¿Por qué me devolvés mis cosas? ¿Estas queriendo terminar? Pensé que podíamos llegar.
No nos veamos más, pero primero contame cómo estas.
No sé si te extraño, pero solo no puedo estar.
Te dije que si, te dije que te quiero. ¿Podes parar? Tu inseguridad despierta la mía y ella está escondida hace tiempo.
Controlate como yo lo hago.
No sé cómo pasó pero hasta los abrazos me duelen.
Vos y yo sabemos que ya no podemos más, la cabeza quiere frenar y el corazón quiere dejar de jugar.
Para... No puedo salir. Por favor no nos llores más, ahora también yo me quiero ir.
Estar solo me atormenta, me hace pensar en mis errores, me lamenta.
La paso mal pero con vos no quiero seguir. No puedo seguir.
Alejate. Me recordas la enfermedad.
Por las dudas guardo tu número, por si me vuelve a asustar mi realidad.
No, borralo. No soy la solución, fuimos el problema. Lo bueno nos duró poco, tan poco que cuesta destacarlo.
Oscuridad, necesidad.
No me hagas reír, me hace pensar que ahora sí vamos a ser algo normal.
Dejame ser.
Tu forma no va con la mía.
Nunca lo fue.
Lo dije pero no me escuchaste.
Basta, ¿otra vez lo mismo?
¿Viste eso? Estamos encerrados.
A la cuenta de tres date vuelta y corré. No mires para atrás, de nada sirve, salgamos de la toxicidad.
No preguntes más, yo ya no existo.
Si te cruzo por la mente, que sea para remarcar lo que no querés repetir nunca más.
Ninguna relación que te haga sentir pequeño/a debe prosperar, mucho menos volverse una necesidad.
Estoy afuera. Me analicé. Estoy yendo hacia lo que abandoné.
Esa caja donde nos guardaba ya no está más, y mi enfermedad en esa historia quedará.
Y así fue cómo me alejé de esos infiernos disfrazados de permanencia.
Cualquier pregunta que a esa tóxica anécdota haga referencia, diré que no tiene respuesta.
Gracias por el espacio y la birra, traeme la cuenta.
A este bar no vuelvo más.




No hay comentarios:

Publicar un comentario