A veces está bueno no tomarnos las cosas de manera tan literal. Como por ejemplo cuando tu pareja te insiste en sacarse una foto, no es de molesto, es querer tener un recuerdo. Quizás, si la circunstancia de la foto lo permite, poder compartir ese instante a seres queridos, orgullosos de decir "mira a quién tenemos al lado".
Están tan aterrados a lo que el amor conlleva, que cualquier tipo de demostración tiene que estar atada a un determinado tiempo de relación. Bah... de eso que tienen ahí, no de relación porque eso ya suena "muy serio".
Varias personas suelen ver a la mujer como propensa al enamoramiento, y al hombre sólo una persona que con sexo ya está bien, tranquilo. Tal vez feliz. Este tipo de generalización llegó a tal punto que si vemos al hombre demostrando más que la mujer no paramos de hablar de eso, "no se puede creer".
Todo este cuento estaría dejando de ser fábula, porque está pasando realmente. La mayoría de las mujeres se sorprende si ellos demuestran, que nos pidan una foto es grande, que nos presenten a los amigos es gigante y ya querer presentarnos a la familia es impensado.
La mayoría de los hombres tiene un pasado que los lastimó, y al no querer que pase de nuevo, se privan de demostrar ciertas cosas. De todas maneras, les encanta recibir gestos de cariño.
Estamos a una altura del partido en la que, en una manera rara y todavía casi imposible de explicar, nos encontramos en un punto medio. Todos queremos lo mismo, algunos se animan, otros no. Unos quieren que el otro apueste todo para ver si encuentra esa seguridad que la anterior relación desvirtuó, otros apuestan ya que lograr que la otra persona se anime gracias a su esfuerzo demuestra muchísimo cariño y coraje. Éste es muy importante en cualquier "algo" que dos personas puedan llegar a tener.
Sáquense más fotos, presenten, "hablen de" con sonrisa de oreja a oreja y brillo en los ojos.
Querer no los hace débiles. No sos iluso por caer en esa red... perdete, enredate, en todo ese quilombo la vas a pasar bien, ¿y lo mejor? La risa va a ser compartida.
Y quizás el día menos esperado... ¡en una risa nos volvamos a encontrar!
jueves, 29 de diciembre de 2016
jueves, 10 de noviembre de 2016
Amor, según la actualidad
Acá nos tienen. Midiendo la atención en "me gusta", calculando la importancia dependiendo de los minutos en los que tardan en contestarnos un mensaje privado en Facebook, Twitter, Instagram o un simple Whatsapp. Asegurando una molestia que el otro puede llegar a sentir porque los tildes pasaron de ser grises a azules y su "en línea" pasó a ser un registro de su última conexión. Y ahí te asustas, porque ¿qué está haciendo que no contesta? Ya está, se enojó. Y te pones a repasar todo lo que pasó a ver qué pudo haberle molestado. Toda esta crisis puede durar dos minutos, el tiempo que tardó la otra persona en, tal vez, ir a buscarse una taza de café. Porque somos enfermos, adictos a la tecnología. Me incluyo.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Mi último respiro
Quise conocer. Quizás nuevas costumbres, nuevas experiencias... otras mentes y distintos puntos de vista. Compartir una cerveza y quizás fumar marihuana. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Me invaden los proyectos que tengo a futuro, siento que puedo llegar muy lejos en todo lo que me apasiona.
En el día de hoy te puedo contar que tomé mates con mi vieja, discutí con mi viejo por salir en pollera a la calle a las nueve de la noche. "Está peligroso" Me decía. Lo ignoré. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Amo la parsimonia de las noches, sean nubladas o divinamente despejadas. Es ese momento en el que la rutina frena y sólo hay momentos para compartir. Risas que esperan ser alcanzadas por muchos de nosotros en grandes juntadas. Y por grandes me refiero a esas que de tanto reír te duele la panza. Es un lindo dolor. Dije que iba acompañada de un amigo así no se preocupaban, pero la realidad es que me fui caminando sola gozando de la radio vía auriculares. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
En esta hermosa noche conocí a un chico, tiene veintidós años. Me lleva cinco años, pero mejor... los chicos de mi edad suelen ser inmaduros, yo quiero un hombre. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Ahí, esa misma persona la cual quise conocer, con la cual quise compartir una cerveza y comentarle mis proyectos. A quién aturdí con mi relato sobre la discusión con mi papá y hablaba sobre lo preciosa que estaba la noche para caminar en vez de estar encerrados en un boliche... Ahí lo decidió. Nunca voy a saber el por qué ni tampoco lo voy a poder entender, pero la decisión ya estaba tomada. Sin previo aviso, fue testigo de mi último respiro. Éste acompañado de lágrimas a punto de salir, de un grito ahogado en busca de ayuda y de moretones saliendo a la luz de la luna. "Que no haya sangre" piensa él. No se arrepiente. Me apretó muy fuerte cuando me resistí a que me tocara. Golpe en el ojo derecho. "Para, ¿qué te pasa?" le digo asustada ya presintiendo sus intenciones. Sus ojos fueron invadidos por malicia y aseguro que también tenía un aire enfermizo. Él estaba enfermo y lo podías notar a cuadras de distancia, pero yo en mi inocencia adolescente no lo percibí. "Gritas y termina peor" me respondía él. Forcejeando con ese chico al cual sólo quise hablarle y con quien quise caminar un rato en la noche que tanto me había gustado. La primer sonrisa que me había dirigido puedo jurar que era pura, ahora no sé en qué me metí. Yo era virgen, a él no le importó. Tenía muchos planes por delante, momentos que me estaban esperando pero a él seguía sin importarle.
Me mató. No sabe qué hacer conmigo ni cómo limpiarse. Quiere sacarse "este tema" de encima, para volver con sus amigos al boliche quizás, o ir en busca de otra mujer. Sí, diecisiete años pero soy mujer.
Decide llevarme a un arrollo y tirarme ahí, pero antes intenta enjuagarme un poco para que no sospechen en lo más mínimo. Hay miles de casos en la televisión que terminan inconclusos, ¿por qué éste iba a ser la excepción?
Pasó un mes. Dos. Tres meses. Extraño a mi familia y sé que ellos me extrañan por igual. Quiero volver a tomar mates con mamá, y discutir con papá sobre lo que sea. Me extraño. Me extraño soñando, planificando, durmiendo, hablando, RESPIRANDO.
¿Qué podría haber sido si seguía mi vida? ¿Hubiera tenido familia? ¿El amor de mi vida estaba cerca mío? ¿Cómo terminaba esa serie que tanto me apasionaba? ¿A dónde fueron a parar las palabras que tragué por miedo a arriesgarme? ¿Y las canciones que escribí?
Extraño esperar ansiosa los domingos para ir a la cancha, extraño escribir. Cantar, bailar.
Lo lindo que era estar en el pogo en pleno recital, lo interesante que era conocer gente nueva.
El miedo no me lo habían logrado transmitir sobre lo que estaba pasando, lamentablemente, en nuestro día a día.
No lo entendí hasta que decidieron por mí. Decidieron que mi último respiro tenía que ser así.
¿Por qué no se me concedió que fuera ya de vieja, durmiendo en mi cama? Cuánto morbo, cuánta maldad. En qué cabeza cabe.
Sucesos así ocurren todos los días. De distintas formas, a cualquier horario. ¿Mañana? No sé qué va a ser de mi mañana, si voy a tener suerte otro día más o qué. Sólo me quiero aferrar al pensamiento de que todo el horror en el que vivimos tiene que llevar a algún lado. Despertaron marchas en pleno centro, encendieron voces que por miedo callaban, duplicaron las ganas de vivir y pelear por nuestros derechos. Hoy grito "Ni una menos" por aquellas mujeres que tuvieron un último respiro por decisión ajena y aterradora. Hoy grito por quienes pasaron por situaciones alevosas y todavía no se animaron a hablar. Quiero ser su voz, la que encuentre fuerza hoy por hoy.
Que se haga justicia por cada sueño apagado, cada vida arrebatada, cada mujer ausente en familias desesperadas. Justicia. Cero violencia, por favor. MÁS AMOR POR FAVOR.
Sé que hay muchas historias por vivir y ninguna merece un final abrupto y escalofriante.
Ni una menos.
Me invaden los proyectos que tengo a futuro, siento que puedo llegar muy lejos en todo lo que me apasiona.
En el día de hoy te puedo contar que tomé mates con mi vieja, discutí con mi viejo por salir en pollera a la calle a las nueve de la noche. "Está peligroso" Me decía. Lo ignoré. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Amo la parsimonia de las noches, sean nubladas o divinamente despejadas. Es ese momento en el que la rutina frena y sólo hay momentos para compartir. Risas que esperan ser alcanzadas por muchos de nosotros en grandes juntadas. Y por grandes me refiero a esas que de tanto reír te duele la panza. Es un lindo dolor. Dije que iba acompañada de un amigo así no se preocupaban, pero la realidad es que me fui caminando sola gozando de la radio vía auriculares. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
En esta hermosa noche conocí a un chico, tiene veintidós años. Me lleva cinco años, pero mejor... los chicos de mi edad suelen ser inmaduros, yo quiero un hombre. ¿Qué? ¿Me vas a juzgar?
Ahí, esa misma persona la cual quise conocer, con la cual quise compartir una cerveza y comentarle mis proyectos. A quién aturdí con mi relato sobre la discusión con mi papá y hablaba sobre lo preciosa que estaba la noche para caminar en vez de estar encerrados en un boliche... Ahí lo decidió. Nunca voy a saber el por qué ni tampoco lo voy a poder entender, pero la decisión ya estaba tomada. Sin previo aviso, fue testigo de mi último respiro. Éste acompañado de lágrimas a punto de salir, de un grito ahogado en busca de ayuda y de moretones saliendo a la luz de la luna. "Que no haya sangre" piensa él. No se arrepiente. Me apretó muy fuerte cuando me resistí a que me tocara. Golpe en el ojo derecho. "Para, ¿qué te pasa?" le digo asustada ya presintiendo sus intenciones. Sus ojos fueron invadidos por malicia y aseguro que también tenía un aire enfermizo. Él estaba enfermo y lo podías notar a cuadras de distancia, pero yo en mi inocencia adolescente no lo percibí. "Gritas y termina peor" me respondía él. Forcejeando con ese chico al cual sólo quise hablarle y con quien quise caminar un rato en la noche que tanto me había gustado. La primer sonrisa que me había dirigido puedo jurar que era pura, ahora no sé en qué me metí. Yo era virgen, a él no le importó. Tenía muchos planes por delante, momentos que me estaban esperando pero a él seguía sin importarle.
Me mató. No sabe qué hacer conmigo ni cómo limpiarse. Quiere sacarse "este tema" de encima, para volver con sus amigos al boliche quizás, o ir en busca de otra mujer. Sí, diecisiete años pero soy mujer.
Decide llevarme a un arrollo y tirarme ahí, pero antes intenta enjuagarme un poco para que no sospechen en lo más mínimo. Hay miles de casos en la televisión que terminan inconclusos, ¿por qué éste iba a ser la excepción?
Pasó un mes. Dos. Tres meses. Extraño a mi familia y sé que ellos me extrañan por igual. Quiero volver a tomar mates con mamá, y discutir con papá sobre lo que sea. Me extraño. Me extraño soñando, planificando, durmiendo, hablando, RESPIRANDO.
¿Qué podría haber sido si seguía mi vida? ¿Hubiera tenido familia? ¿El amor de mi vida estaba cerca mío? ¿Cómo terminaba esa serie que tanto me apasionaba? ¿A dónde fueron a parar las palabras que tragué por miedo a arriesgarme? ¿Y las canciones que escribí?
Extraño esperar ansiosa los domingos para ir a la cancha, extraño escribir. Cantar, bailar.
Lo lindo que era estar en el pogo en pleno recital, lo interesante que era conocer gente nueva.
El miedo no me lo habían logrado transmitir sobre lo que estaba pasando, lamentablemente, en nuestro día a día.
No lo entendí hasta que decidieron por mí. Decidieron que mi último respiro tenía que ser así.
¿Por qué no se me concedió que fuera ya de vieja, durmiendo en mi cama? Cuánto morbo, cuánta maldad. En qué cabeza cabe.
Sucesos así ocurren todos los días. De distintas formas, a cualquier horario. ¿Mañana? No sé qué va a ser de mi mañana, si voy a tener suerte otro día más o qué. Sólo me quiero aferrar al pensamiento de que todo el horror en el que vivimos tiene que llevar a algún lado. Despertaron marchas en pleno centro, encendieron voces que por miedo callaban, duplicaron las ganas de vivir y pelear por nuestros derechos. Hoy grito "Ni una menos" por aquellas mujeres que tuvieron un último respiro por decisión ajena y aterradora. Hoy grito por quienes pasaron por situaciones alevosas y todavía no se animaron a hablar. Quiero ser su voz, la que encuentre fuerza hoy por hoy.
Que se haga justicia por cada sueño apagado, cada vida arrebatada, cada mujer ausente en familias desesperadas. Justicia. Cero violencia, por favor. MÁS AMOR POR FAVOR.
Sé que hay muchas historias por vivir y ninguna merece un final abrupto y escalofriante.
Ni una menos.
sábado, 27 de agosto de 2016
Decido no salir, pero me cantan punto de encuentro y horario por si me arrepiento. Porque ya me conocen, me contradigo hasta el cansancio.
¿Cómo mantenes una decisión elaborada por la cabeza si el pecho te explota después? El equilibrio más difícil de encontrar es ese, definir ciertas situaciones en las que bocho y corazón se mantengan serenos porque así tenía que ser.
No hay que darle tiempo al tiempo si lo que te pasa... pasa ahora. Si la contradicción toma las riendas de tu día a día, ¿de dónde sacas la habilidad para planear cosas a futuro? Hoy te fascina la lluvia, mañana te deprime. Querés todo de golpe, si llega así te sentís presionado y caminas en dirección contraria. Si no tenes nada te aburre, buscas innovación pero lo nuevo te asusta porque si sale mal ¿qué haces?
¿Cómo mantenes una decisión elaborada por la cabeza si el pecho te explota después? El equilibrio más difícil de encontrar es ese, definir ciertas situaciones en las que bocho y corazón se mantengan serenos porque así tenía que ser.
No hay que darle tiempo al tiempo si lo que te pasa... pasa ahora. Si la contradicción toma las riendas de tu día a día, ¿de dónde sacas la habilidad para planear cosas a futuro? Hoy te fascina la lluvia, mañana te deprime. Querés todo de golpe, si llega así te sentís presionado y caminas en dirección contraria. Si no tenes nada te aburre, buscas innovación pero lo nuevo te asusta porque si sale mal ¿qué haces?
lunes, 15 de agosto de 2016
¡Liberate!
¿A cuántos nos asusta la calma? Somos varios, creo yo. Algunos lo aceptan, otros no porque no les resulta lógico, porque claro... ¿a quién no le gusta la paz?
A mi. Al menos no en exceso. Es escuchar una canción que me baje a gran velocidad mis revoluciones, que me ayude a pensar un poco más claro y en el momento en que están por venir, cambio inmediatamente de música o me pongo a hacer algo.
Camino por la calle en un día soleado o un lindo feo día (lluvioso y lleno de parsimonia) y siento felicidad, tanta que siento que están por venir y me agarra ansiedad.
A quiénes me refiero deben preguntarse y la respuesta es: lágrimas.
Los que son como yo, se quieren demasiado como para verse mal. Si sé que puedo estar mejor, ¿por qué lloraría?
¡Para descargar! Como dije una vez, llorar es sentir. Cómo podemos siquiera pensar en privarnos de eso. Nos dan ganas de llorar en momentos de pura paz porque tenemos demasiados asuntos guardados bajo la alfombra y ya no se pueden ocultar más. Necesitan ser eliminados, resueltos. Ese mismo poder de decisión para aguantarse el nudo en la garganta debería aparecer a la hora de resolver inconvenientes.
La próxima vez que estés en privado o público y tengas un nudo de angustia, desatalo. ¿Qué? ¿Te da vergüenza? ¿Sentís que no podrías mostrarte vulnerable porque eso te haría quedar débil ante el resto? Por favor... Todo el mundo sufre de angustia, incluso ataques de risa en público que por timidez, reprimen. No les da vergüenza empujar y no pedir disculpas pero sí demostrar sentimientos. Hay que ser más justo con uno mismo y dejar que las emociones surjan sin ningún tipo de restricción.
Disfruta tu momento de tranquilidad y si éste te genera ganas de llorar, hacelo. ¿De reír? Hacelo.
¡Liberate de tus propios encierros!
A mi. Al menos no en exceso. Es escuchar una canción que me baje a gran velocidad mis revoluciones, que me ayude a pensar un poco más claro y en el momento en que están por venir, cambio inmediatamente de música o me pongo a hacer algo.
Camino por la calle en un día soleado o un lindo feo día (lluvioso y lleno de parsimonia) y siento felicidad, tanta que siento que están por venir y me agarra ansiedad.
A quiénes me refiero deben preguntarse y la respuesta es: lágrimas.
Los que son como yo, se quieren demasiado como para verse mal. Si sé que puedo estar mejor, ¿por qué lloraría?
¡Para descargar! Como dije una vez, llorar es sentir. Cómo podemos siquiera pensar en privarnos de eso. Nos dan ganas de llorar en momentos de pura paz porque tenemos demasiados asuntos guardados bajo la alfombra y ya no se pueden ocultar más. Necesitan ser eliminados, resueltos. Ese mismo poder de decisión para aguantarse el nudo en la garganta debería aparecer a la hora de resolver inconvenientes.
La próxima vez que estés en privado o público y tengas un nudo de angustia, desatalo. ¿Qué? ¿Te da vergüenza? ¿Sentís que no podrías mostrarte vulnerable porque eso te haría quedar débil ante el resto? Por favor... Todo el mundo sufre de angustia, incluso ataques de risa en público que por timidez, reprimen. No les da vergüenza empujar y no pedir disculpas pero sí demostrar sentimientos. Hay que ser más justo con uno mismo y dejar que las emociones surjan sin ningún tipo de restricción.
Disfruta tu momento de tranquilidad y si éste te genera ganas de llorar, hacelo. ¿De reír? Hacelo.
¡Liberate de tus propios encierros!
domingo, 24 de julio de 2016
Callate y sentí
Si me detengo a pensar en los momentos donde más sentí, puedo asegurar que el noventa porciento involucran silencios. Éstos estaban acompañados de abrazos o miradas. Besos en la frente o mimos. Ésas son las cosas que más transmiten a mi criterio ya que son espontáneas, no hay nada más sincero que el acto espontáneo. Una charla tiene un pensamiento previo ya que cualquier conversación quiere llegar a un fin, lograr un objetivo premeditado. En cambio las acciones que nombré recién no siempre tienen definido un por qué, simplemente son ganas. Ganas de abrazar, mirar, besar en la frente y mimar.
Abrazar porque sentís que el pecho te explota si no lo haces. Mirar porque la paz que te produce encontrarse en esa mirada tan profunda no se compara con nada, y podes mirar por segundos nada más pero éstos parecerán eternos. Besar en la frente porque sentís que callas un poco lo que tanto está aturdiendo la cabeza del otro. Mimar para que el otro sienta que de éste lado hay sostén y bastante firme.
Todos estos "por qué" los entiendo después de cada momento, porque en el instante que están por ocurrir no pienso, sólo lo hago.
Brindo porque nunca cambie de opinión con respecto a lo sanadores que son los actos espontáneos basados únicamente en amor y cariño. En ganas de cuidar al otro. Brindo por cada momento que accioné de esta manera y también por los que recibí.
Porque a veces no se trata de intentar ordenar al otro con todas las palabras que crees que lo pueden hacer, sino desordenarse juntos pero con estos condimentos que hacen el momento más pacífico. Sensación de poder proteger que no se compara con nada.
Actuar más y hablar menos. Sentir más y pensar menos. De eso se trata.
Abrazar porque sentís que el pecho te explota si no lo haces. Mirar porque la paz que te produce encontrarse en esa mirada tan profunda no se compara con nada, y podes mirar por segundos nada más pero éstos parecerán eternos. Besar en la frente porque sentís que callas un poco lo que tanto está aturdiendo la cabeza del otro. Mimar para que el otro sienta que de éste lado hay sostén y bastante firme.
Todos estos "por qué" los entiendo después de cada momento, porque en el instante que están por ocurrir no pienso, sólo lo hago.
Brindo porque nunca cambie de opinión con respecto a lo sanadores que son los actos espontáneos basados únicamente en amor y cariño. En ganas de cuidar al otro. Brindo por cada momento que accioné de esta manera y también por los que recibí.
Porque a veces no se trata de intentar ordenar al otro con todas las palabras que crees que lo pueden hacer, sino desordenarse juntos pero con estos condimentos que hacen el momento más pacífico. Sensación de poder proteger que no se compara con nada.
Actuar más y hablar menos. Sentir más y pensar menos. De eso se trata.
lunes, 13 de junio de 2016
No se dio... Y así está bien.
Tal le dice a cual lo que siente y éste responde que no es recíproco. ¿Por qué atinan a enojarse y luego denigrar al otro con amigos? No es garca por no quererte ni va a vivir infeliz como vos aseguras. "(?) persona no te merece. No sabe valorar nada de lo que hiciste"... Qué frase tan errónea. Algunos valoran, otros no. Eso es cierto. Aún así, ¿por qué no entender que lo valoró, pero aún así no le genera lo que vos esperabas? Quizás sí es cierto que tus acciones fueron la manifestación de todo tu amor sin más vuelta de rosca, pero hay que reconocer la existencia de la posibilidad de que la felicidad que le generabas (a tu criterio) no le resultó "tan" así, no lo llenó. Es otro. Siente y opina distinto. Hay que aceptar el hecho de que no siempre lo que uno siente por otra persona va a ser mutuo y aprender a vivir con ello porque si bien en el momento parece catastrófico para algunos, con el pasar del tiempo verán que hay más personas en el mundo. Expresate, pero evita el enojo si la respuesta que recibís no es la que esperabas.
domingo, 22 de mayo de 2016
El adiós a un príncipe
Debido a mi falta de vivencia en la totalidad de la trayectoria de Diego Alberto Milito en Racing, me permito hablar sobre la última etapa (la cual me permití vivir) y lo que me generó. Por supuesto sabía lo mucho que se lo quería en el club, ya que había formado parte del último plantel campeón en este equipo albi-celeste, pero no lo sentía a fondo aún.
Partido tras partido se encargó de demostrar presencia, y de a poco fue unificando al grupo que, a mi criterio, era una de las principales características de un plantel CAMPEÓN. Victorias, derrotas, empates, pero siempre él.
Bajo el manto de un Racing Positivo, la ilusión de los hinchas crecía poco a poco y mi amor por este hombre iba creciendo cada vez más.
El equipo enfrenta a su clásico y luego de ese partido, sentí lo que creo que siente la gran mayoría de los hinchas de la Academia desde que Diego pertenece al club, que es orgullo. Quizás a algunos les resulte raro mi sentir luego del resultado de aquel partido, ya que Racing había sufrido una derrota en un 2-1, pero con gol de Milito. Aunque ese partido (y puedo asegurar que no sólo a hinchas de Racing) resultó decepcionante en cuanto a efectividad del árbitro, ese gol de Diego marcó mucho.
Dejó en evidencia no sólo su amor al club, sino su lado "hincha" ya que gritó su gol a la hinchada del equipo contrario. Digan lo que quieran, se deba o no, nos representó a todos.
Dicho esto, Diego Alberto Milito no dejó de representar a cada hincha de la Academia ni un segundo a lo largo de su carrera, y creo que el hecho de decir esto habiéndolo vivido dos años sintiendo que es equivalente al sentimiento del que acompañó a este señor su trayectoria entera, lo dice todo.
En el día de ayer, veintiuno de mayo de dos mil dieciséis, nos tocó despedir a esta bestia. Un jugador con sentido de pertenencia, con tanto amor por la camiseta que se atrevió a decir que "no siente que nos haya dado tanto como nosotros a él". Un jugador que volvió con la mentalidad exacta y positiva, con el recordatorio constante de que siempre podemos dar más, que somos el PRIMER GRANDE y no hay que dejar de demostrarlo ni hasta en los minutos adicionales de cualquier partido.
El que esté leyendo esto y piense sólo en victorias, permitanme destacar que están equivocados. Hemos sufrido malos partidos inclusive con el plantel que sacó a Racing campeón en 2014, pero aún así, ya sea una derrota la que se sufra, dejaron/deben dejar todo y más por la camiseta, por los colores, por la grandeza del club y su hinchada, que tanto se caracteriza por su pasión constante. Eso Milito siempre lo tuvo presente y lo notamos.
Fue duro despedirlo, con lágrimas en los ojos y las manos entumecidas de tanto aplaudir. Pero ¿era para menos? El momento fue único tanto para él como para cada hincha de Racing, y cuando digo esto lo hago de forma literal ya que, por ejemplo, mi prima Valentina de seis años se puso a llorar por su partida. SEIS AÑOS.
La grandeza de este hombre es tal que inundó de orgullo hasta los corazones más pequeños.
Le tengo fe, respeto, amor y orgullo para toda la vida al hombre que le devolvió a Racing esa esencia de campeón y gusto de ambición por siempre superarse a sí mismo.
Referente en todo sentido, futbolística y personalmente.
¡Felicidades, príncipe! Por tus logros, tu mística, tu buen desempeño. Y por supuesto, ¡por ser papá de nuevo!
Gracias eternas, Diego Alberto. Por siempre, nuestro 22 más querido.
Partido tras partido se encargó de demostrar presencia, y de a poco fue unificando al grupo que, a mi criterio, era una de las principales características de un plantel CAMPEÓN. Victorias, derrotas, empates, pero siempre él.
Bajo el manto de un Racing Positivo, la ilusión de los hinchas crecía poco a poco y mi amor por este hombre iba creciendo cada vez más.
El equipo enfrenta a su clásico y luego de ese partido, sentí lo que creo que siente la gran mayoría de los hinchas de la Academia desde que Diego pertenece al club, que es orgullo. Quizás a algunos les resulte raro mi sentir luego del resultado de aquel partido, ya que Racing había sufrido una derrota en un 2-1, pero con gol de Milito. Aunque ese partido (y puedo asegurar que no sólo a hinchas de Racing) resultó decepcionante en cuanto a efectividad del árbitro, ese gol de Diego marcó mucho.
Dejó en evidencia no sólo su amor al club, sino su lado "hincha" ya que gritó su gol a la hinchada del equipo contrario. Digan lo que quieran, se deba o no, nos representó a todos.
Dicho esto, Diego Alberto Milito no dejó de representar a cada hincha de la Academia ni un segundo a lo largo de su carrera, y creo que el hecho de decir esto habiéndolo vivido dos años sintiendo que es equivalente al sentimiento del que acompañó a este señor su trayectoria entera, lo dice todo.
En el día de ayer, veintiuno de mayo de dos mil dieciséis, nos tocó despedir a esta bestia. Un jugador con sentido de pertenencia, con tanto amor por la camiseta que se atrevió a decir que "no siente que nos haya dado tanto como nosotros a él". Un jugador que volvió con la mentalidad exacta y positiva, con el recordatorio constante de que siempre podemos dar más, que somos el PRIMER GRANDE y no hay que dejar de demostrarlo ni hasta en los minutos adicionales de cualquier partido.
El que esté leyendo esto y piense sólo en victorias, permitanme destacar que están equivocados. Hemos sufrido malos partidos inclusive con el plantel que sacó a Racing campeón en 2014, pero aún así, ya sea una derrota la que se sufra, dejaron/deben dejar todo y más por la camiseta, por los colores, por la grandeza del club y su hinchada, que tanto se caracteriza por su pasión constante. Eso Milito siempre lo tuvo presente y lo notamos.
Fue duro despedirlo, con lágrimas en los ojos y las manos entumecidas de tanto aplaudir. Pero ¿era para menos? El momento fue único tanto para él como para cada hincha de Racing, y cuando digo esto lo hago de forma literal ya que, por ejemplo, mi prima Valentina de seis años se puso a llorar por su partida. SEIS AÑOS.
La grandeza de este hombre es tal que inundó de orgullo hasta los corazones más pequeños.
Le tengo fe, respeto, amor y orgullo para toda la vida al hombre que le devolvió a Racing esa esencia de campeón y gusto de ambición por siempre superarse a sí mismo.
Referente en todo sentido, futbolística y personalmente.
¡Felicidades, príncipe! Por tus logros, tu mística, tu buen desempeño. Y por supuesto, ¡por ser papá de nuevo!
Gracias eternas, Diego Alberto. Por siempre, nuestro 22 más querido.
miércoles, 18 de mayo de 2016
Ficticio, relativo y falacia
De a poco fui entendiendo que lo ideal es ficticio, lo perfecto es relativo y el hecho de que "con esfuerzo todo sale como lo planeaste" es una falacia. Explico por partes mi conclusión al momento: lo ideal es eso que imaginamos a futuro, ya sea laboral o personal, económico o psicológico con el fin de sentirnos bien. Digo que es ficticio porque esa vida que tanto imaginamos no se cumple al pie de la letra, y si damos mucha vuelta de rosca al asunto, terminamos confundiendo realidad con expectativa. Luego pasamos a decir que esa vida sería "perfecta"... ¿Por qué? Si lo perfecto es relativo, para alguien un clavel puede ser perfecto, cuando para mi puede llegar a ser lindo pero la perfección la posee la rosa. Lo perfecto lo definimos como algo sin defectos ni problemas, reluciente y al cien por ciento porque eso es lo que varios programas de televisión e inclusive cuentos de fantasía nos hicieron creer. Como también el hecho de que una familia perfecta siempre cena junta, a carcajadas y sin ningún problema. ¿Les cuento cómo veo yo la perfección en una familia? Aceptamos todo tipo de problema porque nos mantenemos juntos. Lidiamos con nuestros problemas porque sabemos bien en el fondo que la solución (aunque cueste alcanzarla) nos va a llevar a buen puerto. Dejamos de lado nuestra bronca del día con tal de escuchar la de los hermanos o los papás y poder sacarles una sonrisa. ¡Ahí está dicho! Amar tanto a esta gente que verlos sonreír hace que vos también lo hagas y te despejes por un rato. Por ahí viene la mano sobre la perfección en lo que a mi respecta. Por último, ¿el esfuerzo vale la pena? ¡Por supuesto! Pero no está bien decirte que va a salir todo como querés porque sea cual fuere el plan que tenes en mente, no sólo depende de vos para que se concrete. Siempre hay consecuencias (algunas buenas y otras malas). Te vas a encontrar con imprevistos en cualquier aspecto de la vida, y eso efectivamente cambia tus planes. Aceptar la realidad no quiere decir negatividad ni tener proyectos o imaginaciones sobre tu vida a futuro te hace necio. Los objetivos se concretan, no siempre mediante la forma que planeamos ni como lo esperamos. Si esta parte la asumís y aún así te consideras perseverante, dejame decirte que sos de los míos... Y como la gran frase dice: ¡Persevera y triunfarás! P.D.: Quizás te suene un poco contradictoria mi conclusión, a veces me cuesta darme a entender. De todas maneras, cada uno con su manual elige sus dichos y hechos.
lunes, 25 de abril de 2016
Sentir nos hace únicos
Ella me pidió perdón por quebrarse adelante mío. Me repetía una y otra vez "perdón" y yo no entendía por qué. Siempre me dejaba buscando un "por qué" aquella situación. Siente que nada de lo que hace es suficiente, cuando es todo lo contrario. ¿Cuándo vamos a entender que nuestra mente es nuestra enemiga? Esa que nunca te reconoce todos tus esfuerzos, no te hace ver lo que conseguiste sino lo que te falta. Puede atormentar de maneras inexplicables y aún así somos necios y pensamos que lo mejor ante tomar una decisión es pensar con la cabeza.
Ella estaba enojada consigo misma, frustrada. ¿Por qué? Es lo que me sigo preguntando.
Sonreía mucho, jugaba, cantaba, y disfrutaba a pleno... pero algo pasaba que le hacía recordar los momentos oscuros por los que ya había pasado. En cada "casi" llanto se contenía. Al inundarse, me pedía perdón nuevamente.
Cansada de escuchar sus disculpas insólitas e incoherentes, le respondí "Llorar no es un crimen ni un pecado. Llorar es sentir" y entonces sonrió.
"Si no lloras, te inundas" leí una vez. Llorar tiene el mismo peso emocional que una risa. Hemos llorado por diversión y hemos reído para no llorar. Todo lo natural que signifique sentir, JAMAS puede ser mal visto.
Ella estaba enojada consigo misma, frustrada. ¿Por qué? Es lo que me sigo preguntando.
Sonreía mucho, jugaba, cantaba, y disfrutaba a pleno... pero algo pasaba que le hacía recordar los momentos oscuros por los que ya había pasado. En cada "casi" llanto se contenía. Al inundarse, me pedía perdón nuevamente.
Cansada de escuchar sus disculpas insólitas e incoherentes, le respondí "Llorar no es un crimen ni un pecado. Llorar es sentir" y entonces sonrió.
"Si no lloras, te inundas" leí una vez. Llorar tiene el mismo peso emocional que una risa. Hemos llorado por diversión y hemos reído para no llorar. Todo lo natural que signifique sentir, JAMAS puede ser mal visto.
martes, 29 de marzo de 2016
Amame bien. Amame intenso.
Porque prefiero mil veces escuchar que me amas día por día a que me prometas que me vas a amar siempre sabiendo que es imposible de cumplir. Porque me conformo con frases sinceras, y no ciertas cosas que "por obligación" tenés que decir. No quiero escuchar nunca que me vas a amar para siempre, ni quiero escuchar que jamás me vas a soltar la mano, porque lamentablemente sé que ambas no se pueden cumplir. Lo único que me haría sentir completa es ver tus ganas de seguir conmigo día a día, y que el cariño que me demuestres sea tanto que yo no tenga ni la menor duda de lo mucho que me amas.
Porque no le veo sentido a promesas para una eternidad si nadie es eterno. Porque quiero sentir que el amor que me tengas parezca eterno, y me lo demuestres en el tiempo que se nos permita.
Para mi es mucho más simple entender que no importa la cantidad, sino la calidad. Que si me sos sincero, tu cariño hacia mi ya estaría expuesto. Sea bueno o malo eso que necesitas decir, sin dudas lo quiero oír. Hasta que alguno de los dos deje de sentir eso que alguna vez nos unió, disfrutémonos. No dejemos de recordar una y otra vez lo que nos hicimos sentir esa primera vez que hablamos. Tu primera risa y mis primeros cachetes colorados. Tu primer mimo en mi pelo y mi primer sensación de paz generada por vos.
Mi intriga por vos, tu aire de galán. Que si nos olvidamos de nuestros principios, nos
vamos a encontrar desolados.
Voy a sufrir cambios y eso lo aseguro, pero no te puedo atar a mi para que mires contra lo que lucho. Si deseas ser mi compinche para protegerme y ayudarme, sin dudas voy a dejarte, pero no pienses ni por un segundo en seguir conmigo por lástima, porque eso lo siento y no me va a llenar el alma. Amame intensamente, sin pensar cuánto puede llegar a durar. Abrazame bien fuerte, mucho más si pensas que está cerca el final. Y cuando sientas que estamos por tocar fondo, no me sueltes, ayudame a recordar nuestros principios y el amor que nos tenemos, que es motivo suficiente para resurgir de cualquier disturbio.
Porque no le veo sentido a promesas para una eternidad si nadie es eterno. Porque quiero sentir que el amor que me tengas parezca eterno, y me lo demuestres en el tiempo que se nos permita.
Para mi es mucho más simple entender que no importa la cantidad, sino la calidad. Que si me sos sincero, tu cariño hacia mi ya estaría expuesto. Sea bueno o malo eso que necesitas decir, sin dudas lo quiero oír. Hasta que alguno de los dos deje de sentir eso que alguna vez nos unió, disfrutémonos. No dejemos de recordar una y otra vez lo que nos hicimos sentir esa primera vez que hablamos. Tu primera risa y mis primeros cachetes colorados. Tu primer mimo en mi pelo y mi primer sensación de paz generada por vos.
Mi intriga por vos, tu aire de galán. Que si nos olvidamos de nuestros principios, nos
vamos a encontrar desolados.
Voy a sufrir cambios y eso lo aseguro, pero no te puedo atar a mi para que mires contra lo que lucho. Si deseas ser mi compinche para protegerme y ayudarme, sin dudas voy a dejarte, pero no pienses ni por un segundo en seguir conmigo por lástima, porque eso lo siento y no me va a llenar el alma. Amame intensamente, sin pensar cuánto puede llegar a durar. Abrazame bien fuerte, mucho más si pensas que está cerca el final. Y cuando sientas que estamos por tocar fondo, no me sueltes, ayudame a recordar nuestros principios y el amor que nos tenemos, que es motivo suficiente para resurgir de cualquier disturbio.
martes, 23 de febrero de 2016
¡Equilibrate!
Muchos interpretan el Yin y el Yang de la siguiente manera: lo negro representa todo lo malo, y lo blanco todo lo bueno. Como todos sabemos, la mitad negra lleva un punto blanco en ella y la mitad blanca un punto negro. Al expresarlo verbalmente, explican que siempre en lo malo hay algo bueno y en lo bueno algo malo. Me gusta pensar de la misma manera. En cada aspecto de nuestra vida hay "un poquito de" para equilibrar.
"No estés muy feliz cuando estés feliz, ni muy triste cuando estés triste" leí una vez. Más acertado imposible. Siempre pasa que en un momento de mucha pero mucha felicidad, algo mínimo nos puede traer una inestabilidad inesperada y muy peligrosa para nuestro estado de ánimo. ¿Por qué? Lo explico con el siguiente ejemplo: A subió una escalera con 100 escalones. Ni bien llega a la cima, inmediatamente tropieza y cae uno por uno. A veces se intenta reincorporar y sube un par de escalones de los que se había caído, pero si bien disfrutó estar en la cima, no duró mucho.
Si hablamos sobre éste ejemplo, me gusta entenderlo de la siguiente manera: Hay alturas y alturas. A algunos les da vértigo ir tan alto, otros se aburren al estar tan abajo y otros se conforman con el medio. En el medio está el equilibrio. La vista del paisaje es la misma, y como resutado obtenes no estar tan alto ni sufrir la caída con más intensidad y por más tiempo. A encuentra en el medio el mismo placer de la vista panorámica pero con más seguridad que si estuviera en la cima.
"No estés muy feliz cuando estés feliz, ni muy triste cuando estés triste" leí una vez. Más acertado imposible. Siempre pasa que en un momento de mucha pero mucha felicidad, algo mínimo nos puede traer una inestabilidad inesperada y muy peligrosa para nuestro estado de ánimo. ¿Por qué? Lo explico con el siguiente ejemplo: A subió una escalera con 100 escalones. Ni bien llega a la cima, inmediatamente tropieza y cae uno por uno. A veces se intenta reincorporar y sube un par de escalones de los que se había caído, pero si bien disfrutó estar en la cima, no duró mucho.
Si hablamos sobre éste ejemplo, me gusta entenderlo de la siguiente manera: Hay alturas y alturas. A algunos les da vértigo ir tan alto, otros se aburren al estar tan abajo y otros se conforman con el medio. En el medio está el equilibrio. La vista del paisaje es la misma, y como resutado obtenes no estar tan alto ni sufrir la caída con más intensidad y por más tiempo. A encuentra en el medio el mismo placer de la vista panorámica pero con más seguridad que si estuviera en la cima.
Una manera de querer
Una vez me dijeron "lo odio porque lo extraño. Me odio por extrañarlo" y yo pensaba...
¿estás segura? Parece mentira, pero a mi criterio, el 75% de las frases que decimos en ciertos momentos son únicamente para convencernos a nosotros mismos de lo que estamos diciendo. ¿Por qué? Porque el hecho de aceptar que estamos sintiendo algo que nos deja vulnerables nos toca el orgullo y eso nos revienta. Extrañar es querer. En la frase "te extraño" le estamos diciendo "te quiero" aunque no lo crean. ¿Saben en qué consiste extrañar? Son ganas de volver a ver a esa persona, de acumular momentos, risas, ver qué cosa nueva pueden superar. Y dejame decirte que si te genera todo eso, es porque QUERES a esa persona. "Pero no te parece mucho..." No, uno quiere a su manera y con distinta intensidad, como dije varias veces.
¿estás segura? Parece mentira, pero a mi criterio, el 75% de las frases que decimos en ciertos momentos son únicamente para convencernos a nosotros mismos de lo que estamos diciendo. ¿Por qué? Porque el hecho de aceptar que estamos sintiendo algo que nos deja vulnerables nos toca el orgullo y eso nos revienta. Extrañar es querer. En la frase "te extraño" le estamos diciendo "te quiero" aunque no lo crean. ¿Saben en qué consiste extrañar? Son ganas de volver a ver a esa persona, de acumular momentos, risas, ver qué cosa nueva pueden superar. Y dejame decirte que si te genera todo eso, es porque QUERES a esa persona. "Pero no te parece mucho..." No, uno quiere a su manera y con distinta intensidad, como dije varias veces.
lunes, 18 de enero de 2016
¡Afuera la monotonía!
Hay preguntas para todo. Sentimientos, acciones, situaciones, cualquier cosa que te puedas imaginar. Si bien algunas cosas se pueden responder concretamente, hay otras que la respuesta depende del punto de vista de quién va a brindarla. Un ejemplo simple: A y B están enfrentados. A levanta su mano derecha y le pregunta a B qué mano está levantando, a lo que ésta responde "la izquierda". ¿Por qué? Porque mira la misma situación desde un lado diferente al que evalúa A.
Soy de esas personas a las que le gusta creer que todo pasa por algo, que las causalidades juegan con cada uno de nosotros para sorprendernos día a día. No sé, quizás es porque me divierto más pensando eso que sólo conformándome con un "porque sí".
Si me cruzo a alguien conocido en la calle, si me habla alguien con quien no hablo hace mucho, todo lo que viene de forma inesperada TENIA QUE PASAR.
Aunque no lo crean... los errores también tienen que pasar. ¿Cuántas veces nos vimos en ciertas situaciones de las cuales no nos sentimos del todo orgullosos, de las cuales nos arrepentimos y deseamos que no hubieran ocurrido? ¿Por qué? Los errores también forman parte de quiénes somos, no hay un libro que estipule cómo tenemos que vivir nuestras vidas. Eso es lo interesante y seductor de la incertidumbre que genera el simple hecho de un "mañana" en nuestro día a día. ¡Basta de avergonzarnos y sentirnos culpables por nuestros errores! ¡Son nuestros! "Pero los demás van a pensar que..." ¡Es TU vida! Equivocate (adrede o sin querer), acertá, caete, levantate, todo eso ¡HACELO! Nadie lo va a hacer por vos. Vos decidís, el resto opina desde su posición, con su punto de vista, su opinión y su manera de manejarse. Si vas a aceptar un consejo o crítica, asegurate que ésta sea constructiva y NO DESTRUCTIVA. Cuando te
asegures de eso, también tenes que saber que aceptar un consejo es sólo tenerlo en cuenta, no hacer sí o sí lo que te sugieren, sino te transformas en marioneta... Si estás de acuerdo con aquel comentario y decidís que es lo que te hace bien, ahí sí. Pero siempre decidí por vos, por tu bien, no para "quedar bien" con el resto.
Es bastante común el hecho de tener una situación por afrontar y saber que algo que te tienta hacer está mal... pero a veces es necesario cometer ese error. ¿O nunca probaste la comida y te quemaste, sabiendo que tu mamá te avisó que recién salía del horno? ¡La impaciencia nos domina! Cometé ese error que tanto te tienta, siempre y cuando estés dispuesto a recibir las consecuencias. ¡OJO! No me malentiendan, cualquier acción es válida mientras no dañe la salud o moral de la otra persona.
Y basta de arrepentirse, por favor. Lo que decidiste en aquel momento lo querías, que ahora no es una señal de que aprendiste y CRECISTE.
Soy de esas personas a las que le gusta creer que todo pasa por algo, que las causalidades juegan con cada uno de nosotros para sorprendernos día a día. No sé, quizás es porque me divierto más pensando eso que sólo conformándome con un "porque sí".
Si me cruzo a alguien conocido en la calle, si me habla alguien con quien no hablo hace mucho, todo lo que viene de forma inesperada TENIA QUE PASAR.
Aunque no lo crean... los errores también tienen que pasar. ¿Cuántas veces nos vimos en ciertas situaciones de las cuales no nos sentimos del todo orgullosos, de las cuales nos arrepentimos y deseamos que no hubieran ocurrido? ¿Por qué? Los errores también forman parte de quiénes somos, no hay un libro que estipule cómo tenemos que vivir nuestras vidas. Eso es lo interesante y seductor de la incertidumbre que genera el simple hecho de un "mañana" en nuestro día a día. ¡Basta de avergonzarnos y sentirnos culpables por nuestros errores! ¡Son nuestros! "Pero los demás van a pensar que..." ¡Es TU vida! Equivocate (adrede o sin querer), acertá, caete, levantate, todo eso ¡HACELO! Nadie lo va a hacer por vos. Vos decidís, el resto opina desde su posición, con su punto de vista, su opinión y su manera de manejarse. Si vas a aceptar un consejo o crítica, asegurate que ésta sea constructiva y NO DESTRUCTIVA. Cuando te
asegures de eso, también tenes que saber que aceptar un consejo es sólo tenerlo en cuenta, no hacer sí o sí lo que te sugieren, sino te transformas en marioneta... Si estás de acuerdo con aquel comentario y decidís que es lo que te hace bien, ahí sí. Pero siempre decidí por vos, por tu bien, no para "quedar bien" con el resto.
Es bastante común el hecho de tener una situación por afrontar y saber que algo que te tienta hacer está mal... pero a veces es necesario cometer ese error. ¿O nunca probaste la comida y te quemaste, sabiendo que tu mamá te avisó que recién salía del horno? ¡La impaciencia nos domina! Cometé ese error que tanto te tienta, siempre y cuando estés dispuesto a recibir las consecuencias. ¡OJO! No me malentiendan, cualquier acción es válida mientras no dañe la salud o moral de la otra persona.
Y basta de arrepentirse, por favor. Lo que decidiste en aquel momento lo querías, que ahora no es una señal de que aprendiste y CRECISTE.
jueves, 7 de enero de 2016
Cada uno con su manual
Varias veces me pasa que al momento de notar un acto con doble intención, unas palabras falsas que se dirigen a algún ser querido necesito actuar para que éste no los dañe. Darles una "advertencia" o simplemente decirles lo que realmente pasa si es que lo sé.
No pasa por entrometida, no pasa por querer generar problemas, simplemente me surge por querer el bienestar de esas personas que amo. Pero después de un tiempo, de varias situaciones vividas me di cuenta de dos cosas muy importantes:
Primero: como muchos sabemos (y a varios les cuesta aceptar), amar no nos lastima. Lo que nos hiere es que la expectativa de éste no se cumpla, o (si nos referimos a una persona) no sea correspondido. Pueden relacionarlo con una pareja o simplemente un amigo/a, pero aplica en ambos ámbitos. Podes amar a una persona el tiempo que quieras y con la intensidad que decidas, pero no está en tus manos el que ésta persona sienta lo mismo por vos. Esas ganas de cuidarte, de verte bien, de que seas feliz. No te vas a dar cuenta de golpe, al contrario, vas a pasar mucho tiempo pensando que es de la forma que te imaginaste hasta que ciertas circunstancias te hagan despertar.
Segundo: así como vos tenes que pasar por lo que nombré recién, la persona a la cual relaciones este texto está pasando por lo mismo que vos sólo que con otra persona.
Idealizamos al otro sin defectos, con el amor que esperamos que nos tenga e inconscientemente realizamos actos esperando que algún día repitan los mismos para con nosotros. Grave error. Si querés hacer algo por otra persona a la cual querés, hacelo porque vos lo decidiste así, no para después quedarte en una espera (seguramente decepcionante) en la que es muy probable que no termines bien. Si algún día la persona que esperabas cumple con tus expectativas, tenes que sentirte muy afortunado por el amor que ésta siente por vos, no porque tus acciones fueron retribuidas como lo "planeaste".
Planear estructura. Desestructurado se vive mejor.
Dejá que la gente se equivoque y aprenda por su cuenta, después de todo... un error avisado tienta más.
No pasa por entrometida, no pasa por querer generar problemas, simplemente me surge por querer el bienestar de esas personas que amo. Pero después de un tiempo, de varias situaciones vividas me di cuenta de dos cosas muy importantes:
Primero: como muchos sabemos (y a varios les cuesta aceptar), amar no nos lastima. Lo que nos hiere es que la expectativa de éste no se cumpla, o (si nos referimos a una persona) no sea correspondido. Pueden relacionarlo con una pareja o simplemente un amigo/a, pero aplica en ambos ámbitos. Podes amar a una persona el tiempo que quieras y con la intensidad que decidas, pero no está en tus manos el que ésta persona sienta lo mismo por vos. Esas ganas de cuidarte, de verte bien, de que seas feliz. No te vas a dar cuenta de golpe, al contrario, vas a pasar mucho tiempo pensando que es de la forma que te imaginaste hasta que ciertas circunstancias te hagan despertar.
Segundo: así como vos tenes que pasar por lo que nombré recién, la persona a la cual relaciones este texto está pasando por lo mismo que vos sólo que con otra persona.
Idealizamos al otro sin defectos, con el amor que esperamos que nos tenga e inconscientemente realizamos actos esperando que algún día repitan los mismos para con nosotros. Grave error. Si querés hacer algo por otra persona a la cual querés, hacelo porque vos lo decidiste así, no para después quedarte en una espera (seguramente decepcionante) en la que es muy probable que no termines bien. Si algún día la persona que esperabas cumple con tus expectativas, tenes que sentirte muy afortunado por el amor que ésta siente por vos, no porque tus acciones fueron retribuidas como lo "planeaste".
Planear estructura. Desestructurado se vive mejor.
Dejá que la gente se equivoque y aprenda por su cuenta, después de todo... un error avisado tienta más.
martes, 5 de enero de 2016
Que sí, que no... Te encanta.
¿Es raro pedir que alguien note hasta las más mínimas cosas? Acciones, costumbres, gestos. Yo creo que no. Es un grito silencioso pidiendo por atención, por alguien que pueda entenderte de una manera distinta a la que te entendes a vos mismo. Siempre buscamos otro punto de vista esperando que sea diferente pero mejor. Esa claridad que no nos creemos capaces de encontrar en determinados momentos de nuestras vidas.
Constantemente dejamos pistas en cada cosa que decimos o hacemos, esperando que una persona las descifre y nos demuestre que está atento y dispuesto a seguirnos el juego.
Nos encanta el histeriqueo, no seamos necios y admitámoslo. ¿Qué tendrá que nos motiva? No sé, quizás ese ida y vuelta constante, ese momento en el que jugas con el principio de lo que puede ser una linda historia que va a marcarte por el simple hecho de querer que nunca empiece para no terminar.
Cómo asustan los finales... Pero déjenme decir algo, y espero que lo recuerden: Un final nunca puede superar el principio. Y si sentís que lo hace, estás preparado para un gran cambio.
Constantemente dejamos pistas en cada cosa que decimos o hacemos, esperando que una persona las descifre y nos demuestre que está atento y dispuesto a seguirnos el juego.
Nos encanta el histeriqueo, no seamos necios y admitámoslo. ¿Qué tendrá que nos motiva? No sé, quizás ese ida y vuelta constante, ese momento en el que jugas con el principio de lo que puede ser una linda historia que va a marcarte por el simple hecho de querer que nunca empiece para no terminar.
Cómo asustan los finales... Pero déjenme decir algo, y espero que lo recuerden: Un final nunca puede superar el principio. Y si sentís que lo hace, estás preparado para un gran cambio.

