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lunes, 30 de diciembre de 2019

Andaba en otra, al parecer en la misma que vos.

- 19/09/19 -


Iba a empezar a escribir este texto como empiezo los demás, planteando hipótesis sobre cómo  nos tomamos las relaciones. Casi todos mis escritos son de amor y desamor, yo juro que intenté escribir sobre otras cosas pero hay algo del tema que me tiene cautiva y parece ser que, con el pasar de los años, incrementa esa ambición por conocer de qué se trata. Nadie sabe ni sabrá de qué se trata. Sólo sienten algo en el pecho que no pueden explicar.

El amor después del amor.
Convencida de no volver a enamorarme, no porque no quisiera, sino porque estaba segura de que no iba a poder. La última relación que tuve había sido la más intensa de todas y el querer después de un amor así de fuerte cambia completamente. No sabría decirles si para mejor o peor, pero definitivamente cambia.

Dos años tardé en superar esa despedida. Me atormenté preguntándole a la nada misma (o al todo) qué había pasado, por qué "no fui suficiente", qué me había faltado... No quería saber más nada.
Supe que algo había cambiado luego de que, casi pasados los dos años, acepté el amor que le tenía y acepté, también, que nunca iba a dejar de quererlo.
Aceptar me trajo a la superación sin querer y fue ese mismo momento donde sentí paz, me sentí liberada porque ya no había ningún sentimiento negativo que me retrajera de disfrutar todas las cosas que me pasaban.
Tuve miedo de estar mintiéndome otra vez y a los pocos días volver a caer en el juego de las mil preguntas al destino, pero no pasó más y esa historia, por fin, pudo tener un cierre digno. Y ese cierre se lo dí yo, como tanto anhelé.

Uno nunca sabe qué va a ser de la vida de uno mismo dentro de dos años. O dos meses. Dos días o dos horas. Todo es impredecible.

Embelesada en toda esa distracción me pasaste vos.

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