miércoles, 25 de septiembre de 2019

Que parezca un accidente

Pero mira qué maldito. Coincidiendo conmigo hasta cuando ni sabía tu apellido.

Tenías la gorra tan baja que no te había podido ver bien la cara, de hecho creo que ni había notado tu presencia hasta que te escuché. Te cagaste de risa de la misma idiotez que yo y me di vuelta para ver quién eras.

"Debe ser un creído" Pensé, y ni bola. Pero todos los días tirabas una carcajada nueva. Mira qué maldito.

No pretendas que me acuerde qué día fue que hablamos por primera vez, todavía estoy fingiendo el papel de desinteresada.
Si querés te relato la primera vez que salimos. Bah, no salimos. Me invitaste a cenar a tu casa para hacer una tarea de grupo para un taller. Y el grupo éramos nosotros dos. "Le iba a decir a..." Mentira. Ninguno le iba a decir a nadie más. Nos queríamos solos. Queríamos saber qué carajo tenía el otro que nos llamaba la atención.
Quizás me empezaste a generar esas ganas de hacerme la desinteresada cuando me llamaste una hora antes de vernos para preguntarme con qué salsa quería comer los fideos. Uno finge desinterés cuando la otra persona le mueve el piso y tiene miedo de meterse en un quilombo, mucho más si acaba de salir de uno bien grande.
Yo estaba en el trabajo, pero aún así atendí el teléfono. Hay muchas cosas raras en esta secuencia. Por ejemplo, nosotros hablando por teléfono. O vos cocinando.
Te hiciste el ofendido porque pedí que tomemos una cerveza que según vos era "una cagada", y yo corté el teléfono riéndome y diciendo "qué tarado".
El "qué tarado" más pícaro que dije en ese último tiempo. Ese largo tiempo.
Fui con la inocencia intacta, hasta que pasé dos horas charlando con vos. Medio copete por esa cerveza, que era una cagada, pero me duplicó las risas. No paraste de hablar, ni de hacerme reír.
"Miramos un capítulo de Friends?" Tiré. Qué se yo, ya estábamos abrazados en la cama.

Ambos nos queríamos para algo casual. Pero pasó algo insólito, y es que no me podía aburrir. Creo que vos tampoco.
La segunda vuelta estabas mal de la panza, y te llevé unas galletitas Milka. Era como darle un whisky a un alcohólico en recuperación, pero vos me abrazaste igual, así que ya había ganado.
Me hiciste reír tanto que lloré. Nos tentamos mucho de risa esa tarde. Seguíamos sin entender qué pasaba, pero nos encantaba pasar el rato juntos.

Nos sentamos juntos a reírnos de cada palabra que se decía en la clase, probablemente fastidiamos a medio curso, pero a quién le importa. Éramos dos nenes de ocho años riéndose porque el profesor dijo "gas".

El tercer round fue un rescate en plena fiesta, yo pasada de copas y vos todo un señor. Vos podías estar con la que quieras, yo también, pero quisimos vernos. Así, improvisadamente. Como todo lo que nos venía pasando hasta ahora.
Me volviste a hacer reír, nos volvimos a abrazar.

Empecé a tener miedo, y ante la primer cosa que no me gustó, decidí alejarme. Por las cosas que habíamos hablado, no parecía que iba a terminar en algo bueno esto que nos pasaba, pero aún así no lo sentía de esa manera cuando nos veíamos.
Me distancié, volviste a ser indiferente para mi, hasta que nos volvimos a ver.

Pero mira qué maldito. Otra vez soltaste esa carcajada. La que es imposible hacerle frente y terminas riéndote a la par.

Viniste a parar en el mismo boliche que yo, en plenas vacaciones con mi amiga. Mira qué maldito. Coincidiendo conmigo hasta sin hablar.
Mi inconsciente no quiso cruzarse con el tuyo esa noche, escuchar esa risa de nuevo me iba a llevar a lo que creía que ya estaba solucionado.

Mira qué maldito, que me relataste lo que podríamos haber sido una vez que supiste (supusiste) que no me ibas a volver a ver.
Mira qué maldito, que lograste moverme el piso hasta sin tenerte cerca.
Mira qué maldito, que mandaste las rosas rojas más bellas e hiciste que llegaran a mi por una de las personas que más amo en el mundo.

Pero ojo, maldito, que así como te visité casi de milagro y en contra de cualquier pronóstico nuestro, puedo ser igual de maldita que vos y coincidir con tu vida hasta cuando menos lo esperemos.
No sé cómo ni cuándo, pero en una risa nos vamos a volver a encontrar.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Apagarme para prenderme

Ando medio mambeada, ¿sabes? Qué se yo, no suelo contar mucho en detalle porque a veces ni yo me entiendo.
Sí, me acuerdo cómo estaba ayer. Estaba contenta, con proyectos, con ganas de comerme al mundo, pero hoy es otra cosa. Tengo un poco de mente en mis críticas, ¿me entendes?
Pero no es porque no me sienta segura, a ver, yo sé bien lo que quiero. Sólo son días. Me está sucediendo últimamente pero ya va a pasar, ¿o no? ¿Vos qué opinas? ¿Opinas?
Jaja, perdón que pregunte tanto, a veces me divaga un poco la neurosis.

Bueno, como te decía, hoy juntémonos. Sí, estoy segura.
¡Chabona! Deja de sugerir que me voy a arrepentir. Vayamos, me re sirve para despejarme. No, no me importa si va el amigo de tu primo. No nos vemos hace mucho tiempo. Ya está, ya es tema cerrado.
Sí, a ver... Obvio que me dolió en su momento pero ya está. Estoy segura conmigo misma, no hice nada con mala leche.

Te queda re linda esa pollera, yo todavía no sé qué me voy a poner. Quizás me ate una camisa a la cintura. ¡No! No quiero disimular nada, queda canchera. Mira... ¿Ves? Combina con mi pañuelo.
Tranqui, hoy nos pedimos algo rico para comer y nos tomamos una birra. No, la dieta la dejé, no sirve. Acá lo importante es sentirme bien conmigo misma, ¿o no? ¡Y feliz me va a hacer comerme esa hamburguesa con papas fritas!

Ponete el cinturón.
Jaja, no sé si te conté pero por esa plaza paseé con mi abuelo hace dos años. No me acuerdo mucho el diálogo exacto, pero sí la pose en la que caminaba. No, estoy bien. Lógico que es triste la situación, pero hay que acordarnos de los ausentes con sonrisas. Así es más llevadero.
Cambia esa canción, dale play a esa que escuchamos en Spotify antes de ayer.
Esa. Temazo.

Qué lindo lugar.
Dale, pidamos ese combo. ¿Pedís un porrón para mi? Voy al baño.

Tremendo espejo.
Uy, tengo desacomodada la camisa. No me tendría que haber pintado los labios, ahora cuando coma se me va a desalinear el maquillaje.
Quizás debería delinearme los ojos, todavía se ven tristes.
Ya fue, no pasa nada.

Cuánto bullicio. En la mesa de atrás discuten la final de la Copa Libertadores. En la mesa que está hacia mi derecha recién se están conociendo. Jaja, me hace acordar a cuando...
En la mesa que está hacia mi izquierda están mirando cada uno sus teléfonos celulares. Yo no chequeo el mío hace como dos horas. Tengo que ver si tengo alguna notificación.
Alguna no, sino la notificación que espero.
Basta, es una red social nada más.

No, ¡muchas gracias! Tranqui, estoy bien con lo que comí.

En mi mesa son siete personas hablando de los intereses de sólo dos de ellas. Los otros cinco no sé qué estamos haciendo acá.
Tendría que haberme quedado en casa. No tengo tiempo para perder.
Tengo que atender el trámite que pospuse desde hace ya cinco días. Tengo que conseguir trabajo, me estoy quedando sin nada y encima me doy el lujo de venir a comer esta hamburguesa que ni siquiera me hace bien, ya estoy excedida.
¿Excedida? ¿A quién le importa? 
Me tengo que acordar que siento que no alcanzo. ¿Para qué? No sé, pero me lo repito casi todos los días.

¡Jajaja! Me estás jodiendo... Muero de risa.

Basta de hacerme reír porque me voy a poner a llorar. No por tentarme de risa. Lloro porque no sé por qué me estoy riendo. Lloro por ayer, antes de ayer y mañana. Lloro por el que se fue, por el que no contestó. Lloro por mis ojos, mi cabeza, mi panza. Lloro por que no sé qué carajo hago con mi vida. Lloro por volver a jugar en el papel de nena perdida.

Mis cosas andan muy tranqui, estoy viendo qué proyecto arrancar primero para darle la atención que necesita, ¿viste?

¿Qué proyectos? ¡No tengo un mango!
Estoy agitada, me tengo que relajar un poco. Voy al baño y respiro hondo, tengo una taquicardia molestísima. 
¿Ganas de llorar? ¡Pero si no me salen lágrimas!
¿Qué pasa?
Muevo las manos sin cesar, apretando el aire para después soltarlo.
La pierna no se deja de mover, me estoy poniendo impaciente.
Me toco toda la cara, me toco el pelo, me ofusco.
¿Qué estoy haciendo?
Inhalo y exhalo. Cada vez más rápido.
Me voy a casa. YA.

Amiga, me voy pidiendo el Uber. Sí, yo te aviso cuando llego, no te hagas problema.

Qué lindo llegar a casa... No sé qué me pasa. 
Ahí viene otra vez.
Me agito, me duele la cabeza, inhalo y exhalo tan rápido que me mareo, quiero llorar y no puedo, necesito ayuda y no sé para qué.
Tengo que pensar en las cosas que me pasaron.

No soy suficiente.

Dale, acordate de todo lo lindo que te pasó.

No soy suficiente.

Acordate de la tarde en la plaza, la cantidad de carcajadas que soltaron.

¿Qué rompí? ¿Me rompí?

Che... Cómo te la bancaste, eh. Esa discusión que resolviste con altura. Esa incertidumbre que curaste con lectura. Ese corazón al que le sanaste sus roturas. Esa amistad en la que comprendiste que con amor, todo perdura. Ese trabajo que abandonaste y dejaste de sentir ligaduras. Esa persona que despediste ante el credo de un cura. Esa relación cuya enseñanza dura y dura. Ese reencuentro con vos misma cuando habías querido abandonarte y el universo te impulsó y fuiste un poco más madura.
Yo no sé cómo hiciste.
¿Vos sabes cómo hiciste?
Qué no vas a saber... Si frenaste la taquicardia por haber enumerado tus logros.
Yo no hice nada, todo eso lo hiciste vos.
Jaja, sí. Te estoy hablando como si no fueras yo.
Sos mi lado valiente, yo soy tu lado cagón.

¿Eso era?
Sí.
Respirar hondo las veces que sean necesarias. Cerrar los ojos hasta que se te caigan las lágrimas.
Hacerte todos los mimos que alguna vez te hicieron falta. Recordar, de las malas, cada experiencia destacada. Recordar, de las buenas, cada sentimiento, cada potente mirada. 
Del futuro cómo te vas a preocupar, si todavía estás puliendo jugadas pasadas.
A nadie le sirve lo que te hiciste hoy, hermana.
Atacarte la cabeza por todo, por nada.
Conta hasta diez, hasta cien, contabiliza toda una manada.
Seguí respirando hondo, y seguí llorando a cataratas.
Ahora memoriza sólo las buenas historias relatadas. Despedite de este proceso sintiéndote bien calmada.
Si no te sentís como en casa, acomodate mejor la almohada.
Si no sabes qué estás haciendo con tu vida, escucha la playlist que tengas ganas y deja que caigan las lágrimas necesarias.

Sólo te pido un favor... Tené bien en claro que esto es un rescate, no una actividad programada.
Si lo de hoy fue un accidente, mañana a la mañana evitemos esta ruta transitada.
Ya estoy, con las rimas, bastante pesada.
Nos vemos en unas horas, nos veremos en la vida mejor paradas.

Nadie es futuro, sólo nos toca ser presente.
La persona que se encuentre en ese plano tan elocuente, no vamos a ser ni vos ni yo, va a ser nuestra evolución más ocurrente.

-- Si minutos antes de reír no pensabas en hacerlo, ¿qué te hace creer que podemos controlar al universo entero? --

martes, 17 de septiembre de 2019

Algún chat

23/05/2019

La etapa de enamoramiento es clave porque no hay fallas, pero personalmente difiero entre enamorarse y amar. El enamoramiento es la idealización que generaste sobre el otro y sobre la relación en sí. Después pasas por la decepción y frustración (la palabra decepción suena negativa, pero no necesariamente lo usé en ese contexto) y el amor llega cuando aceptas al otro así, todo roto. Que para vos no está roto, está esguinzado y acá llegaste vos, el capo de los capos, a secar las lágrimas que otros giles trajeron a este ser.
Uno se empieza a echar culpas, a plantearse decenas de hipótesis y a preguntarse qué pasó, qué rompimos y no necesariamente se rompió algo, simplemente dejó de suceder.
Cada vínculo tiene su misión y su tiempo estipulado, y ambas cosas están fuera del control humano, lo cual lo hace más bello una vez que lo entendes al salir de la frustración de: “no era para que termine ahora…”
“Que la persona que llegue a vos, se vaya siendo mejor y más feliz.”
Es fijarte qué le enseñaste y qué te enseñó.
Reducirse a las redes sociales y las facetas ficticias que éstas nos generan sería banalizar una historia hermosa.
No está en tu control, mucho menos si de sentir hablamos.
Te dolerá mucho, te dejará mambeado, pero a la larga vas a ir entendiendo los “por qué”.

El juego de la indiferencia es una pelotudez muy grande.
Fingir desinterés… ¿Quién lo inventó?
Acá lo importante es… ¿Vos cómo te sentís con el distanciamiento? ¿Te generó algo? ¿Pensaste qué harías?
El amor que le tenes nunca se va a ir; sí se va a transformar y lo vas a saber disfrutar desde otro lado.
Dudo que entiendas la desaparición de afecto porque ni la otra persona lo debe entender.
Es cuestión de tiempo.
Lo importante acá es aceptar y abrazar lo que te pasa para poder dejar ir las cosas que no te hicieron bien.
Yo elegí amarlo, aceptarlo y acompañarlo. Él no aceptó lo que yo tenía para darle, dolió, pero no es mi problema. Si la otra persona decide ser mala en cuanto acciones y actitudes para con uno es problema suyo. Uno tiene que tener el cuore tranquilo por saber que no tuvo más que sentimientos puros hacia la otra persona. Y si necesita ayuda, acá estoy.
Ahora paciencia, análisis y aceptación; pero deja que vaya surgiendo todo. No fuerces la sanación porque si lo haces, tardas el doble.
Pensalo así: yo hace un rato te dije “que la persona que llegue a vos, se vaya siendo mejor y más feliz”. A vos llegó un "vos" enamorado hasta el carajo de una persona. Ese "vos" te mostró sentimientos que no sé si sabías que tenías, te mostró que sí hay gente con la cual existe la magia. Ese "vos" te enseñó bocha junto a la persona de la cual dependía amorosamente. Así llegó ese "vos", con esa otra persona. Si le toca irse, ¿cómo se va? ¿Mejor y más feliz?
Si la respuesta es no, ayudalo a que así sea.
Tenés que ser ese ex (para con vos mismo) con el que te reencuentres en algún viaje en bondi en medio de un recuerdo, se rían un rato, y se pongan felices por verse bien.

Volviste

Qué lindo que estás hoy.
Te cortaste el pelo y de personaje elegiste el galán.
Vine muy segura con mis dudas esperando verte llegar.
Tenes otra forma de hablar, la tonada más linda que alguna vez quise imaginar.
Estás parado como si tuvieras la capa de superhéroe, contradiciendo todo mi charlar.

Qué lindo que estás hoy.
Vulnerable pero decidido. Decidido a mostrarte débil. Debilitando mis decisiones. Decidiendo por mi.
Con el ceño fruncido y una ceja levantada. Preparada para el debate, pensando que la jugada ya la tenía ganada.

Qué lindo que estás hoy.
Se me olvidan las palabras.
Sólo un segundo bastó para dejarme desorientada.

No sé por qué tenes esta belleza tan llamativa hoy.
Siempre me atrajiste, pero hoy algo pasó.
Creo que tuve un deja vú, creo haber visto esa luz.

El famoso brillo eterno de una mente en blanco cual nuevo cuaderno.
Cero escrituras, cero percepciones.
Hoy no te puedo sacar la ficha ni aunque vos me lo implores.

Ya sé por qué estás hoy así de lindo.
Estás por volver a ser de vos, ya no más mío.

Me habías cautivado con tus aires intrigantes, pero luego se opacó por conclusiones agobiantes.
Me acostumbré a tus gestos, tus mentiras y verdades.
Me acostumbré a no hablarte un rato y después abrazarte.

Ahora que te vas, volves a tener ese brillo.
El mismo que ahora me mata porque se despide de mi sin ningún albedrío.
Y mira que caprichos tuve muchos contigo, pero tu luz de hoy no quiere cumplir más mis "te pido".