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jueves, 10 de noviembre de 2016

Amor, según la actualidad

Acá nos tienen. Midiendo la atención en "me gusta", calculando la importancia dependiendo de los minutos en los que tardan en contestarnos un mensaje privado en Facebook, Twitter, Instagram o un simple Whatsapp. Asegurando una molestia que el otro puede llegar a sentir porque los tildes pasaron de ser grises a azules y su "en línea" pasó a ser un registro de su última conexión. Y ahí te asustas, porque ¿qué está haciendo que no contesta? Ya está, se enojó. Y te pones a repasar todo lo que pasó a ver qué pudo haberle molestado. Toda esta crisis puede durar dos minutos, el tiempo que tardó la otra persona en, tal vez, ir a buscarse una taza de café. Porque somos enfermos, adictos a la tecnología. Me incluyo.
Llegamos al punto de fastidiarnos porque la otra persona no contesta rápidamente, mientras que del otro lado quizás es lo mejor que puede hacer. Soltar el teléfono y charlar, como se hacía a la antigua. Bah... como debería seguir pasando. Intercambiamos palabras por ruido de tecla.
Que si sube foto con vos, que si te dedica alguna publicación. Tu estado en las redes sociales dice que estas mal ¿qué hace que no te pregunta cómo estas?
Es realmente triste lo dependientes que estamos de todo esto. La cabeza siempre va más allá de la realidad y la tecnología la hace tomar ventaja en eso. Se vuelve realmente neurótico.
Usamos todo esto para buscar atención porque nos aterra que nos olviden. Queres tener a todos en las redes para que vean cómo estas, qué te pasa... porque no te animas a hablarles. Porque "no da" hablarle a aquellas personas que fueron importantes y te ayudaron en varias ocasiones y ya no están en tu día a día.
Si te hablan ellos sentís una leve victoria porque no tuviste que "perder tu orgullo". Realmente ridículo.
Es un llamado desesperado, el 'te extraño' indirecto más grande que puedas imaginar.
Al fin y al cabo, usamos las redes sociales para demostrar cómo queremos estar realmente: felices, saliendo siempre, sin preocupaciones. ¿Y mientras tanto? Revisas si te llegó algún Whatsapp, algún me gusta en Twitter, Facebook o Instagram.
Estamos desesperados por atención. Somos cobardes, a tal punto de contarle a casi todo tu círculo social lo que en realidad querías contarle a una sola persona. Que lo vea y sepa de vos, ya que no te pregunta.
Es triste, sí. Espero que tengan oportunidad de comparar cómo se sienten en una charla sentados en el pasto sin prestarle atención al teléfono, y cómo se sienten mientras hablan vía red social.
Yo noté que hablando atrás de una pantalla estoy más pendiente de cuánto tarda en contestarme, que lo que me está contando. Y yo prefiero disfrutar ojos entusiastas o tristes en medio de la historia que depender de una señal telefónica. Nadie nos va a devolver esas ganas de abrazar cuando se te largaron a llorar por teléfono y dabas todo por estar al lado para ofrecer contención.
Vernos más y escribir menos.