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martes, 28 de septiembre de 2021

Mi credo

Desde hace años, precisamente desde el 2012, estudio el concepto de amor constantemente. Lo vivo, lo atravieso, también lo he sufrido. Consumí idealizaciones y creé las mías, rechacé por miedo y acepté con valor.

Son tantas las definiciones que defendí en todo este tiempo, que comienzo a creer que no es una entre tantas, son todas. Sí, el amor tiene que ser simple, pero también tiene que trabajarse. Sí, te tienen que dar todo lo lindo que merecés, y a su vez, podés enseñar de qué se trata todo eso.
Mientras vos tenés una cantidad de experiencias imponentes, el otro cuenta con menos, y quizás ni logró prestarle atención.
Ahí entro en el limbo. ¿Cuándo está bien quedarse? ¿Por qué tengo que explicar cómo quiero que me quieran?
Hablo conmigo misma, discuto, lloro, algunas veces me doy la razón. Y unas pocas, me doy lujos. Como vos.
El placer de no querer analizar lo que sucede, simplemente caminarlo y darme cuenta en el viaje. ¿Entendés lo loco que suena?
Siguen mis temores, pero crece el impulso de no pensar y mandarme. De exponerme al prueba y error, de salir de la teoría que tanto me daña. ¿De qué sirve conocer cada palabra del diccionario y su significado si no sé cómo escribir?
Intenté dar cátedra del amor, de sus perspectivas, de sus duelos, formas, leyes... Cuando ni siquiera sabía dejarme querer.
"Hipócrita" no está entre los adjetivos que me definen, pero en ese período lo fui. Esto no invalida mi visión al tema, sino que me impulsa.
Bien, aprendiste cada rincón de la biblia.
¿Y si rezás?

domingo, 1 de agosto de 2021

No me expliques, mostrame

La palabra tiene un poder en nosotros que aún no vislumbramos. Podría relatarte las cosas que haría por vos, lo grande que sos como persona, podría detallarte cada cosa linda que merecés y cómo me encargaría de que te llegue cada una de ellas. Tanto peso tiene mi habla, que aún sin hacer todo lo que mencioné, vos estarías feliz igual.

Abriría una puerta a todo lo que podría hacer por vos y para conseguir tu plenitud, y me creerías, incluso si yo no supiera tu apellido.

Llegaría un momento en el cual te sentirías vacío, porque no hice nada de lo que dije, pero te volvería a enumerar todo lo que podría hacer, y vos confiarías.
Si lees esto e invertís los personajes, entenderías lo que atravieso.
Palabras justas por montón, promesas sin base con aire a solución, miradas y caricias para sanar el corazón y ni un hecho que respalde el gran supuesto amor.
Manifiesto que conozco el paseo de memoria, y me anticipo a las oraciones del otro. Me van a jurar un cariño que no van a poder sostener, pero siempre los escucho igual, con la esperanza de que alguno reviente mi pronóstico, y me muestre algo distinto.
Querer es cuidar, al menos en mi idioma. Es evitar lágrimas a toda costa, traer paz después de tanta guerra y ocuparse de construir un refugio donde cada vulnerabilidad sea escuchada y abrazada.
Se siente bien creer en lo que escuchamos, pero el viaje sería más intenso si lo comprobáramos también con nuestros ojos. Quieren ver para que el corazón sienta.
Demostrar lo que sentís va a hablar por vos. No tendrías que decirme que me querés. Yo ya lo sabría.
¿Te animás a lo tangible o permanecés en fantasías incompletas?

sábado, 22 de mayo de 2021

Belleza nocturna

Apareció después de dos meses, con un mensaje directo y concreto sobre lo que quería hacer. Me salió una risa sin querer, y al instante se me vinieron nuestros recuerdos. Buenos y malos. Lo que me llama la atención es que, aún habiendo pasado por situaciones poco agradables, cuando aparece es como si nada de eso tuviera peso.

Lo tiene, créanme. No soy igual desde aquella madrugada bajo la lluvia, soy mejor, pero aparece con su caradurez y automáticamente empieza el baile. Casi por instinto, la seducción toma control y nos vemos sometidos a un ida y vuelta de deseo que no cumplimos, sólo nos aferramos a la fantasía.
Creo que nos une la idea de tenernos, más que tenernos en sí. El imaginar tocarnos, y prometer que sucederá pronto, porque sabemos que no lo vamos a cumplir.
Me gusta llamarlo "El hermoso". Mis amigas ya lo identifican, no tiene sentido aprendernos el nombre. Si llega El hermoso, mis sentidos se reflejan en un carnaval carioca. La habitación presiente que, aún hablando diez minutos o una hora, su presencia hará eco.
Me tira videollamada y me alisto. Le veo la cara y sonrío. No lo extraño, pero me gusta que aparezca. Podría hasta pedirle que venga una vez al mes a renovarme la pasión. Soy socia vitalicia de esa boca.
Termina la llamada y me quedo mirando el techo, perpleja. Qué noche inesperada. Hace dos horas estaba llorando, ahora tengo su cara y sus caprichos acostados a mi lado. Hoy no cierro los ojos sola. Duermo con su impertinencia y los recuerdos que pocos conocen y nadie debe nombrar.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Un regreso de despedida

Me muero de frío y me acuerdo que la última vez que estuve así, fue cuando estuve en ropa interior apagando la luz para acostarme rápido al lado tuyo y taparnos con la frazada. Tu cuerpo cumplía la función de estufa, y el mío de abrojo.

De a poco entraba en buena temperatura, pero aun así no me separaba de vos. Tenías ese calor corporal que se sentía como estar en casa.
No sabía cómo abrazarte para abrazarte más. Aprovechaba la oscuridad y sonreía. Quizás, si me veías, me hubieses preguntado por qué lo hacía. Y yo no tenía el valor de decirte que estaba feliz.
Entre sueños, me acomodaba y buscaba otra posición para dormir, y vos siempre ibas a mi lado y me rodeabas con tu brazo.

Dormido, me dabas un beso en la frente y seguías roncando.
Hoy lo pienso y no soportaría a nadie que me ronque en el oído a las tres de la mañana. El tuyo era un regalo.
Mi sonrisa a oscuras, el calor, tu ronquido. Señales de que habías vuelto a casa.

Amargo deja vú

En cada beso que me das te pido, mentalmente, que no me mires así cuando terminemos. Esquivo el contacto visual, hago chistes como si fuéramos hermanos, te escapo.

Te reíste por lo que dije y cometí el grave error de verte a la cara. Me estabas mirando así.
Me asusta, me da pánico. Me veo reflejada en vos, y los veo reflejados en mi. Hoy estoy en el lugar de todo aquel que me rompió el corazón, y vos estás en el rol que siempre ocupé: ser quien da amor.
Me aterra estar tan cerca de convertirme en aquello que tanto sufrí, y no lo mereces.
Hay algo en vos que me gusta, pero no termino de entender por qué me quedo. Exactamente lo mismo que les pasaba a ellos conmigo, y yo no comprendía.
Por favor no me mires como si fuera lo que estabas esperando. No me sonrías con ternura, no me corresponde. No te puedo lastimar, me tengo miedo.
Desconozco este personaje en el que me veo caminando, y no quiero que seas el daño colateral.
Cada beso tuyo, cada caricia, cada segundo de atención que prestas en la intimidad... Todo eso es un don. Y sé que lo merezco, pero hoy no. No soy quien te imaginas. No te hagas esto.
No seas quien fui yo reiteradas veces. No te vayas a dormir preguntándote por qué no sos suficiente. No derrames ni una lágrima por mi. No cuestiones tus formas ni tu personalidad.
Porque te juro que esta vez, es en serio: no sos vos... Soy yo.

Evito ir

Todavía no sé si es buena o mala suerte, pero en los sueños aún te cruzo. Anoche viniste a uno de ellos. Recuerdo vernos en el baño de lo que parecía ser un boliche, y discutíamos por los problemas que tuvimos de verdad.

En los sueños pasan cosas que en la vida cotidiana son imposibles, como por ejemplo: volar, tener un dedo de más en cada mano, o no sentir dolor.
¿Sabes qué imposibilidad me hizo entender que lo que veía ahí no era real? En el sueño me respondías. De verdad, lo hacías. Te confrontaba por todo el mal que me hiciste, y me dabas respuestas concretas sobre tus motivos.
Algunos los daba por sentado, otros me reventaban de bronca, pero por lo menos estabas teniendo el coraje de decírmelo frente a frente.

Podría decir que es mala suerte cruzarte en ese plano, porque ya no quiero verte, pero qué lindo se siente tener la chance de presenciar tu actuación de hombre.
Me faltó mucho eso en esta dimensión. Cuántos mensajes habré enviado, para que no los contestes por veinte días y luego aparezcas diciendo "perdón, colgué".
En mi sueño me decías lo peor pero sin agredirme: "no me importa(s)".
Es lo que sé, pero nunca te animaste a decir en voz alta.
Ahora tengo miedo de dormirme. No quiero cruzarte de nuevo ahí. No quiero ver cómo elegís ser un hombre, sólo para romperme el corazón. No quiero darme cuenta que tal situación nunca existió.
No quiero tener más decepciones, ya me diste muchas vos.


Si en los sueños ocurre lo imposible, prefiero entretenerme con el olvido antes que volver a padecerte.

miércoles, 20 de enero de 2021

Su beso, mi favorito.

Mi beso favorito tiene nombre y apellido, lugar y circunstancia. Tiene una particularidad, algo que lo destaca entre el resto, y es su capacidad de erizarme la piel siempre que lo recuerdo.

No fue un momento ese beso, fue el principio.

Ese beso es suyo, sólo él lo sabe dar. Lo tiene en sus labios como reserva, listo para repartirlo.

Me besó en la boca y me desorientó. La vista se me nubló y sólo atiné a buscar otro.

Me dejó repetir varias veces, hasta que se alejó. Lo volví a buscar, pero me miraba de lejos con sonrisa soberbia, lo cual me hacía delirar aún más. Él sabe el beso que posee. Y sabe también, el efecto que causa.

En un cuarto oscuro, luego de tanto deseo, nuestros labios se encontraron sin necesidad de buscarse. Estaban imantados, era cuestión de tiempo hasta que se den lo que necesitaban. Ese beso.

La lujuria nos saludó con calidez y esta vez, el beso conoció mi cuerpo.

Recorrió mi cuello, poniendo mis pelos de punta. Pasó por delante y por detrás, casi saludando. Cada parte de mi que visitaba, me hacía perder el foco.

Me paré frente a él, y me dejó su beso en mi pecho. Me marcó. Literal y metafóricamente.

Una marca violeta, producto de sus labios y dientes, que pedían con demencia comerme entera.

"Marco territorio" me dijo.

Nuestros cuerpos se fundieron en uno y yo sólo pensaba en repetir. No quería que dejemos de tenernos. 


Pasaron los días, y aquella marca violeta empezó a desvanecerse. Ahora es, apenas, una pequeña mancha marrón. Un moretón recuperándose.

No sé qué tipo de pensamiento retorcido es éste, pero no quiero que se vaya.

Es tu marca en mi piel.

Es testigo de una noche de pasión.

Es un beso tuyo que decidió quedarse en mí, y ahora aparenta irse. 


Tenés que renovar la marca. Vení y reclamá lo que es de tu propiedad. Dejá tu identidad en la mía. Que no quede un día sin que mi piel tenga la seña de un beso tuyo. Sea cual fuere la circunstancia, quiero que mi cuerpo tenga tu huella. 


Nunca permití que me dejen manchas, me sentía sucia. Dejaba que me den besos, pero no quería que queden rastros.

Ahora me pregunto, ¿cómo no voy a querer llevar la cicatriz de mi beso favorito?